Átomos para la paz: lo siniestro y lo corrupto como legado a la Humanidad

Este ha sido el mayor fraude y engaño que se ha podido perpetrar contra los seres humanos

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Basura radioactiva.

“No sé cuántos artículos y columnas llevo escritos sobre el tema más siniestro que la sociedad capitalista ha legado a la humanidad desde mediados del siglo pasado», le digo a mi gato, que ronronea al calor de la estufa con su indiferencia habitual. No hay otro tema que ponga de manifiesto de una forma más clara hasta dónde puede llegar el absurdo y la temeridad de los científicos y los políticos que, en perfecto maridaje, pusieron en marcha la creación de un programa de centrales nucleares por todo el mundo.

El autor, con su gato Jimy
El autor, con su gato Jimy

Los “átomos para la paz” han sido el mayor fraude y el mayor engaño que se ha podido perpetrar contra la humanidad, y para su desarrollo tuvieron que doblar la cerviz y colaborar de forma corrupta no solo los gobiernos y los principales medios de comunicación, sino un arsenal de entidades de todo tipo, que colaboraron con fervor en el proceso de lo que sería “la energía más limpia y segura de la humanidad”. Poco importó que algunos miembros de la comunidad científica advirtieran de sus peligros, y que el movimiento antinuclear se fuera extendiendo por todas partes, denunciando los fallos, incidentes y accidentes que se producían por doquier. Cantidades ingentes de dinero tapaban la voz de estas minorías críticas, al tiempo que se extendía de la forma más corrupta que imaginarse pueda la construcción de centrales nucleares, incluso en países dictatoriales, sin la menor garantía sobre el control de una tecnología de tan altísimo riesgo.


Los científicos y los políticos, en perfecto maridaje, pusieron en marcha la creación de un programa de centrales nucleares por todo el mundo.


«Esa historia ya te la he oído muchas veces», parece decirme el Jimy con cierta altivez. «Sí», me digo para mis adentros, pero se trata de un asunto que marcó mi vida para siempre, y sobre el que no hemos tenido a un Vázquez Montalbán o a un John Le Carré que, con el humor y el arte de la novela negra, convirtieran esta historia que ahora tiene que enfrentarse a una nueva etapa -tan imposible como corrupta de nuevo-, en un relato que deje bien claro, sobre todo a las nuevas generaciones, hasta dónde puede llegar la imbecilidad humana. Me estoy refiriendo al tratamiento de unos residuos radiactivos de alta actividad en los que aquellos lumbreras de la ciencia y la política no habían pensado, y que ahora serán la pesadilla y el gran fantasma de esa crónica macabra para la humanidad.

RESIDUOS Y TINIEBLAS

En El País, que tantas veces encubrió aquel hecho corrupto y se alió con el “progreso que suponía aquel modelo energético”, apareció hace pocos días un artículo titulado “Residuos entre tinieblas”, donde se analiza con brevedad el viacrucis que nos espera.


Los residuos radiactivos de alta actividad serán ahora la pesadilla y el gran fantasma de esta crónica macabra para la humanidad.


El Almacén Temporal Centralizado (ATC), proyectado con la temeridad habitual de esa ingeniería de la vergüenza, en un suelo (Villar de Cañas) que ni siquiera habían estudiado con rigor, se ha ido al carajo gracias a la oposición de la Junta de Comunidades de Castilla La Mancha y a los ecologistas, que, en este caso, han demostrado buen criterio, a pesar de no dar quienes debieran las explicaciones oportunas al respecto.

Para seguir con el oscurantismo que caracterizó siempre a este sector, seguimos sin saber si se mantiene el modelo de depósito único o tienen más posibilidades los llamados ATAI (Almacén Temporal Autónomo Individualizado). Así, se construiría un silo cerca de cada central, con un espacio más amplio que el de las piscinas actuales, que dispondría de mejores condiciones para abrir los contenedores en caso de avería. El asunto es que el primer modelo (ATAC) -sobre el que siguen sin decir qué van a hacer-vale unos 4.200 millones de euros; y el segundo (ATAI), para el horizonte 2018-2077, vale unos 6.200 millones. A ver quién es el guapo que se atreve a hacer predicciones para el próximo medio siglo, o el que averigua cuál va a ser el paleo real de millones que va a producirse, aparte de que nos instalen uno de estos inventos en Extremadura para que guardemos aquí la basura nuclear que han generado los que nos colocaron Almaraz, se llevaron los beneficios a otra parte y nos dejaron con el fantasma de un problema para el que no tienen solución.

Para terminar por hoy, le digo a mi gato que dicen las malas lenguas que las cifras de dinero necesarias para este desaguisado son desorbitadas, sin contar las del coste del desmantelamiento de las centrales nucleares. En la Empresa Nacional de Residuos (Enresa) ya se están preparando para trocear y repartir ese pastel. Con su mirada perdida, y mirándome por el rabillo del ojo, el Jimy parece decirme: «Pues qué te creías, chaval, la zorra cambia de pelo, pero no de costumbres».

(Juan Serna Martín, exconsejero de la Junta de Extremadura, es un destacado intelectual y activista medioambiental, escritor y columnista)

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