miércoles, 5 octubre, 2022
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Festival de Mérida 2022: flojo en contenido grecolatino y con casi un 30% menos de espectadores

El Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida 2022, en su 68 edición, no ha sido tan problemático como los de 2020 y 2021, afectados por las restricciones que imponía la pandemia y por los varios conflictos que dejaron mucho que desear, ante las pruebas de incompetencia sufridas por el evento, forzado y chapucero, tanto en la organización como en la propuesta y resultado artístico/cultural. Pero tampoco ha mejorado, a pesar de darse ya en una situación de normalidad y, por si fuera poco, la afluencia de público ha descendido en casi 30.000 espectadores.

José Manuel Villafaina Muñoz.
José Manuel Villafaina Muñoz.

Mérida, Extremadura.-

El Festival de 2021 pasará a la historia por el conflicto acarreado por parte de la Junta extremeña, que adjudicó la continuidad en la dirección del Festival a la empresa Pentación (del vasco/madrileño Jesús Cimarro), por medio de un “concurso” de planteamiento ambiguo -que ocasionó polémicas y acarreó un litigio con otra empresa teatral participante- y que trajo como perjudicial consecuencia que el evento –que costaba un dineral- no tuviese luz verde hasta un mes antes para formalizar una programación.

El Festival de este año, que para su organización ha recuperado su duración normalizada, la ocupación total de los asientos del público y que ha tenido tiempo suficiente para elegir y montar los espectáculos, no ha mejorado. Del cuantioso presupuesto gastado sólo ha sido valiosa la inclusión de algunas actividades adicionales (la programación alternativa en el restaurado Teatro María Luisa), pero en las primordiales, que son las representaciones en el Teatro Romano, ha seguido decepcionando: la edición ha resultado floja en contenido grecolatino y con menos asistencia de público.


El Festival ha perdido casi 30.000 espectadores en los últimos tres años.


Un resultado, por tanto, distinto a como lo dibuja el informe del director Cimarro (y que apoyan Fernández Vara, presidente de la Junta y del Patronato, y su consejera de Cultura) tras clausurarse el evento, con el mismo triunfalismo y aire de suficiencia sin pudor habituales, que levantan las desconfianzas de siempre, expresando que la edición ha cumplido con el objetivo propuesto de “hacer felices a la gente proporcionando una oferta de cultura y ocio de calidad”, en las interesadas y teatralizadas ruedas de prensa, que no se reducen sólo a la calidad de los espectáculos, sino también a otros engañabobos, como los maquillajes del número de asistencia de público o a las arbitrariedades del presunto impacto mediático. Tejemanejes del empresario teatral vasco-madrileño, trampeados de variadas maneras, que no podemos dejar en el tintero quienes conocemos el Festival con implicación en muchas de sus facetas, antes y después de sus inicios en 1984, cuando se crea con unas preceptivas de teatro grecolatino el Patronato extremeño (al que pertenecí en una época).

HA FALLADO OTRA VEZ

El Festival ha fallado, una vez más, por su incompetencia en la valoración del hecho dramático grecolatino. De los nueve espectáculos representados en el Teatro Romano sólo tres fueron versiones de grandes comedias clásicas o de adecuadas creaciones actuales de contenido grecolatino –“Miles Gloriosus”, “El aroma de Roma” y “La tumba de Antígona”- y que cosecharon más o menos éxito artístico. Los otros seis fueron confusas temáticas “grecolatinas” de nueva creación y de mediocridad artística. Uno de ellos, “De Sherehezade”, de María Pagés, fue un bolo de baile y cante flamenco basado en los Cuentos de las mil y una noches. ¿Qué tienen que ver esos cuentos tradicionales del Oriente Medio con los procesos de creación, expresión, comunicación y recepción de este Festival? Esos seis espectáculos desorientan en la programación y –como he dicho en otras ocasiones- alejan al Festival del mundo clásico grecolatino que es su seña de identidad.


De los 104.478 espectadores que tuvo el Festival en 2019 se ha bajado a los 74.673 este año.


En cuanto a la asistencia de público al Teatro Romano, para hacer ver la mentira, nada más hay que comparar las cifras que Cimarro aportó en las ruedas de prensa de ediciones anteriores con las de este año. En 2019 (sin pandemia) asistieron 104.478 espectadores. En 2021 (con pandemia y al 75% del aforo) asistieron 81.000. Este año de 2022 han asistido 74.673. Lo cual quiere decir que el Festival desde hace tres años ha perdido 29.805 espectadores, es decir, un 28,5% menos. Esto supone un considerable fracaso.

Tengo que decir también que la programación alternativa del Teatro María Luisa, con sus cinco espectáculos –“Penélope”, “Antígona”, “Numancia”, “Las bingueras de Eurípides” y “¡Qué salga Aristófanes!”- de mediano formato y de tema grecolatino, ha sido superior en calidad a la programación del Teatro Romano. Lo cual hace pensar que el Festival prioritario todavía está lejos de un verdadero interés de sus patronos y organizadores por promover esa gran fiesta de la grecolatinidad, que distinga al evento por la originalidad y la calidad y lo eleve por encima de los grandes festivales.

Julio César. JUNTAEX
Julio César. JUNTAEX

JULIO CESAR UNA VERSIÓN QUE ACUCHILLA A SHAKESPEARE

De Argentina nos llegó el bolo “Julio Cesar” de Shakespeare, producción del Complejo Teatral Buenos Aires, debutante en Mérida. La versión revela la utilización de Shakespeare y de su texto, dándose licencias en donde todo se complejiza sobre el contexto histórico del personaje de Cesar y su entorno, planteados en forma de escritura y de estética ligera. Casi nada tiene ver con la obra inglesa. Claramente, esta versión acuchilla a Shakespeare como en la obra se acuchilla a Cesar. No hay propuestas claras más allá de una indigestión de esa tendencia rompedora –y diría que bastante comercial- que ha estado en la intención del autor/director. Todo un gazpacho teatral guiado por cierto clima moderno de la tecnología en donde el texto original, irreconocible, se desvaloriza o degrada. En el montaje, José M. Muscari, que maneja bien los cánones dramáticos hueros abiertos a esas múltiples interpretaciones que idiotizan a quienes no saben distinguir la oscura frontera entre el arte y la gilipollez, exhibe un atractivo abanico de recursos que arropan la enrevesada versión (pretenciosa de ser un gran show multimediatico atravesado por la era de la comunicación, el audiovisual y la traducción). En la interpretación, se nota la presencia de un buen elenco encabezado por Moria Casán (actriz conocida, que encarna la figura de Cesar), todos con oficio y con desenvoltura en la metamorfosis de sus roles. Aunque en los personajes femeninos representados por hombres se observaron ciertos clichés caricaturescos que rozaban lo grotesco. Al público desde el principio le costaba mucho entender las mutaciones.

SAFO, CON ALTIBAJOS DRAMATÚRGICOS Y ESTÉTICOS

El Teatre Romea y Grec estrenó un texto de María Folguera que evoca a la Safo poeta a través de lo imaginado, proyectado y especulado por investigadores a lo largo de los siglos. En la trama, con fragmentos escogidos de sus versos y canciones, resalta el mundo femenino que conecta el erotismo y el amor libre. Pero la mirada crítica es escasa en el diálogo con el pasado. El enfoque no es el de una obra “rompedora” como se pretende, sino el de algo muy simplón –poco ingenioso, nada gracioso- que parece sacado de la información de Safo en Wikipedia. El montaje armoniza una arquitectura dramática de los relatos, buscando la función como un poema escénico musical (donde resalta la voz de Cristina Rosenvinge) y visual, que se salda con altibajos de calidad. En determinadas acciones se dan singulares imágenes, arropadas por una luminotecnia creativa y un vestuario exuberante (de Pier Paolo Álvaro), aunque el que mejor luce es el de los atractivos cuerpos desnudos de los personajes (como bellos cuadros pictóricos). En contra, aparecen rellenos poco imaginativos, a los que les faltó ese ritmo equilibrado que hace que no sea pesada por momentos. Pero lo más bochornoso fue el pegote escenográfico que utilizan de una reproducción del monumento romano en pequeño (cubierto con telas al estilo del artista Christo), dando a entender que Safo es un monumento que ha estado escondido mucho tiempo como lo estuvo el teatro, justificación ridícula que nadie entiende. Con un reparto de ocho atractivas mujeres, hubo desigualdad interpretativa en el desdoblamiento de sus varios roles de cantantes y bailarinas.

Minerva. JUNTAEX
Minerva. JUNTAEX

MINERVA, LA VIDA DE UNA ROMANA INGENIADA

Samarkanda Teatro estrenó “Minerva” de Assumpta Serna que no fue una obra clásica ni de nueva creación que alumbrase realmente hechos y personajes grecolatinos. Ambientada en la antigua Roma (Siglo I) sólo trata hechos y personajes inventados. Por lo que marca una línea errónea en el Festival. En lo pretendido, refleja la eterna ansia del autor primerizo que toca muchos temas sin profundizar ni debatir debidamente. El argumento trata la ingeniada historia melodramática de una madre romana amorosa con su familia y defensora “estoica” de injusticias. Pero es una historia simplona, poco creíble, tal vez porque su personificado buenismo no encaja en la Roma truculenta, de esplendor, crueldad, espectáculo y libertinaje de aquel Siglo I. La vida de sus personajes, está escrita con cuantiosas suposiciones y afirmaciones gratuitas que provocan confusión histórica. El montaje de Scott Cleverdon aplica bien los componentes escenotécnicos pero no la dirección de actores y el ritmo –decadente a lo largo de 2 horas- que, salvando una genial escena cómica de teatro en el teatro, resultó pesado. En la interpretación, Assumpta Serna (Minerva) no convenció. Acusó falta de organicidad en movimientos y voz. La actriz destacada fue Sara Jiménez, en su rol dramático y cómico, desplegando una energía precisa y un empuje indómito propio de una joven que progresa. En el lado masculino se lucieron Fermín Núñez (en un monólogo) y Juan C. Castillejo y Francis J. Quirós desdoblándose en varios personajes con muchos recursos histriónicos. Los demás, mayormente debutantes, cumplieron discretamente sus roles.

EL MISÁNTROPO, UN MELODRAMA CÓMICO LIGERO

Teatro La Zona estrenó una versión de Carol López (directora también) y Xus de la Cruz que apenas respeta el contenido y la forma del comediógrafo Menandro. El texto del griego sufre muchas variaciones en el argumento y personajes, creando diálogos, donde –por ejemplo- tienen mucho protagonismo La Muchacha, hija del misántropo, con sus arengas feministas (metidas con calzador) que contradicen la función de la mujer en la sociedad ateniense. Pretenciosa de modernidad, está cargada de expresiones actuales (muchas en boca de labriegos van de humoradas “cultas”) y recargada de anacronismos (mayormente insulsos) y de “apartes” (explicaciones de los personajes) que en su mezcla confunden más que aclaran. De todo ello, lo singular es un juego “pirandeliano” de teatro en el teatro sugerido. El montaje es de una comedia convencional actual, que incluye canciones adaptadas y músicas pegadizas, tratando de dar carácter festivo y popular. Llamó la atención la escenografía, confusa y muy fea, con unas ridículas sillas a un lado y otro del monumento (destinadas a los actores en sus descansos). Las acciones, que se despliegan en el centro del teatro romano, cubierto de jaramagos y amapolas, resultan desajustadas de ritmo en varias situaciones de actuación. El espectáculo no va más allá de su condición de melodrama cómico ligero. En la interpretación, todos cumplen más o menos correctamente, estando mejor en sus números musicales. Destacó María Ordoñez (La muchacha), un terremoto con mucho humor en sus argüidos discursos feministas reivindicativos.

ARIADNA, SÓLO AL HILO DEL TACONEO FLAMENCO

Un bolo de nueva creación de la compañía de Rafaela Carrasco, pretencioso de grecolatinidad que se estrenó hace dos años en Jerez de la Frontera y ha recorrido otros muchos lugares. Esta versión del mito de Ariadna es de Álvaro Tato, que ha compuesto los textos de las coplas flamencas y la narración en off del actor Carmelo Gómez. Textos poéticos inspirados en la versión de Hesíodo y en otras fuentes de mitólogos que cuentan la hazaña de Teseo y de la joven Ariadna, la cual forma parte del prolífico acervo de la mitología griega y que ilustra conceptos como el desafío, la entrega amorosa y la decepción. En la función coreografiada e interpretada por Rafaela Carrasco, sin embargo, una vez más se da el caso donde la recreación artística del mito, manifestada en el programa de mano y entrevistas, no se saben expresar con claridad sobre el escenario. En el montaje, carente de una estructura dramática en la que no están los personajes del mito, todo resulta ininteligible para muchos espectadores que terminan perdiendo el hilo conductor de un tema para ellos desconocido. Los clásicos no son fáciles de fusionar y menos con el flamenco. El experimento de esta Ariadna ha estado más al hilo de un estético y espectacular taconeo, donde Rafaela Carrasco produjo una catarsis orgánica derrochando su prodigiosa energía, por donde parece manifestarse sin descifrar ese duende o espíritu de sus raíces andaluzas. Y con ella cuatro bailarines brillantes que le dan la réplica artística, complementada por un buen cuadro flamenco en el cante y en la guitarra. Los palos flamencos en pleno e intenso diálogo.

Miles gloriosus. JUNTAEX
Miles gloriosus. JUNTAEX

MILES GLORIOSUS, HILARANTE COMEDIA FÁRSICA BIEN REPRESENTADA

Arequipa Producciones estrenó esta obra, la más popular de Plauto. La trama gira alrededor de un falso héroe de quien todos se burlan arteramente, empezando por su astuto esclavo que le engaña y le da un buen escarmiento. Dramáticamente es una interesante comedia fársica que exalta los vicios del protagonista para mofarse y hacer la crítica sin llegar al escarnio. Antonio Prieto realiza una valiosa versión con cambios formales para que la obra clásica sea legible en el lenguaje actual. Y aunque el tema de la estupidez del militar no está tratado con profundidad, en su traslación del lenguaje no le faltan apuntes ingeniosos y observaciones agudas sobre la condición humana del personaje fanfarrón, que termina redimido para el logro de un final feliz de la comedia. El montaje de Pep Antón Gómez es inspirado y alegre desde el inicio hasta el final. La parte escenotécnica y la dirección del elenco están tratados acertadamente con una plástica caricaturesca dinámica, propia de la comedia fársica (equilibrada tanto en las partes dramáticas como en las partes musicales/cantadas). En la actuación, todo el elenco respondió transmitiendo el humor en sus frases y en los gags que pasan trepidantes por situaciones de enredos y equívocos. Destacó Carlos Sobera, interpretando, cantando e interactuando con el público, valiéndose de un espíritu juguetón de gestos y movimientos salpicados de sorpresas y guiños graciosos bien originales (en su rol del fanfarrón). También, no menos espléndidos están Ángel Pardo (el esclavo) y Elisa Matilla, ambos muy dinámicos, dando cuerda hilarante a la función con su complicidad en los embrollos.

El aroma de Roma. JUNTAEX
El aroma de Roma. JUNTAEX

EL AROMA DE ROMA, INGENIOSO Y ANIMADO MUSICAL

Por la compañía del mismo nombre que la obra, se estrenó este ingenioso y animado musical de nueva creación ambientado en la época romana de Nerón. El libreto, bromista y de enredo simpático, plantea un abanico sugerente de temas –sobre humanos, semidioses y dioses- en una trama fantástica fruto de un gran libreto de F. Lancha y S. Lancha, en donde las ocurrentes canciones –que predominan más que las acciones dramáticas- son las que narran, con cierto contenido metafórico de interés bien intencionado, las aventuras y desventuras de un bailarín/gladiador que se la juega rechazando la violencia y muerte de los gladiadores. Un trabajo hilvanado con buena dosis de creatividad paródica, satírica y del sentido del humor (como el del actor Javier Canales), bajo la dirección de Woody Aragón que lo lleva a buen puerto al estilo de los musicales de Broadway. En el montaje, potente y ágil con un elenco de artistas capaces de dominar muchos estilos, la imagen, la interpretación y la música coexisten en una comunión perfecta logrando un cóctel artístico -transcurrido en dos horas y media- en el que se sirve acción, diversión y espectacularidad. Destaca la escenografía de David Pizarro en armonía con la grandiosidad del incomparable marco. Y las coreografías de Sonia Dorado, imprimiendo variedad de ritmos de eficaz estética, que recorren el espacio con dinamismo, contribuyendo a que el espectáculo produjera un disfrute visual de atmósfera festiva. En la actuación, todos destacan de forma coral desplegando sus energías corporales llamativas de cantantes-actores-bailarines.

La tumba de Antígona. JUNTAEX
La tumba de Antígona. JUNTAEX

LA TUMBA DE ANTÍGONA, ESPECTÁCULO COMPLEJO PERO BELLO

Karlik Teatro/Danza estrenó esta obra de María Zambrano, que recrea el mito de la tragedia de Sófocles. Un texto, de nueva creación –que empieza donde termina la obra del griego- donde Zambrano ve la encarnación de su propia época, reprimida por la guerra civil y el ulterior exilio. La versión esmerada de Nieves Rodríguez (experta autora teatral, divulgadora de la obra de la malagueña) disminuye sutilmente la carga simbólica del texto, suprime o reduce algunas escenas que resultan algo densas y agranda propiciamente otras, todo para el perfecto acomodo en el montaje de teatro/danza dirigido por Cristina D. Silveira, que aporta significativas coreografías y cuadros expresionistas para un desciframiento visual de la simbología del texto. Silveira maneja tanto el escenario romano, donde se produce el singular juego de teatro/danza, como la orchestra, lugar donde sitúa los monólogos y escenas de la Antígona emparedada. Si bien, el resultado no llegó a ser suficientemente claro para el público que desconoce el mito (por la compleja integración de lo que se veía en uno y otro escenario). Destaca la utilización del espacio romano (de Amaya Cortaire) y la luminotecnia de efectos bellísimos (de Fran Cordero). En las actuaciones, el trabajo fue riguroso en los participantes, con un buen nivel de oficio en sus roles dramáticos y vitalistas de danza casi a la perfección (destacando la creatividad atlética de Simón Ferrero). La actuación de Ana García (Antígona) caracterizada por una calculada naturalidad es laboriosa y digna, pero le faltó conformar mejor el tono grave y elevado del arte trágico profundo, intenso, racional.

LO MEJOR DE LA 68ª EDICIÓN

Este crítico, que ha asistido a todos los estrenos, valorando los mejores trabajos artísticos de los espectáculos en esta 68 edición del Festival, cree que merecen una CORONA DE HIEDRA y PLACA DE BRONCE (sencillo reconocimiento que se otorgaba en los certámenes teatrales de las Grandes Dionisias griegas) los siguientes:

Mejor espectáculo tragedia: LA TUMBA DE ANTÍGONA, de la compañía Karlik Teatro/danza.

Mejor espectáculo comedia: MILES GLORIOSUS, de la compañía Arequipa Producciones.

Mejor versión tragedia: NIEVES RODRÍGUEZ (en colaboración con Cristina D. Silveira), por La tumba de Antígona de María Zambrano.

Mejor Versión Comedia: ANTONIO PRIETO, por “Miles Gloriosus” de Plauto

Mejor dirección Tragedia: DESIERTO.

Mejor dirección Comedia: PEP ANTÓN GÓMEZ, por “Miles Gloriosus” de Plauto

Mejor Actor Protagonista Tragedia: DESIERTO.

Mejor Actriz Protagonista Tragedia: DESIERTO.

Mejor Actor Protagonista Comedia: CARLOS SOBERA/ÁNGEL PARDO (compartido), por “Miles Gloriosus” de Plauto.

Mejor Actriz Protagonista Comedia: ELISA MATILLA, por “Miles Gloriosus” de Plauto.

Mejor Actor de Reparto Comedia: JAVIER CANALES, por “El aroma de Roma” (musical) de Woody Aragón, Fernando Lancha y Santiago Lancha.

Mejor Actriz de Reparto Tragedia: SARA JIMENEZ, por “Minerva” de Assumpta Serna/Scott Cleverdon.

Mejor Actor de Reparto Tragedia: SIMÓN FERRERO, por “La tumba de Antígona” de María Zambrano.

Mejor Actriz de Reparto Comedia: MARÍA ORDOÑEZ, por “El misántropo” de Menandro.

Mejor escenografía: DAVID PIZARRO, por “El aroma de Roma” (musical) de Woody Aragón, Fernando Lancha y Santiago Lancha.

Mejor utilización espacio escénico: AMAYA CORTAIRE/CRISTINA D. SILVEIRA, por “La tumba de Antígona”.

Mejor iluminación: FRAN CORDERO, por “La tumba de Antígona” de María Zambrano.

Mejor vestuario y caracterización: PIER PAOLO ÁLVARO, por “Safo” de María Folguera/Marta Pazos/Christina Rosenvinge.

Mejor música y canciones: CHRISTINA ROSENVINGE, por “Safo” de María Folguera/Marta Pazos/Christina Rosenvinge.

Mejor coreografía: SONIA DORADO, por El aroma de Roma” (musical) de Woody Aragón, Fernando Lancha y Santiago Lancha.

(José Manuel Villafaina Muñoz es licenciado en Arte Dramático, actor, director, autor, profesor y crítico teatral, con una trayectoria profesional de más de 50 años).

SOBRE EL AUTOR

José Manuel Villafaina, un profesional integral del teatro, nuevo colaborador de PROPRONews

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