El gran fiasco de Florentino

Un grave error de cálculo lleva al empresario a la situación más comprometida y ridícula de su carrera

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Un imperdonable error de cálculo. RTVE
Un imperdonable error de cálculo. RTVE

El ridículo ha sido mundial. Nadie se explica en el mundo del fútbol ni en el de la empresa que Florentino Pérez, alma y cabeza de esa Superliga abortada antes de nacer, no tuviera atados todos los detalles y hechas todas las previsiones. Nadie se explica que Florentino no hubiese sabido anticipar que chocaría contra un muro infranqueable formado por los gobiernos, las instituciones del fútbol, las aficiones, las plantillas y los demás clubes. Cegado por las apriorísticas cuentas de lo que se iba a ganar, no se dio cuenta de que no solo no lo ganaría, sino que, además, se dejaría girones de su prestigio como empresario y gestor, y sería autor y víctima del mayor fiasco de la historia del fútbol.

Madrid.-

Las cosas empezaron a torcerse en cuanto las federaciones nacionales e internacionales de fútbol empezaron a decir que no, apoyadas por los gobiernos de los países afectados. El anuncio a bombo y platillo de la creación de una Superliga integrada exclusivamente por una docena de clubes supermillonarios (varios de ellos, al borde de la ruina), que se atribuían además la prepotente potestad de invitar a otros ocho a participar, fue prematuro y fallido. Una cosa así tiene que negociarse primero con las instituciones y las masas sociales de las que se depende, acordar un formato que no chirríe tanto, y presentarlo al mundo de forma acertada, humilde y clara. Pero nada de esto ha ocurrido. Al contrario, parece que el proyecto hubiese estado encabezado por unos cabezas de chorlito, y asesorado por unos chisgarabís de la comunicación.

Un club herido en su economía y en su amor propio. PROPRONews
Un club herido en su economía y en su amor propio. PROPRONews

Lo primero, además de la unilateralidad prepotente con que esos clubes millonarios creyeron que arrasarían, y además de la ausencia de conexión, por arriba, con instituciones futbolísticas y gobiernos y, por abajo, con plantillas y aficiones -dos errores de cálculo imperdonables en señores a los que se presume experiencia y éxito en los negocios (seguramente si los clubes estuviesen presididos por mujeres y no por machos alfa la cosa hubiese sido muy distinta)-, fue poner el dinero como excusa suprema del dislate.


Una cosa así tiene que negociarse primero con las instituciones y las masas sociales de las que se depende


Por boca de Florentino y de otros mosqueteros del desastre, las aficiones pudieron conocer que lo que les movía en primer lugar era la guita, la pasta, el dinero. Y como una lechera irresponsable -que no sé por qué ése no es “el cuento del lechero”, dado que ellas (nosotras) suelen (solemos) ser mejores administradoras, más prudentes y precavidas-, empezaron a manejar cifras de miles de millones de euros a repartirse entre ellos, claro, sin dar cuentas a nadie; una riqueza con la que saldrían de la ruina los que lo están -por ejemplo, el Barça-, pagarían deudas multimillonarias -por ejemplo, el Real Madrid, con su galáctico nuevo estadio Bernabéu-, y vivirían un futuro brillante de a lo tío Gilito. Un disparate.

La obra colosal del Bernabéu necesita una financiación extraordinaria. PROPRONews
La obra colosal del Bernabéu necesita una financiación extraordinaria. PROPRONews

DESCABELLADO PROYECTO

Pero, además de todo esto, el descabellado proyecto partía con una enorme vía de agua que estos señores tan listos no supieron ver y que ha conducido directamente al hundimiento apenas 48 después del anuncio. Y es que esta iniciativa se cargaba el deporte primando solo el negocio, destruía el concepto de mérito, acababa con el alma del fútbol y era una ofensa a las aficiones, a las suyas y a las de los demás clubes. Por eso, y por muchas cosas más, un engendro así no podía prosperar.


Ha faltado conexión, por arriba, con instituciones futbolísticas y gobiernos y, por abajo, con plantillas y aficiones.


La cosa era tan descabellada como que Eurovisión se convirtiese en un concurso solo para estrellas de la ópera; que las competiciones tenísticas las organizasen Djokovik, Nadal, Federer, Mevdevev y Thiem para ellos solos; o que los Oscar solo pudiesen organizarlos y presentarse los que ya hubiesen ganado el premio. Un disparate.

Hoy, Florentino Pérez, ridiculizado incluso por la prensa más afín, se lame las heridas después de la traición de los clubes ingleses y de la probable deserción de otros de los que aún quedan, que seguramente no tardará en llegar. Los seis cabezones -Madrid, Atlético, Barça, Inter de Milán, Milán y Juventus- insisten en seguir adelante, sin darse cuenta de que el proyecto ha fracasado y carece de viabilidad, al no contar con el apoyo de las instituciones ni de las aficiones. La solución al problema del fútbol y al de la ruina que viven la mayoría de los clubes, a causa del derroche irresponsable de años anteriores, agravada ahora por la pandemia del coronavirus, no es ni puede ser esta.

(Elia de Ros es periodista, con décadas de experiencia profesional en diferentes medios de prensa, radio y TV).

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