Llamadme nostálgica…

...y puede ser, aunque no estoy segura que ese concepto defina lo que he sentido, lo que siento, con la prohibición del ayuntamiento madrileño a la actuación de Pedro y Luis Pastor

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La periodista, con su perro Killer
La periodista, con su perro Killer

Todo esto me recuerda al pleistoceno, cuando yo era muy joven y llegué a Madrid, donde en algunos bares se cocía de forma deliciosa, y casi clandestina, el gusto por los recitales de los cantautores.

He de decirlo, Luis Pastor era mi favorito (siempre detrás de Hilario Camacho, eso sí, aunque Hilario era de otro planeta).

Sentía debilidad por Luis Pastor porque sus versos eran rotundos y temerarios, pero destilaban un optimismo que no le veía a otro adorado, Pablo Guerrero.

Y luego estaban los de La Mandrágora, que yo creía que el que me gustaba era Sabina, y un buen día descubrí que no. Fue años más tarde, cuando Joaquín Sabina era muy famoso. Actuó en Badajoz. Yo entonces ejercía de becaria por allí (en la Cope, uff), y fui a entrevistarle. Por hacerme la simpática le comenté antes de empezar:

– A mí me gustas mucho. Iba a escucharte a La Mandrágora, mi canción preferida era Un burdo rumor.

Y él contesta:

– Esa no era mía, es de Javier Krahe.

Debí callarme prudentemente, porque yo solo conocía La Mandrágora de oídas, pero insistí:

– Y también Un santo varón, es chula.

Esa la cantaba Alberto Pérez, escupió lacónico.

Y yo empeñada:

– Bueno, pues Villatripas tampoco está mal (y eso que no me gustaba un pelo).

Él, ya con la ceja en lo alto de la coronilla, me miraba cada vez con más desprecio… Y hasta aquí puedo contar, el piadoso olvido mantiene oculto el desenlace. No fue la entrevista de mi vida, obvio.

PROHIBICIONES Y FRANQUISMO

El caso es que tuve dotes de bruja, porque ahora Sabina me cae fatal. Un poeta como la copa de un pino, el rey de la rima consonante, que decía Fito Páez, pero defiende las corridas de toros, y en las entrevistas dice bastantes tonterías; claro que, a lo mejor, le entrevistan periodistas tan inoportunos como yo, puede ser.


Una cosa eran los coletazos del franquismo, y otra este franquismo renacido y espabilado de rezos, partos, mili y repollo.


A lo que iba, que eso de prohibir actuaciones, no solo la de Luis, también Def con Dos, Rozalem y hasta Maluma (algún día hablaré de este asunto, que va por otros derroteros), a mí me conjura reminiscencias de juventud rebelde, pero ahora no lo veo de recibo.

Una cosa eran los coletazos del franquismo, y otra este franquismo renacido y espabilado que nos quiere poner a rezar a los niños, a parir a las mujeres (en los dos sentidos del término), a hacer la mili a los hombres y a retornar a una época en la que España parecía oler a calcetines sucios y a repollo.

A lo mejor cuando salga este artículo, en el ayuntamiento de Madrid se han arrepentido de la metedura de pata (que la marcha atrás siempre ha sido una práctica de la España rancia), o puede que sigan con el “sostenella y no enmendalla,” y hasta es posible, (horror y pavor) que hayan contratado a Bertín Osborne como sustituto, ¡quién sabe!

Pero entre el “caballero” de Bertín y el “canalla” de Luis Pastor, yo me quedo con el segundo y con esta preciosa estrofa de Benedetti tan magníficamente versionada por él:

“Con tu quiero y con mi puedo vamos juntos compañero”.

Quizá tengamos que cantarla por las calles, y en voz bien alta.

(Elisa Blázquez Zarcero es periodista y escritora. Su último libro publicado es la novela La mujer que se casó consigo misma. Diputación de Badajoz).

SOBRE LA AUTORA

Una colaboradora muy especial

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