Llamadme Ernesto en vez de Elisa…

...porque la vida es más sencilla si al nacer te registraron con nombre de hombre

1986
Para el cambio no es necesario acreditar tener dos huevos morenos entre las piernas. PROPRONews
Para el cambio no es necesario acreditar tener dos huevos morenos entre las piernas. PROPRONews

Llamadme Ernesto, sí. Tiene su importancia. Y no porque lo afirmara Oscar Wilde en aquella obra suya tan divertida cómo irónica, sino porque esta vida es mucho más sencilla si te registraron al nacer con nombre de señor. Y gracias a la nueva ley trans podré ser Ernesto. No es requisito para el cambio acreditar tener dos huevos morenos colgando entre las piernas, tampoco habré de pasar un examen psicológico que diagnostique una disforia, y, además, en realidad yo no me siento hombre, yo lo que quiero es ser mujer, pero con los privilegios masculinos.

La periodista, con su perro Killer
La periodista, con su perro Killer

Porque si yo hubiera sido Ernesto, seguro que habría disfrutado de una vida laboral más exitosa. Siendo becaria, ya lo empecé a notar. Me convocó el entonces director del diario HOY de Badajoz, donde yo hacía prácticas, y me dijo:

-Ha surgido una plaza, me gusta tu estilo, pero no va a ser para ti porque yo no quiero mujeres en mi periódico.

Nunca entendí esa actitud suya de restregármelo por las narices, con no haberme contratado hubiera sido suficiente, pero se sentía poderoso y le apeteció humillarme, supongo.


A mí esto, y los influencers que se han apuntado al carro de lo trans para conseguir likes, me tocan un poco los cojones ¡Y eso que no los tengo!


Varios años después, durante los veinte días escasos que libré tras el parto de mi hija (cotizaba de autónoma), le dieron mi puesto, mejorado y con contrato de verdad, a otra persona. La respuesta cuando pregunté fue: “Pensaba que ibas a dedicarte al cuidado de tu niña”. Sí, claro, a su cuidado y a darle de comer, para lo cual necesitaba un empleo que no fuera la mierda que tenía.

Niñas secuestradas por Boko Haram en Nigeria. RTVE
Niñas secuestradas por Boko Haram en Nigeria. RTVE

Podría seguir relatando las oportunidades que probablemente perdí por ser Elisa y no Ernesto, pero no es nada comparado con haber nacido mujer, y de propina, en África, o en India o en Ucrania… Puedo considerarme una privilegiada. A mí no me han rebanado el clítoris al entrar en la pubertad ni abrasado con ácido por no querer casarme con un hombre que podría ser mi abuelo; tampoco me han secuestrado para ser esclava sexual de Boko Haram y, por suerte, no he tenido tantas necesidades económicas como para no ver otra salida que recurrir a ese “gran nicho de oportunidades” al que solo podemos optar las mujeres: alquilar el vientre a una pareja de ricos o satisfacer a puteros en un descampado o en un hotel de mala muerte.

...o satisfacer puteros en un descampado.... RTVE
…o satisfacer puteros en un descampado…. RTVE

AL CALDO Y A LAS TAJADAS

Nada que objetar a conseguir todos los derechos para las personas transexuales, y conviene recalcar que las feministas, a las que se acusa de transfobia, han estado y estamos siempre por ampliar y respetar los derechos de las personas más vulnerables.

Han estado, estamos y estaremos al lado y defendiendo a toda persona discriminada por su condición, pero no queremos ser borradas, no queremos que años de lucha desaparezcan de un plumazo y se nos llame cuerpos gestantes negando la mayor, que ser mujer es una realidad material, y que por serlo hemos sufrido siglos de opresión y violencia. Porque no todo deseo debe convertirse en derecho, que es lo que parecen pretender quienes están al caldo y a las tajadas (Las claves de la futura ‘ley trans’: por qué hay posturas enfrentadas dentro del feminismo).


Las oportunidades que perdí por ser Elisa y no Ernesto no es nada comparado con haber nacido mujer en África, o en India o en Ucrania.


Tampoco me convencen los y las que aplauden que un señor de toda la vida, por ejemplo, el periodista George Kellerman, que justo al jubilarse, no antes (no fuera que como mujer no alcanzara el nivel al que llegó como hombre), cambie la corbata por el collar de perlas alegando libertad, creyendo que ser mujer es pintarse los labios, usar tacones, aguantarte con el ninguneo secular y todos esos estereotipos que nos han vendido a lo largo de la historia. ¿No será que a Kellerman, ser George en lugar de Georgina, le vino muy bien laboralmente, pero ahora que le flojea la testosterona prefiere jugar a las casitas? Es la suya una curiosa manera de sentirse mujer, acatando todos esos mandatos de género, que precisamente las mujeres consideramos una construcción y que luchamos por abolir.

A mí esto, y los influencer que se han apuntado al carro de lo trans para conseguir likes, me tocan un poco los cojones ¡Y eso que no los tengo!

(Elisa Blázquez Zarcero es periodista y escritora. Su último libro publicado es la novela La mujer que se casó consigo misma. Diputación de Badajoz).

SOBRE LA AUTORA

Una colaboradora muy especial

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