Llamadme malvada…

...pero me alegro de lo que (dice que) le ha pasado a Arturo Pérez Reverte si eso le sirve para reflexionar

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Antes no le asustaban las guerras y ahora se asusta por una mujer. RTVE
Antes no le asustaban las guerras y ahora se asusta por una mujer. RTVE

Llamadme malvada y si, además, podéis imaginar una carcajada tipo madrastra de Blancanieves, añadidla, porque caso de que sea verdad lo que ha contado Arturo Pérez Reverte, me alegro de que le haya pasado, quizá le sirva para reflexionar, empiece a dejar de pensar con su, digamos pene (por no llamarlo pollavieja, que suena fatal) y sea algo más empático con lo que las mujeres llevamos sufriendo siglos. Y si es mentira, pues oye, unas risas que nos echamos a costa de este macho alfa, que presume de haber sido un intrépido corresponsal de guerra, y se asusta ahora porque una desconocida se le insinúa.

La periodista, con su perro Killer
La periodista, con su perro Killer

A lo que voy, las redes se han despachado a gusto con la historia que ha desgranado don Arturo en Twitter, buscando la polémica o que le hagan casito, como siempre.

Según su narración, una mujer se acercó a él para pedirle trabajo como empleada de hogar, luego le propuso sexo y por último le agarró del brazo, insistiendo y ampliando la propuesta, por si sabía de algún amigo que anduviera necesitado. Automáticamente, nuestro insigne y valiente académico ha temido que le suceda lo que a los caballeros que se topan con “malas mujeres”, que a la primera de cambio les colocan una denuncia falsa y a la cárcel de cabeza.


Este macho alfa presume de haber sido un intrépido corresponsal de guerra y ahora se asusta porque una desconocida se le insinúa.


Así que de un lado están quienes se mofan y repiten lo que se les echa en cara a tantas acosadas: “Qué llevaba puesto? Seguro que iba provocando” o “¿Qué hacía solo a esas horas por la calle?”, y los que le defienden, comparando su percance con la secular violencia de género que padece el sexo femenino.

La cuestión sería de risa, si no fuera porque es bastante más profunda de lo que parece. Aseguran, los que se posicionan junto al ilustre académico curtido en cien batallas, que su miedo era a resultar denunciado por violencia de género por la mujer que le “acosaba”, ya que ella, argumentan, podría acusarlo, acabando, nuestro más famoso escritor, con sus huesos en una fría mazmorra y su prestigio en la alcantarilla. Y eso es una inmensa mentira. Cualquiera que se haya molestado mínimamente en conocer de qué va el tema, en lugar de sostenerle el cubata al cuñado mientras escucha sus lecciones de derecho, sabe que la Ley de Violencia de Género no anula la presunción de inocencia. Es lo que tiene la ignorancia, que a veces los “señoros”, y alguna señora de nombre Cayetana, se hacen un lío, lanzan un bulo, pasándose por el arco la realidad de las medidas que se toman ante una denuncia, confundiendo, sospecho que intencionadamente, detención preventiva con prisión preventiva. La primera la recoge la Constitución para cualquier delito. La segunda la dictamina un juez o jueza. Por otro lado, una desconocida, como dice Reverte que era la que se le acercó, no podría denunciarle por violencia de género, ya que es condición tener o haber tenido algún lazo sentimental con el denunciado, así que menos lobo, “caperucito”.


Cualquiera sabe que la Ley de Violencia de Género no anula la presunción de inocencia.


MIEDO Y MIEDO

Ese miedo que dice que sintió no es comparable al que experimentan las mujeres cuando transitan por lugares solitarios. Ese sí es un terror real y tangible, y no el que acometió a Reverte, porque ya me dirán que le podía pasar a él, nada, y sin embargo, es fácil entender que si Reverte fuera mujer y el que se hubiera acercado, un hombre, las diferencias y las consecuencias podrían ser, por desgracia, abismales.

El tuit alucinante de don Arturo.
El tuit alucinante de don Arturo.

La que esa noche pidió trabajo o sexo al escritor es, casi con toda seguridad, una mujer pobre, desesperada por la necesidad de dinero para subsistir, o porque detrás tiene al chulo proxeneta exigiéndole que busque clientes.


A don Arturo le querría yo ver, en una noche invernal de Madrid, en la Casa de Campo, con tanga y en tacones, buscándose la vida.


Pero Reverte, ante la situación, en lugar de entender y hacerse eco de la causa feminista, y clamar, desde su atalaya, por la abolición de esa lacra patriarcal llamada prostitución, se reafirma en su desprecio a la opresión femenina, y cae en un lamento absurdo, ridículo y victimista, cómo si alguien fuera a creerse que esa desgraciada mujer iba a violarle o pegarle una paliza y matarle después. Ahí le querría yo ver, en una noche invernal de Madrid, en la Casa de Campo, con tanga y en tacones, buscándose la vida. Tacones que hay que pasear con arte, ya que merece la muerte a tiros aquella que no sepa llevarlos con gracia; suena bestial, pero lo escribió él en este artículo: Mujeres como las de antes.

Y así está el panorama, mientras nos embarcan en un debate interesado sobre la teoría queer y qué es realmente ser mujer. Desde luego, si se trata de andar garbosamente, encaramada en zancos de siete centímetros, la que suscribe, a pesar de tener vulva, no entra en el lote ni de lejos.

La evolución de Reverte a lo largo del tiempo.
La evolución de Reverte a lo largo del tiempo.

Pensareis ¿qué hace ésta hablando de las cuitas de Arturo, con la que está cayendo? Pues precisamente por eso, porque no sería tan grave su comentario si a las mujeres no nos matasen casi a diario, si la violencia contra las mujeres no fuese una pandemia y si no se instalara con tanta frecuencia ese discurso negacionista y cutre entre nuestros más destacados próceres.

Tremenda irresponsabilidad la de este académico que ocupa el sillón T de la ilustre RAE, por cierto, la misma letra por la que empieza la palabra tonto.

(Elisa Blázquez Zarcero es periodista y escritora. Su último libro publicado es la novela La mujer que se casó consigo misma. Diputación de Badajoz).

SOBRE LA AUTORA

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