Llamadme ofuscada…

...y lo estoy, por la suave condena a esos dos futbolistas que grabaron y difundieron el vídeo de un encuentro sexual con una mujer sin su conocimiento ni su consentimiento

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Sergi Enrich y Antonio Luna. S.D. EIBAR
Sergi Enrich y Antonio Luna. S.D. EIBAR

Llamadme ofuscada y os tarareo, además, “despistada, confundida, deprimida, ¡ya ves!”, como la vieja canción de Hilario Camacho. Leo en prensa la condena contra los futbolistas Sergi Enrich y Antonio Luna, que confirma que grabaron y difundieron un video de su encuentro sexual con una mujer que no dio su autorización ni para lo uno ni para lo otro, es más, expresó claramente su negativa. La sentencia reconoce que ambos cometieron un delito de descubrimiento y revelación de secretos y les condena a dos años de prisión, pero dos años justitos, sin el día de propina

La periodista, con su perro Killer
La periodista, con su perro Killer

Esa pena se traduce en que el ingreso en la cárcel depende del juez, y en este caso, una vez más, esa justicia española tan cañí, patriarcal y tolerante, que más que sentencias dicta, en casos similares, pequeñas reprimendas cuando no palmaditas en la espalda y sonrisas de complicidad, ha decretado que se suspenda la ejecución, porque los susodichos han reconocido los hechos, (qué remedio, aunque de paso han exculpado a un tercer interviniente en la juerga), y porque fueron muy generosos e indemnizaron a la víctima con una cantidad, incluso superior a la que pedía la fiscalía. Resumiendo, cometemos un delito, pagamos porque podemos y el delito se minimiza. No le deseo la cárcel a nadie, pero sí un castigo que sea lo suficientemente correctivo. ¿Alguien piensa que con este premio de consolación la víctima va a recuperar su confianza en los hombres? ¿Alguien cree que estos dos personajes han aprendido la lección? Yo no.

CONSECUENCIAS DEL SEXTING

El sexting, que es como se denomina la recepción o transmisión de imágenes o videos de contenido sexual a través de las redes sociales, acarrea graves consecuencias. Recordemos aquella mujer que envió un video a un compañero con el que mantenía una relación extramarital, el video acabó circulando entre los trabajadores de la empresa y ella, ante el escándalo, se suicidó. Nadie fue condenando. Según las investigaciones, no se pudo saber quién lo lanzó primero. A veces la policía ve colillas y no sabe dónde han fumado, porque, no sé, digo yo, si ella le mandó el video a una persona determinada, es evidente que no pudo salir de otro sitio. Aún no nos han implantado el chip ese que dicen que va con la vacuna anticovid y que nos controlará al milímetro, así que siguen funcionando las pistas, los motivos y la oportunidad, y aquí estaban meridianos.


El sexting, como se denomina la difusión de imágenes de contenido sexual a través de las redes sociales, acarrea graves consecuencias a la víctima.


La ley es clara al respecto (otra cosa es su aplicación), y fue un caso famoso el detonante de su promulgación, el de Olvido Hormigos, aquella concejala que envió un vídeo sexual a un amante y vio cómo su mensaje privado se viralizaba. Ella, tras el sofocón inicial, supo darle la vuelta a la tortilla y hacer lo que hacen los hombres, alardear de los hechos en lugar de esconderse. El vídeo acabó con su carrera política. Quizá nos perdimos una presidenta de gobierno, pero ganamos una ley y una tertuliana. Bromas aparte, no todas tienen su coraje, porque así lo veo, coraje para enfrentarse al patriarcado y decir: “tengo la vida sexual que me da la gana … ¿bueno, y qué?” Pero no es esto lo normal, no, mientras el patriarcado exija a las mujeres ser puras y premie a los hombres por lo contrario.

MÁS PELIGRO ENTRE LOS JÓVENES

El sexting es especialmente peligroso entre los jóvenes, el 21% ha sufrido algún tipo de acoso en nuestro país. Y aunque el ABC califique la sentencia de Enrich y Luna como “aviso a navegantes contra el exhibicionismo de élite”, “una mezcla de sexo y futbol, en la que muchos jugadores se sienten confortablemente instalados”, me duele que los cinco años que pedía la Fiscalía hayan quedado en dos, que no cumplirán, y en 100.000 euros para la mujer a la que ahora revictimizan con su dádiva. Yo les condenaría con trabajos a la sociedad y la obligación de educarse en valores de igualdad, mientras reflexiono sobre una frase del personaje de Richard Gere en Las dos caras de la verdad: “si quieren justicia, vayan a una casa de putas; si quieren que les jodan, vayan a la justicia”.

Pobre víctima.

(Elisa Blázquez Zarcero es periodista y escritora. Su último libro publicado es la novela La mujer que se casó consigo misma. Diputación de Badajoz).

SOBRE LA AUTORA

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