Llamadme estupefacta…

...o confundida, o liada, o intrigada, o patitiesa, porque así me han dejado las declaraciones que Alberto González, cronista pacense, hizo durante la presentación de su libro “Mujeres en la historia de Badajoz”

486
Momento de la muerte de Emily Wilding Davison al ser arrollada por los caballos.
Momento de la muerte de Emily Wilding Davison al ser arrollada por los caballos.

Alberto González escribe sobre cuatrocientas mujeres olvidadas, lo que en principio me gusta y emociona, pero el día de la presentación va y suelta: “Es un libro que habla de mujeres, pero no tiene absolutamente nada que ver con el feminismo. Empezó antes de que esta explosión feminista tan extremista hubiera tomado cuerpo”.

La periodista, con su perro Killer
La periodista, con su perro Killer

Para rematar mi desconcierto, aparece sonriente, a su lado, en el acto y en la foto, Manuela Martín, la primera mujer directora del Diario Hoy (Vocento), mismo medio cuyo director de hace un porrón de años me convocó en su despacho para comunicarme que le gustaba mi trabajo como becaria y que había una plaza de redactor, pero que no me contrataba porque era mujer y él no quería mujeres en su periódico (debe de estar revolviéndose en su tumba ¡pobre! Gracias Manuela).

Bien, como digo, a su lado en la foto, Manuela Martín, a la que admiro y aprecio, sonríe sin soltarle el sopapo que se merece. A ella la perdono porque doy por hecho que lo hizo por educación, pero a él le meto en el paquete de los “señoros”, que sueltan bobadas sin ton ni son, convencidos de que están en posesión de la verdad.


Me pregunto ¿qué querría decir con la frase: “Esta explosión feminista tan extremista”?


Me pregunto ¿qué querría decir con la frase: “Esta explosión feminista tan extremista”? ¿Es que acaso se une a esos que hablan de las feministas radicales sin tener idea de lo que significa el concepto? (quien no lo sepa, que lo estudie, yo no estoy aquí para dar clases de primero de feminismo). ¿O es de los que cree que las feministas de “AHORA” son unas salvajes y no unas educadas señoritas como las de “ANTES”. Porque yo me considero feminista de las de ahora, pero pienso en Emily Wilding Davison, que el 4 de junio de 1913 se plantó delante del caballo del rey Jorge V en el Derby de Epsom, reivindicando el voto femenino y fue arrollada, muriendo cuatro días después a consecuencia de las heridas, y comparada con ella, soy una tierna y cobarde florecilla.

LAS FEMINISTAS DE ANTES

¿Qué mérito tiene que yo pertenezca a una Plataforma de Mujeres por la Igualdad y proteste por los asesinatos a causa de la violencia de género, cuando las sufragistas, hartas de no ser escuchadas, se declaraban en huelga de hambre y eran obligadas a alimentarse por nariz, vagina y ano? ¿O, como contó Mary Richardson en 1914, cortándole las encías y el interior de las mejillas, como le hicieron a ella?

Emily Wilding Davison, una "extremista" para González.
Emily Wilding Davison, una “extremista” para González.

Esas son las feministas de antes, y yo las envidio por su valentía y les agradezco infinitamente su arrojo, su determinación y su sacrificio. Fueron consideradas enfermas mentales, fanáticas, un peligro para la sociedad, y si yo, ahora, me puedo permitir ir a la manifestación del 8 de marzo y lo único que me pasa es que me tachan de feminazi o inconsciente (últimamente, ya sabéis, también asesina, pero ese es otro cantar), es porque a ellas no les frenaron ni las torturas ni las vejaciones que padecieron.


Pienso en Emily Wilding Davison, que en 1913 se plantó delante del caballo del rey Jorge V en el Derby de Epsom, reivindicando el voto femenino y fue arrollada y murió cuatro días después.


Me duele que el señor González parezca no apreciar el esfuerzo y lo que seguramente tuvieron que soportar para hacerse un hueco en las crónicas de la ciudad, las cuatrocientas mujeres, cuyas vidas ha recogido en su obra, para decir tan alegremente que lo suyo no es un libro feminista. Lo leeré intentando descartar lo que sospecho, que al plasmar sus biografías ha retratado los acontecimientos que vivieron, pero no el alma de sus protagonistas.

A Alberto González no le gusta el feminismo. FACEBOOK
A Alberto González no le gusta el feminismo. FACEBOOK

Decía Jean Cocteau: “Escribir debería ser un acto de amor, sin amor es solo escritura”. Podría tratarse entonces de uno más que se apunta a la moda de resucitar la historia de tantas que cayeron en el olvido por la ocultación a las que las sometió una sociedad patriarcal, pero sin amor ni respeto por la causa e intentando dar lecciones sobre lo que deben ser las buenas o las malas mujeres, mientras esperan sentados a que la “suya” les sirva el café. No lo sé, pero lo que me compensa es que Alberto González reconozca que “la explosión feminista extremista ha tomado cuerpo”.

¡Cuerpo a tierra, pues, aquellos a quienes no les guste! Porque esto no va a parar.

(Elisa Blázquez Zarcero es periodista y escritora. Su último libro publicado es la novela La mujer que se casó consigo misma. Diputación de Badajoz).

SOBRE LA AUTORA

Una colaboradora muy especial

OTROS ARTÍCULOS

Llamadme malvada…

Llamadme solidaria…

Llamadme femme fatale…

Llamadme Sharon…

Llamadme actriz…

Llamadme politóloga…

Llamadme mala madre…

Llamadme aguafiestas…

Llamadme irrespetuosa…

Llamadme empoderada…

Llamadme perezosa…

Llamadme distópica…