Llamadme comodona…

...lo soy, por eso, en el despacho de Erdogan, de ser yo Úrsula Von der Leyen, me habría tumbado cuan larga soy en el diván

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Yo me tumbo en el diván. PRESIDENCIA DE TURQUÍA
Yo me tumbo en el diván. PRESIDENCIA DE TURQUÍA

Es totalmente cierto que soy comodona. De hecho, mis amigos me acusan de pasar muchas horas en el sofá. O sea, que, si yo hubiera sido Úrsula Von der Leyen, la presidenta de la Comisión Europea, no me hubiera importado que el muy retrógrado y machista, Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía, me relegara a un diván de su despacho en lugar de ofrecerme una silla como la suya o la de Charles Michel, presidente del Consejo Europeo.

La periodista, con su perro Killer
La periodista, con su perro Killer

Ahora bien, ya puestos a saltarnos el protocolo, yo, en el lugar de Úrsula, me hubiera tumbado cuan larga soy a lo Josefina Bonaparte, hubiera invitado a los dos próceres a que se acurrucaran conmigo en el diván, para juntos, y en amor y compañía, ver una serie turca de esas tan de moda. O ya puesta a fastidiar a lo bestia, me hubiera quitado la blusa, cual activista de Femen, y les hubiera enseñado las tetas a los dos señoros.

Total, hablar con Erdogan es perder el tiempo y nadie va a convencerle de que recapacite y reconsidere su retirada del llamado Convenio de Estambul, un tratado suscrito para combatir la violencia contra las mujeres, el primer documento internacional y jurídicamente vinculante, con el que se creó un marco común para prevenir y luchar contra la violencia machista, las agresiones de género, las mutilaciones genitales o los matrimonios forzosos, y del que, el presidente de Turquía, muy en su línea de falta de respeto a los Derechos Humanos, ha decidido desmarcarse.


Puesta a fastidiar a lo bestia, me hubiera quitado la blusa, cual activista de Femen, y les hubiera enseñado las tetas a los dos señoros.


Tampoco estuvo fino Charles Michel, ya que, en lugar de protestar por el tratamiento dado a su colega y líder del ejecutivo europeo, se repantingó en su sillón y ya saben aquello de que quien calla otorga.

Una escena más propia del medievo. TWITTER
Una escena más propia del medievo. TWITTER

El que no se ha callado es Erdogan, que no es que no pida perdón, es que se ratifica y asegura que respetó el protocolo (¡ay, si fuera solo el protocolo lo que no respeta!), cuestión desmentida desde Bruselas donde se reconoce que el tratamiento de Ankara no fue el correcto, ya que Von der Leyen y Michel tienen el mismo rango diplomático.

¿Y QUÉ ME DICEN DEL REY DE TAILANDIA?

Pero, para ninguneo a las mujeres, lo del rey de Tailandia, Maha Vajiralongkorn Bodindradebayavarangkun, que en una ceremonia tan estrambótica como vergonzosa el día de su coronación, en mayo de 2019, hizo arrastrarse ante él (habéis leído bien arrastrarse), a su cuarta esposa oficial, Suthida, señora de Vajiralongkorn (por el momento).


Pero, para ninguneo a las mujeres, el rey de Tailandia, Maha Vajiralongkorn Bodindradebayavarangkun.


Maha, que a pesar de ser el rey de Tailandia vive, o mejor dicho se divierte, en Alemania, no solo representa al Estado, también personifica el crisol cultural y espiritual de su milenario país. Con una fortuna cifrada en 30.000 millones de euros, podría dedicarse exclusivamente a holgazanear de forma educada y decorativa, pero, ¡qué va!, es conocido por su disipada trayectoria, por nombrar jefe del Ejército del Aire a su perro Foo Foo, y por sus escándalos sexuales.

La nueva esposa, arrastrándose hasta el rey Maha. JEFATURADEL ESTADO DE TAILANDIA
La nueva esposa, arrastrándose hasta el rey Maha. JEFATURADEL ESTADO DE TAILANDIA

Y no son los únicos rasgos chungos de su carácter real. También ha desterrado a su tercera esposa, a la que ha ordenado raparse la cabeza y a la que mantiene en estricto arresto domiciliario en una aldea perdida; cuestiones todas ellas de las que no se puede hablar en Tailandia, puesto que criticar a la monarquía se castiga con penas de hasta quince años de cárcel.

Comparado con él, nuestro emérito es un santo varón, y el incidente de Ankara, una anécdota sin importancia. Eso, o que vamos echando más tragaderas que una boa constrictor.

(Elisa Blázquez Zarcero es periodista y escritora. Su último libro publicado es la novela La mujer que se casó consigo misma. Diputación de Badajoz).

SOBRE LA AUTORA

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