Llamadme feminista…

... porque lo soy incluso antes de saber que lo era

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Aquel fin de semana hubo masivos partidos de fútbol y actos de todo tipo, pero la culpa del contagio fue de las mujeres. RTVE
Aquel fin de semana hubo masivos partidos de fútbol y actos de todo tipo, pero la culpa del contagio fue de las mujeres. RTVE

Llamadme feminista. Lo soy. Lo soy, incluso antes de saber que lo era. Lo soy ahora, que me identifico más con la práctica, que con la teoría. Soy feminista, y no voy a ir a ninguna manifestación el 8M. Y no voy porque no me da la gana, pero me declaro con el mismo derecho a hacerlo que una fan de Raphael, que un seguidor de Juan Ortega o que un nostálgico de la división azul que acaban de ir a conciertos, corridas y manifas sin mayor problema, aunque aclaro encarecidamente que esto es un recurso literario; soy pacifista, anti taurina y ver a Raphael me produce urticaria.

La periodista, con su perro Killer
La periodista, con su perro Killer

Puntualizado este pormenor, que juzgo importante, sigo. En los peores momentos de la pandemia en este país nuestro, se han manifestado una abundante y variada muestra de colectivos y estratos sociales, y estos días de primavera, sin ir más lejos, las calles de muchos pueblos, parecen una feria, pero aquí, las “madres de la pandemia” resulta que hemos sido las que salimos a reivindicar el 8M de 2020. Un año ha trascurrido y continúa la turra. Poco importa que jurídica y científicamente se haya constatado, por tierra mar y aire, que no somos las culpables de esta plaga mundial, y que, por esas mismas fechas, entre el 5 y el 14 de marzo pasados, se contabilizaron más de 150 manifestaciones, solo en Madrid, eso sin tener en cuenta conciertos y eventos deportivos masivos.

No voy a ir, porque así lo he decidido y porque, además, no está convocada. Renuncio por responsabilidad personal, la que no tienen ese partido que no quiero nombrar y esa presidenta que ha llamado al 8M “día de la mujer contagiada”. Pero, insisto, tengo el mismo derecho que un hostelero, un músico o un sanitario a expresarme en la calle, si respeto las normas y tomo precauciones.


No voy a ir al 8M porque así lo he decidido y porque, además, no hay manifestación convocada, pero tengo el mismo derecho que los fans de Raphael.


Pero según veo escucho y percibo, parece ser que todos los demás colectivos, incluidos los de las cacerolas, han tenido su manifestación, pero la de las mujeres no sería tal, sino un aquelarre, lo que deja meridiano que lo que escuece, y contra lo que se lanzan ataques furibundos, no es la, por el momento inexistente, convocatoria masiva, sino la lucha feminista.

Brujas fueron consideradas aquellas mujeres que huían de la norma en la Edad Media y que fueron quemadas por cientos de miles en la hoguera. Luego, a las disidentes del patriarcado se las calificó de histéricas por pedir el voto y se las sometió a torturas y escarnio. Más recientemente hemos sido feminazis, aunque ese calificativo a quien le cuadra, por habérselo ganado a pulso, es a la joven, que con camisa azul acusó al judío (así en singular), de todos los males planetarios (otros, que junto con las que celebramos el 8M, portamos el sambenito).

Clarito clarito.
Clarito clarito.

Y como somos brujas, aquí va un conjuro que recitaré con mis compañeras el 8 de marzo desde casa, desde el balcón, por zoom o en la calle, donde quiera que estemos:

“Apostamos por el feminismo, porque solo quien apuesta gana.

Arriesgamos, porque solo quien arriesga triunfa.

Desafiamos, porque solo quien desafía conquista.

Exigimos, porque solo quien exige recibe.

Reivindicamos, porque solo quien reivindica con pasión, honradez y amor por la justicia, alcanza lo que busca: Una sociedad mejor para todas y todos.

Y si tenéis alguna crítica, hacedla, y si alguna alabanza, cantadla. Puede que después de escucharlas, bailemos a la luz de la luna, girando 360 grados, para volver a enfocarnos, de nuevo y con más ahínco, en la misma posición y hacia la misma meta: conseguir una igualdad real”.

Y nada de conformarnos con el “ni un paso atrás”, eso sería estancarnos, y nos queda todavía mucho camino por recorrer. Así que el 8 de marzo de 2021 seguiremos avanzando, pese a todo, porque es tal el odio que circula desde distintas direcciones, que estoy por cambiar de idea y salir a manifestarme, aunque solo sea por rebelarme ante tanta acusación vana.

(Elisa Blázquez Zarcero es periodista y escritora. Su último libro publicado es la novela La mujer que se casó consigo misma. Diputación de Badajoz).

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