domingo, 29 enero, 2023
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Malinche, entre la ficción y la historia

Una documentada acotación al espectáculo de Nacho Cano sobre la figura de la gran mujer nativa que ayudó a Hernán Cortés

El 15 de septiembre se estrenó en Madrid (IFEMA) el musical Malinche, obra de Nacho Cano, autor también de Hoy no me puedo levantar, uno de los espectáculos más importantes que se han realizado nunca en España. Con una valentía propia de un creador sin complejos frente a lo políticamente correcto, Cano introduce en la escena musical española y mundial un tema controvertido, porque atañe a Hernán Cortés, a la conquista de América por los españoles, y a una de las esclavas que le fueron regaladas por los caciques locales al conquistador extremeño, la princesa Malintzin, que se convertiría en su intérprete, facilitando así, a través del idioma, el avance de la acción española en América.

Malinche, que estará en cartel, visto su éxito, de manera indefinida, es un espectáculo para todos los públicos. El montaje cuenta con una escenografía fabulosa, habiendo creado expresamente el recinto teatral más grande y mejor ambientado de Madrid, con un enorme escenario de 30 metros de largo, entre los mayores de Europa, incluyendo agua y cascadas, y graderíos y estructuras de suelo.

Pero antes de entrar al enorme recinto del espectáculo en sí, los asistentes disfrutarán del Templo Canalla, una instalación de 1.000 m2 con una sección para comer y beber, talleres para niños y otros atractivos que convierten a Malinche en una referencia mundial de los musicales y del entretenimiento temático.

Blas Curado, tan periodista y escritor como psiquiatra (esta es su primera profesión), intelectual y creativo, ha asistido a la representación de Malinche y ahora, en este artículo, desvela el misterio y la personalidad de esta gran mujer mexica, que vivió en primera personas los avatares de la hueste española, sirvió de intérprete a sus jefes frente a los caciques indios, concibió hijos de ellos y fue una adelantada en América de lo que hoy llamamos traducción simultánea y feminismo.

Blas Curado García.
Blas Curado García.

Madrid.-

Hemos estado en el musical “Malinche” en Madrid, de Nacho Cano. Me gustó el espectáculo. Sobre todo por la valentía del autor al enfrentarse con lo políticamente correcto. Gracias.

El musical maneja en su coreografía dos símbolos importantes de la conquista, la nao y la pirámide truncada. Nao donde venían hombres barbudos ávidos de oro; y pirámide truncada en las que se realizaban los sacrificios humanos y se practicaba el canibalismo ritual con los enemigos.


El musical maneja en su coreografía dos símbolos importantes de la conquista, la nao y la pirámide truncada.


“La profecía se cumple: vuelven los dioses, los teules, los hijos de Quetzalcóalth el dios del viento o la serpiente emplumada. Pero los dioses españoles o del inframundo eran comestibles. El canibalismo estaba extendido desde el Canadá hasta la Patagonia” (Juan Eslava Galán).

Pero los conquistadores, los descubridores, los nuevos amos del imperio azteca son incapaces de poder comunicarse, necesitan traductores o lenguas, ladinos, lenguaraces o trujumanes. Hernán Cortés no conoce los para él nuevos y extraños idiomas de los indígenas que se va encontrando en su ruta hacia el paraíso de las riquezas, lenguas alejadas de nuestra matriz latina y griega, necesitando traductores, intérpretes ante tan fieros enemigos y difíciles idiomas. La solución es bien simple, encontrar quien conozca las lenguas y traducirlas al castellano. Para ello echa mano, primero, de los indios mayas Melchorejo y Julianillo, pero estos en cuanto pudieron desertaron y no se volvió a saber de ellos.

Cano y el gran elenco de Malinche
Cano y el gran elenco de Malinche.

PADRES DEL MESTIZAJE

Después, de forma azarosa, fue Jerónimo de Aguilar, un fraile perdido ocho años atrás por la costa de Yucatán, superviviente del naufragio de su nave en los escollos de la costa de las Víboras, en el viaje desde Panamá a Cuba; y superviviente de los indios cocomes, cuyo sacerdote Teohom lo tenía como esclavo. Cuando recobra la libertad, el religioso abandona el voto de castidad que le había salvado al volver con los barbudos españoles, casándose con una nativa y teniendo una hija, Luisa de Aguilar, una nueva mestiza.


A destacar la importancia de esta mujer mexicana, atrapada entre dos mundos de hombres terriblemente machistas, como una posible avanzada del feminismo.


Antes de despedirnos de Aguilar, el lengua, su compañero de cautiverio Gonzalo Guerrero -nos cuenta Juan Eslava- pasa por ser considerado el padre del mestizaje en el continente: se casó con una princesa maya, hija de cacique, de la que tuvo tres hijos, que sepamos. No los abandonó, como hicieron otros muchos españoles ante las ofertas de volver a casa, a la “civilización”. Esta decisión le hace entrar en la historia del mestizaje, siendo venerado en México por esta novedosa conducta familiar.

Cortés ya tenía un traductor seguro, un español, y no se iba a escapar, como hicieron los indios mayas, camino de Tabasco. Traducía del maya al castellano. Pero la conquista de nuevos territorios, camino de la capital del imperio, Tenochtitláan, necesitaba traducir uno de los numerosos idiomas que se hablaba en el continente, el más importante de todos, el náhuatl (o el guazamalco, como dice Díaz del Castillo), el idioma de los aztecas, de Moctezuma, el emperador y caudillo de hombres del imperio mexica. Aquí aparece, en forma de regalo, de presente, dentro de un grupo de 20 mujeres ofrendadas al extremeño, Malinche, la providencial traductora.

Una historia de conquista, pero también de amor.
Una historia de conquista, pero también de amor.

MALINTZIN O MALINCHE

Los mayas, después de perder la batalla de Centla, descrita por el mejor cronista de “la verdadera historia de la conquista de Nueva España”, Bernal Díaz del Castillo, un cacique de nombre sonoro, con sabia intuición política, le ofrece a Cortés la paz, echando la culpa de la guerra a otro, como siempre pasa, cuando se pierde, pagando éste con el sacrificio. La paz llegó regada de regalos: oro, jade y turquesas, y también el presente de unas veinte esclavas, entre ellas una joven noble llamada Malintzin.


Aquí aparece, en forma de regalo, de presente, dentro de un grupo de 20 mujeres entregadas a Cortés, Malinche, la providencial traductora.


Fernando Díaz-Plaja en su ensayo sobre la mujer, el amor y el poder, recoge la historia de Malinche, entre otras mujeres que han sido importantes en la Historia. La describe Díaz del Castillo así: “era gran cacique e hija de grandes caciques y señora de vasallos, y bien se le parecía en su persona”. Hija y heredera del cacique de Paynala. A su muerte, su madre, viuda, se casa con otro cacique y tiene un nuevo hijo, considerado como el único heredero.

La hija, Malintzin, conocida después como Malinche entre los españoles, es dada a los indios de Xicalango, corriendo el rumor de su muerte. Pero su historia continúa como una novela. Estos indios la regalan a los vecinos de Tabasco y con la paz obligada con los españoles, finalmente, como ya hemos narrado, la regalan a Cortés incluida en el lote de veinte doncellas. Malinche hablaba el náhuatl como idioma materno y el maya por su esclavitud en Tabasco. Era un filón. Aunque el extremeño no se andaba con milongas: “si en alguna mentira la tomaba la haría luego ahorcar”. No llegó la sangre al río, pues pasó a ser imprescindible en la conquista del nuevo mundo por Cortés.

Para las mujeres indígenas, antes de pasar por el himeneo, era necesario el bautismo previo, para poder relacionarse con los españoles, una condición inexcusable. Con la iglesia hemos topado, amigo Sancho. Se les cristianizaba con un nombre adecuado al santoral, y, en nuestro caso, fue bautizada con el nombre de Marina. Dice Bernal Díaz del Castillo que era de buen parecer y entretenida y desenvuelta. Doña Marina tiene el doña como símbolo de nobleza, así lo cuenta el mismo cronista: ”y entre ellas una muy excelente mujer que digo doña Marina, que ansí se llamó después de vuelta cristiana”.

Malinche es entregada, después del bautismo, por Cortés a su capitán, Alonso Hernández Portocarrero, por ser -dice Eslava- de gusto más delicado. Con el tiempo, el capitán Portocarrero regresa a España y no se lleva a Malinche, dejándola en manos de su capitán. La deja con Cortés, que la considera, por su labor interpretativa, fundamental en sus relaciones con todos los caciques que van sumándose a la conquista del imperio mexica, y, especialmente, en el juego político con Moctezuma.

El espectáculo recrea con todo lujo de detalles el México que vio Cortés.
El espectáculo recrea con todo lujo de detalles el México que vio Cortés.

CORTÉS ES MALINTZINE Y SU HIJO

Desde que Aguilar la descubre como políglota, Malinche establece una íntima comunicación con Cortés, relación que durará unos cuatro años. El caudillo extremeño será conocido entre los mexicas como Malintzine, “el dueño de Malintzi”, que era su nombre indígena. Con el paso de los meses, de batalla en batalla, superando peligrosas situaciones, padeciendo hambre, recibiendo heridas y contrayendo enfermedades, llegan a la más profunda relación entre hombre y mujer, concibiendo Cortés un hijo con Malinche o doña Marina.


Malinche hablaba el náhuatl como idioma materno y el maya por su esclavitud en Tabasco, de modo que era un filón lingüístico.


Malinche ya no era una esclava y concibe un hijo del extremeño con el nombre de Martín Cortés. Hijo que se mantiene al lado de su padre en los peores momentos de su vida y se encargará de enterrarlo en el mejor sitio que pudo. Al morir, cerca de Sevilla, en la casa de su amigo el jurado Juan Rodríguez de Medina, en Castilleja de la Cuesta, será sepultado en el panteón o cripta familiar del VI Duque de Medina Sidonia, en el monasterio de San Isidoro del Campo, en el pueblo de Santiponce. Los restos del derruido monasterio e iglesia todavía podemos verlos desde la carretera hacia Sevilla, a mano derecha. Después se encargaría de llevarlo a descansar eternamente en la ciudad de México, como así lo había mandado en su testamento: volver de regreso a su México querido y descansar eternamente en el convento de las monjas de Coayacán.

Pero doña Juana de Zúñiga, su segunda mujer, a la muerte de su marido regresa a España y deja sin construir el convento, pasando de las mandas del codicilo de Cortés. Algunas se lo pusieron difícil al conquistador. Actualmente, a pesar de todos los avatares que sus huesos han sufrido en estos siglos, nada menos que nueve exhumaciones, he logrado contar, está enterrado, finalmente, después de pasar por la iglesia de San Francisco de Texcoco, en la iglesia que mandó construir y donde permanecen sus restos en una hornacina a la izquierda del altar mayor de la iglesia de Jesús. Iglesia que, a pesar de todas las turbulencias pasadas y presentes por los mexicanos camino de su independencia, se mantiene abierta al público y se celebran los actos religiosos habituales, permaneciendo unida al hospital de Jesús Nazareno conocido previamente como de la Purísima Concepción. Hospital e iglesia que siguen funcionando, ininterrumpidamente, después de más de quinientos años en la ciudad de México.

Malinche, o doña Marina, fue una gran mujer.
Malinche, o doña Marina, fue una gran mujer.

UTILIDAD DE LOS INTÉRPRETES

La utilidad que Hernán Cortés saca de los dos intérpretes, el binomio Aguilar-Malinche, es bien conocido. Sin ellos, traduciendo del náhuatl al maya (Malinche) y del maya al castellano (Aguilar), pudo entenderse, especialmente, con Moctezuma, y conseguir llegar al corazón de Imperio mexica, conquistándolo y capturando vivo al emperador, sin apenas derramamiento de sangre y con poco más de cuatrocientos hombres. Lo cuenta Díaz del Castillo, que la desproporción siempre era tremenda entre los incontables indios y las escasas fuerzas de Cortés. Considerado un fiel cronista sobre el terreno, no tenemos dudas de sus cifras: “había para cada uno de nosotros trescientos indios”.


“No resulta exagerado decir que ella fue la llave que abrió las puertas de México a los españoles”.


Valoramos la comunicación establecida por Cortés con los mexicas como una afortunada, providencial y provechosa organización de traducción simultánea, sin la cual no hubiera sido tan rápido y seguro llegar y derrotar al imperio de los mexicas, amén de otras circunstancias mágicas y del arte de la guerra. A la manera tan diferente -refiere Ramón Tamanes- del comportamiento de los ingleses en la costa este, que tardaron casi un siglo en atravesar los Apalaches hacia el oeste. El ejemplo es contundente para valorar aún más la estrategia de Cortés, un gigante de la historia.

Este binomio traductor, es reconocido como especialmente importante en la conquista y desarrollo de los acontecimientos, en la ruta o camino de Cortés hacia la capital del imperio mexica. “Por ello, no resulta exagerado decir que ella fue la llave que abrió las puertas de México. Pieza clave para la conquista, y que, en su día, fue altamente respetada por los caciques, al punto en que Bernal dice que estos, al no poder pronunciar el nombre de Cortés, por no existir la letra erre en la lengua náhuatl, lo hacían llamándolo Malinche. Esto es, el capitán que acompaña a la señora Malintzin” (Juan Miralles).

Hernán Cortés no tiene problemas para recibir a todas las mujeres con que le obsequian los caciques en su ruta al corazón del tenebroso imperio mexica. No hace ascos a nada -comento en mi historia clínica de Hernán Cortés- ni a su interesado e impuesto primer matrimonio con Catalina Juárez, hermana de la barragana del gobernador de Cuba Diego de Velázquez. “Una mujer celosa y difícil con la que no tiene hijos y con quien pasa en Cuba cerca de diez años”, cuentan los cronistas. Mujer que muere en sus brazos por un ataque de asma nocturno; pero, para unos y para otros, a manos de su marido después de una fiesta, tras una disputa por los celos de ella. Menos ascos hacía con las indias de Cuba o de México, con las que tuvo varios hijos mestizos. Como aconteció con la sobrina del Cacique Gordo de Cempoala, que -como dice Bernal- era muy fea.

IMPORTANCIA DE DOÑA MARINA

El Lienzo de Tlaxcala dibuja la importancia de doña Marina, la lengua, al lado derecho de un Cortés en el sillón del poder. El perdido códice colonial tlaxcalteca, cuya copia la podemos ver en la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia de la ciudad de México, recrea la importancia de esta mujer mexicana, atrapada entre dos mundos, dos mundos de hombres terriblemente machistas. Algunos han querido ver en la figura de Malinche, una apuesta por el feminismo.

Malinche, con el tiempo, cobró más espacio en su trato con Cortés, al conocer y hablar el español. Ya no necesitaba la traducción de Aguilar y éste fue eclipsado por esta noble mujer mexicana.

Finalmente, Marina, será entregada a un nuevo español, casándola con Juan Jaramillo, capitán de las huestes de Cortés, del que tuvo una hija. Hija que estará al lado de su madre hasta su muerte, al ser rechazada por Jaramillo diciendo que se casó con él por el interés.

Después del viaje de Cortés a Las Hibueras (actual Honduras), Marina, la lengua, también pierde interés en la vida de su capitán y gobernador de México, según parece, al tener esa hija de su marido, el hidalgo Juan Jaramillo, María, llegando con rapidez el eclipse de la primera mujer conocida como traductora en la historia americana. Cortés, a nuestro criterio, venía padeciendo de una especie de depresión que le hizo terrible el viaje, y quizás fuera uno de los motivos de su rechazo (Curado).

Para Fernando Díaz-Plaja en su ensayo sobre algunas mujeres destacadas de la historia, Malinche cobra un especial protagonismo y el autor nos cuenta el final dramático de su vida como si fuera un cuento de hadas. Fernando narra también el encuentro fortuito de Malinche con su familia: “Entre los caciques de Guazacualco que acudieron por orden de Cortés a mostrar su sumisión, aparecieron la madre y el hermanastro de doña Marina, aquella por los que ella fue entregada a extraños”. Bernal Díaz del Castillo recoge el episodio de manera sencilla, como todo en su historia: “Por manera que vino la madre y su hijo y el hermano y se conocieron que claramente era su hija porque se la parecía tanto. Y tuvieron miedo de ella que creyera que los enviaba hallar para matarlos y lloraban”.

El temor era lógico, dice Fernando, “pero doña Marina les consoló y dijo que no hubieran miedo que cuando la traspusieron con los de Xicalango que no sabían lo que hacían”. Y, termina, dándoles joyas y ropa y les devolvió a su pueblo.

La influencia de Malinche llega a su final. De puntillas sabe salir del centro del poder. La guerra ha terminado. La caída del corazón del imperio cierra una fase de la historia mexicana. El último acto público en este escenario fue el encuentro con su familia.

EL ESPAÑOL, IDIOMA DE MÉXICO

El español era ya el idioma de México. No hacían falta traductores. Su brillo decaía y todo lo que había conseguido por Cortés pasaba a otra parte. El puente entre dos mundos, entre dos civilizaciones, terminaba. Para unos, su papel será realzado; para otros será condenado, considerada como una traidora a la patria en tiempos de la independencia de México por los descendientes de los españoles. Idea errónea, como dice el mejicano Federico Navarrete Limares, pues la patria en su tiempo no existía y los mexicas eran sus enemigos.

Un regalo exquisito, lo considera Juan Eslava al tratar el papel de Malinche en su obra sobre la conquista de América, para escépticos. No cabe duda de que el ramillete de esclavas donde estaba ella fue el mejor regalo que le pudieron dar a Cortés y los suyos. Cortés muere antes que Malinche.

Considero que Malinche fue una de los más de 100.000 nativos que ayudaron a la conquista de México. Ella fue la mejor ayuda que los españoles recibieron; una indígena, que como los miles de tlaxcaltecas y otros pueblos enemigos de los mexicas, fueron capaces de ayudar a los españoles a acabar con el poder de los feroces guerreros del imperio. Por este singular apoyo de españoles e indios, se ha acuñado una feliz expresión, donde el papel singular de Maliche cobra un especial significado: “La conquista la hicieron los indios y la independencia, los españoles”.

El autor, a la entrada del recinto del musical.
El autor, a la entrada del recinto del musical.

(Blas Curado es psiquiatra, escritor, Académico de la Ilustre Academia de Ciencias de la Salud Ramón y Cajal, y Premio Dr. Gómez Ulla).

SOBRE EL AUTOR

Blas Curado García, prestigioso psiquiatra, articulista y escritor, nuevo colaborador de PROPRONews

El ilustre psiquiatra Blas Curado, Premio Doctor Gómez Ulla 2019 a la Excelencia Sanitaria

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