viernes, 2 diciembre, 2022
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El maristán de Granada, un hospital musulmán de locos del siglo XIV

Un nuevo capítulo del libro inédito “La vuelta al mundo en 80 manicomios”, de nuestro ilustre colaborador Blas Curado

El maristán granadino fue una institución sanitaria fundada en el siglo XIV por el sultán nazarí Mohamed V como hospital de pobres y luego destinado a manicomio. Posiblemente, esta de Granada sea la única institución sanitaria de su tipo de Al Andalus. La noticia de su rehabilitación me ha sorprendido, llenándome de alegría. Mi pesadumbre cuando lo visité, hace ya más de siete años, la dejé anotada en mi libro La vuelta al mundo en 80 manicomios (inconcluso con esto de la pandemia). Ahora quiero, con este texto sobre el maristán granadino, reencontrarme con uno de los hospitales de locos más queridos de mis andanzas tras la vesania.

Blas Curado García.
Blas Curado García.

Granada.-

Mi querido amigo Fernando Díaz Plaja, ya fallecido, en la crónica de La vida cotidiana de la España Musulmana, viene a confirmarlo: “Ningún indicio poseemos de que existieran en la España califal hospitales públicos […] Hay que llegar al siglo XIV y a los Nasaríes para que una inscripción fundacional conmemore, por primera vez, la creación en Granada de un hospital destinado al tratamiento de los enfermos musulmanes menesterosos”.


En el patio de este hospital, un estanque o alberca se llenaba con el agua que salía por la boca de dos leones.


El maristán se construye con retraso respecto a los conocidos en otras partes del mundo islámico. En España se conoce su existencia en Valencia y Zaragoza, por el siglo XII, pero sólo el de Granada es datado de forma certera y encontrado sus restos. Se sabe de la existencia de los manicomios de Fez, Damasco, Bagdad, El Cairo, Alepo, Antioquía, Jerusalén, por el siglo VIII, muchos años antes que el de Granada; por ello decimos que es ya tardía su construcción. El de Bagdad se conoce por el viaje de Benjamín de Tudela, en el siglo XII, y dice así: “Allá (en Bagdad) hay un gran palacio, que se llama Bar-el-Morestan (pero debe decir: Dar-el-Maristan), es decir, un palacio en el cual se sujeta y tiene recluidos a todos los locos (Meschugoim) que se encuentran en verano. A cada uno se le sujeta con cadenas de hierro, hasta que vuelven a la razón, y entonces se les suelta y cada uno marcha a casa; después, cada mes, son visitados por oficiales del rey; si han vuelto a la razón, se les pone en libertad y toman su camino. Todo esto hace el rey por caridad hacia todo el que va a Bagdad, sea enfermo o delirante; pues el rey es un hombre piadoso y su propósito, en ello, es bueno”.

El palacio y el patio de los Leones fue una de las obras culmen de la Alhambra, mandados construir por Muhammad V. WIKIPEDIA
El palacio y el patio de los Leones fue una de las obras culmen de la Alhambra, mandados construir por Muhammad V. WIKIPEDIA

Y el de Fez, por la novela histórica de Amin Maalouf, León El Africano, que tiene un capítulo dedicado al maristán, titulado: “El año del maristán”; hospicio de la ciudad de Fez, en Marruecos, que nos describe el personaje, con datos fidedignos al trabajar en él: “Las únicas personas de la ciudad que están en el hospicio son los locos, a los que se reservan varias habitaciones. Por temor a que cometan algún desmán, se los tiene siempre con los pies encadenados. Su pabellón está situado a lo largo de un corredor cuyas paredes están reforzadas por gruesas vigas y sólo avezados guardianes se atreven a acercarse. El que les da de comer va armado de una gran tranca y, si ve que uno de ellos está soliviantando, le administra una tunda que lo calma o lo deja sin sentido”.

El maristán, bajo la Alhambra. MARY-CHEL
El maristán, bajo la Alhambra. MARY-CHEL

CONSTRUCCIÓN Y ACTA FUNDACIONAL

Años antes, bajo Mohamed V, en 1356, se inicia la construcción del maristán granadino y se termina en el año 1367, siendo derribado en el 1844. Del asilo árabe se conserva una lápida que había sobre su portada, portada de la que se conoce una reproducción y los planos de su edificio. Como curiosidad, recogemos la existencia, en el patio de este hospital, de un estanque o alberca que se llenaba con el agua que salía por la boca de dos leones. Leones que fueron colocados frente a la torre de las Damas de la Alhambra, en el Palacio del Partal, y que en la actualidad los hemos encontrado en el Museo de la Alhambra. Se encuentran en la penúltima sala (sala IV). Leones que se pueden ver desde el exterior, desde el patio circular del Palacio de Carlos V en la Alhambra. En esa misma sala está, en un lateral, en la pared de la izquierda, la lápida fundacional del manicomio musulmán.


Después de su abandono y destrucción, el hospìtal nazarí ha vuelto a la vida y dentro de unos meses podrá ser visitado.


El maristán de Granada se conoce, como decimos, por la lápida fundacional que existe y ha llegado hasta nuestros días. Hoy, como hemos explicado antes, está colocada en el Museo de la Alhambra, en su IV sala, necesitando toda una pared por sus grandes dimensiones: de 197,5 cm de alto por 95,5 cm de ancho. Es una losa de mármol blanco de dos piezas, una inferior rectangular y otro superior de forma de arco apuntado, estela en forma de puerta en arco en herradura apuntado. Refiere Mariana Kalaitzidou: que la “losa presenta, además, una rotura longitudinal en su zona intermedia, lo que no impide leer el texto epigráfico que la acompaña”. Es una inscripción en relieve en 26 líneas desiguales, escrita en cursiva, con pequeños motivos vegetales entre las letras en los espacios que dejan libres los trazos de las mismas.

Dice el texto, según la traducción de Acién Almansa: “Loor a Dios. Ordenó la construcción de este maristán como nuestra amplia misericordia para con los más débiles enfermos musulmanes y como acercamiento útil -si Dios quiere- al Señor de los mundos, perpetró su buena obra que habla en la lengua elocuente y realizó sus deberes de caridad para el transcurso y sucesión de los años, hasta que Dios herede la tierra y aquello que está en ella, pues Él es el mejor de los herederos , el señor, el imán, el sultán, el héroe, el grande , el ilustre, el puro, el victorioso, el más feliz de su gente en su gobierno, el primero de ellos en abalanzarse en la senda de Dios, el detentador de las victorias, de las acciones favorecidas por Dios y de la magnanimidad, el que recibe la asistencia de los ángeles y del espíritu, el defensor de la tradición, el refugio de la religión, el príncipe de los musulmanes, al-Ganï bi-lläh Abü Àbd Alläh Muhammad, hijo del gran señor, el célebre, el sultán ilustre y el elevado, el combatiente por la fe, el justo, el magnánimo, el feliz, el mártir, el santificado, el príncipe de los musulmanes Abü I-Ha^y^yä^y, hijo del señor, del sultán ilustre, el célebre, el grande, el magnificado, el victorioso, el que derrota a los politeístas y subyuga a los infieles injustos, el feliz, el mártir Abü I-Walïd ibn Naçr al-Ançärï al-Jazra^yï. ¡que Dios le otorgue la aprobación de sus obras y su cumplimiento, por su favor completo y la recompensa amplia de sus esperanzas! Por ello realizó una buena obra que no tuvo precedente desde la introducción del Islam en este país, por ella agregó un bordado de gloria al excelente manto de guerra santa y buscó la faz de Dios, deseando la recompensa, pues Dios es el poseedor de la gracia inmensa. Él ha preparado una luz que vaya delante y detrás de él “el día en el que no sean útiles ni riqueza ni hijos salvo presentarse a Dios con un corazón íntegro”. Y, “tuvo lugar el comienzo de su construcción en la decena de mediados del mes de muharram del año setecientos setenta y siete (27 de septiembre – 8 de octubre de 1365), y se terminó lo que se propuso, para lo que asignó legados píos, en la decena de mediados del sawwäl del año setecientos setenta u ocho (9-10 de junio de 1367). Dios no descuida la recompensa de los que realizan buenas obras ni frustra el esfuerzo de los benefactores. Salve Dios a nuestro señor Muhammad, sello de los profetas, a su familia y a sus compañeros, todos” (no hemos podido reproducir exactamente la ortografía árabe).

Uno de los dos elementos de la lápida fundacional del hospital. MARY-CHEL
Uno de los dos elementos de la lápida fundacional del hospital. MARY-CHEL

EL HOSPITAL VUELVE A LA VIDA

Parece ser que la lápida fundacional estuvo en la fachada del maristán unos 150 años, y permaneció durante el tiempo que fue portada de la Casa de la Moneda o Ceca, según el dibujo que realiza de ella J. D. de la Rada y Delgado. Posiblemente, por el año 1502, la ceca fue creada por los Reyes Católicos, y supuso la primera destrucción parcial del maristán. Numerosas vicisitudes ha soportado el manicomio nazarí hasta nuestros días, su abandono ha sido total, curiosamente, cuando más se sabe de la historia y existe más sensibilidad cultural y económica en el país. Han pasado los años, nada menos que siete años desde que fuimos a Granada buscando sus manicomios. En estos años el hospìtal nazarí ha vuelto a la vida, dentro de unos meses podrá ser visitado, según cuenta el diario Granada Hoy. Estaremos allí y en nuestra ruta manicomial será uno de los centros que más he disfrutado en su localización e historia.


Los frailes mercedarios descalzos del Convento de Belén, vendieron el edificio para bodega o almacén de vinos.


El edificio perteneció a los frailes mercedarios descalzos del Convento de Belén, que lo venden a un tal José Merchante para una bodega o almacén de vinos. Adaptado a ese menester y a las cuadras de los animales que se usan para su distribución, el maristán sucumbe. Por esa época se le echa un nuevo piso sobre los restos del primitivo suelo, y con el tiempo pasará a ser casa de vecinos, como las que hemos visto en la actualidad en su lado Este, lado colindante con la calle Concepción Zafra, cerca de la casa de Zafra, antes lindera. Ahora la Casa le separa una calle del hospital, calle que antes no existía. Más tarde, el hospital será cuartel y presidio, hasta que el Ayuntamiento de Granada autoriza su derribo por el año 1843. Tal derribo en parte se lleva a efecto y la zona o ala Norte y lado Oeste son derribados y con sus escombros se eleva el suelo un metro de altura. En su lugar se construyen casas de poca consideración, que han desaparecido, gracias a Dios.

Su orientación es Norte-Sur; por el lado Norte se situaba la fachada del maristán, que da a la calle Portería de la Concepción, lindando con el convento-museo de la Concepción, museo que se extiende hasta la Plaza de la Concepción. Por el Oeste linda con la calle de El Bañuelo (Baño del Nogal), y con la casa de El Bañuelo Tenteria, denominado así por su reducido tamaño en relación a otros baños públicos de la ciudad. Al Sur, con casas de vecinos que dan a la Carrera del Darro, frente a los restos de la puerta de la ciudad que daba entrada al barrio de Axares o del Bajo Albaicín o ladera sur de la colina del Albaycín, por el río Darro, junto a la que fue Puerta de los Tableros, conocida como Puente de Cadí o Qadí. Todo ello bajo la jurisdicción de la parroquia de la iglesia de San Juan de los Reyes, que queda un poco más arriba, subiendo la colina.

Hemos subido y bajado por esas escarpadas calles, llenas de escalones que resbalan como demonios debido a la cera acumulada de la Semana Santa. Era peligroso andar por ellas y sin saber dónde se encontraba el maristán. Los vecinos no conocen su existencia y en el plano que manejamos de la ciudad, editado por el Ayuntamiento, no está indicado, y, para colmo, nada saben del manicomio en el punto turístico de la Carrera del Darro. Esperamos que ahora se subsane la falta de información que padecí y que con paciencia y suerte logré visitarlo.


El hospital ocupa 1.015 metros cuadrados y está situado en la margen derecha del río Darro.


La suerte es nuestra aliada, fortuna que nos lleva a entrar y preguntar en unos apartamentos turísticos, a la altura de la Iglesia de San Juan de los Reyes. Tenemos el destino de cara, su administradora, Ana Raczkowski, localiza a su jefe que sabe del Albaicín un rato largo y no duda en darnos la dirección correcta. Habíamos pasado de largo por su puerta un rato antes, era una cancela metálica típica de las obras, sin indicación alguna y que lo oculta a nuestro paso, al lado de la célebre casa de Zafra. La situación de colina beneficia la posibilidad de realizar las fotografías desde un alto, y encaramada a una verja del convento-museo lindero, mi fotógrafa de campaña, Mary-Chel, consigue inmortalizar los restos del maristán.

Desconocíamos el blog de Miguel Castillo sobre el legado nazarí; habría sido más fácil. Recoge Castillo una hipotética reconstrucción del maristán de Granada y la réplica de la portada que se encontraba en el Museo Arqueológico Nacional en Madrid, antes de la guerra civil. Museo que hemos visitado, en una de las muchas estancias en Madrid y, lamentablemente, nada saben del tema, en el centro de información.

Los dos leones del estanque del hospital están hoy en el museo de Granada. MARY-CHEL
Los dos leones del estanque del hospital están hoy en el museo de Granada. MARY-CHEL

SIETE MÉDICOS

Cuentan que el maristán disponía de una plantilla de siete médicos, de los cuales cuatro son especialistas, uno de ellos en demencias. El piso superior estaba dedicado a las mujeres y el inferior a los hombres. Tenía sala de consultas externas o ambulatorio atendido por tres médicos, lavandería, cocina y almacenes, y con una farmacia servida por tres drogueros, donde se trabajaban los sedantes como el acónito o cáñamo y la nuez índica.

La lectura del libro de mi compañero de profesión, José Luis Gastón Morata, El perfume de bergamota, me sirve de introducción a la visita del maristán. El extracto de Bergamota que, como curiosidad, entra en la composición del perfume Amor y Psique”, de la novela de tanto éxito, El perfume de Patrick Süskind (algo de esta novela tiene la de Gastón Morata), tóxico que no he logrado localizar en el curioso texto de Alfonso Velasco Martín: Los venenos en la literatura policíaca. Veneno que actúa, parece ser, sobre el metabolismo del potasio, bloqueando su absorción intestinal. Curiosamente, encuentro ecos de un recuerdo lejano de la leyenda de Heracles, en la novela de Gastón Morata, por la forma de envenenamiento y el uso de la túnica como el vehículo portador de la pócima mortal. El héroe griego encarga una nueva túnica a su mujer Deyanira, al destrozar la que llevaba en la lucha contra el rey Éurito, para estar presentable en el festín de la victoria. Los celos encuentran la ocasión de actuar; Deyanira los siente de Íole, y en la nueva túnica derrama la sangre del centauro Neso, presentada como una pócima de amor; todo lo contrario de lo que resulta: la sangre del centauro, muerto en combate con Heracles, resultó un veneno mortal, que pasará a su piel al ponerse la túnica, quemándole. No muere por la venganza del veneno nesoniano, pero ante la situación terrible que le ha dejado, pide que le maten abrasado en la pira que lo consume. Su mujer se suicida por ahorcamiento o apuñalada, por las consecuencias de sus celos y la grave equivocación (engaño) de considerar el veneno una pócima de amor. No cabe duda de que hay amores que matan.


El manicomio debió de albergar a unos doscientos locos y locas en sus ocho naves y cincuenta celdas.


La descripción del maristán, que realiza Gastón en su novela, es idéntica a la reseñada por Miguel Castillo, años más tarde, ubicando la cocina, farmacia y demás dependencias del manicomio, como lavandería, almacén de alimentos, menaje del hospital y material de curas, en el subterráneo, así como en uno de los ángulos del hospital existía una pequeña habitación destinada a depósito de cadáveres. Gastón Morata viene a decir que en ese depósito se realizaban autopsias, aunque estuviera prohibida por las autoridades religiosas. Del hospital, como manicomio, no lo refiere en su novela, sólo al final, en notas del autor, no muy convencido, explica: “ y sí como parece demostrado, su asistencia se dedicó a los enfermos mentales, fue el primer manicomio europeo”.

Buscando por aquellas calles empinadas. MARY-CHEL
Buscando por aquellas calles empinadas. MARY-CHEL

LOCOS Y LOCAS

La historia del hospital ha sido muy fecunda, desde su fundación por el sultán nazarí Muhammad V, en 1365, en Granada, en la ladera meridional de la colina del Albaicín o Bajo Albaicín, en el barrio de la Coracha, cercano al río Darro, que Delgado Roig, lo denomina “el arrabal llamado del placer (Haxaxir)”. La estructura de la calle de esta zona del maristán perdura invariable en el tiempo, con la diferencia que su nivel es 1,6 metros más elevado que el antiguo. Hospital abierto a todo tipo de enfermedades y enfermos musulmanes, se mantenía con fondos propios generosos que el sultán había destinado a su mantenimiento y construcción. Cumple el maristán de Granada con los principios de los hospitales del oriente: control y centralización de la administración de la medicina, la formación de los médicos y los enormes recursos en forma de habices instituidos con destinos a los enfermos hospitalizados.

Nos informamos que la inscripción fundacional es semejante a la que existe, casi contemporánea, en la Puerta de la Justicia de la ciudad de Granada. El hospital ocupa más de 1.015 metros cuadrados y está situado en la margen derecha del río Darro, según lo remontamos colina arriba, en el lado izquierdo. El maristán disponía de dos niveles y en el centro de sus lados mayores, una escalera que daba acceso a la planta superior. La construcción era a base de pilares de ladrillos y zapatas de madera; la misma construcción que se pude ver en el Corral del Carbón, que visitamos para hacernos una idea, y para ello, hemos cruzado, sin saberlo, para llegar a él, el antiguo Puente del Carbón, que ahora es una pequeña calle, y al fondo está el llamado Corral del Carbón, antigua alhóndiga de trigo musulmana, del siglo XIV.

En el maristán, se supone, que los hombres estaban separados de las mujeres; los hombres en la planta de abajo y las mujeres en la de arriba. Las fuentes literarias, menos científicas, pero que la historiografía actual tiene muy en cuenta -como la obra de Las Mil y Una Noches-, no citan para nada a las mujeres locas; es muy curiosa esta carencia informativa, ni tampoco la novela de Gordon, El médico. Lo mismo ocurre con la descripción que realiza Ibn al-Jatïbas del maristán de Fez que hemos visitado.

Las habitaciones del maristán eran pequeñas, de unos seis metros cuadrados, con los enfermos hacinados, unos cuatro por habitación. Se calcula que el manicomio albergaría unos doscientos locos y locas, en las ocho naves y cincuenta celdas que se supone sería su capacidad. Lampérez lo describe así: “un plano rectangular con dos pisos, y su disposición era un patio central con pórticos en los cuatro lados y sendas crujías. Detrás había un vestíbulo de ingreso, cuatro escaleras y cuatro salas en los ángulos. Los pórticos y las galerías eran los paseos de los enfermos convalecientes, y en las crujías estaban, probablemente, las enfermerías. En el centro del patio había un gran estanque que acaso sirviera de baño a los acogidos. El agua salía de la boca de dos leones, que hoy están colocados frente a la Torre de las Damas, de la Alhambra”. Sigue diciendo el señor Lampérez, que la existencia de una serie de espolones en una de las salas, dejaban entre sí espacios como de pequeñas celdas. Seguramente, en estas celdas, se encerraban a los enfermos violentos o excitados, como hemos leído en uno de los cuentos de Las Mil y Una Noches, cuando encierran al pobre protagonista en el hospital de locos.

Por la boca de dos leones salía el agua que llenaba el estanque del hospital. MARY-CHEL
Por la boca de dos leones salía el agua que llenaba el estanque del hospital. MARY-CHEL

MANICOMIOS DEL PASADO

Ullersperger, viene a considerar que el “Moristan de Mohamed V no difería mucho en su traza de los manicomios construidos en España en los siglos XV y XVI, y los subsiguientes de Europa. Acaso tampoco existía gran diferencia en el régimen de asistencia de los enfermos, pues en el manicomio de Granada, primer edificio construido a este fin en España, que sepamos, se inicia un esbozo de aislamiento y balneación de los enfermos, cuya utilización en los tiempos modernos tanta importancia tiene”.

No sabemos si por su magnificencia o por ser el único maristán de al-Andalus conocido, ha pasado a la historia; sin embargo, su existencia ha dejado muy pocos documentos históricos que acrediten su funcionamiento. La arqueología ha venido a llenar ese vacío. A nuestro criterio, según hemos deducido por la información sobre las ideas musulmanas de la época, la falta de documentación puede ser debida a que, desde el punto de vista religioso de los musulmanes, los locos no requerían estar encerrados para su curación. La historia no confirma esa premisa, sino todo lo contrario, y la misma literatura lo ha trasmitido de forma clara y contundente: la necesidad de ingreso en el hospital de locos de enfermos potencialmente peligrosos; o como en el caso que recogemos a continuación, por su violencia: “le ataron de pies y manos, y enviaron a uno de ellos, a buscar al portero del hospital de locos […] cuando llegó al hospital de locos, le encerraron en una jaula de hierro, como si fuese una bestia feroz, y la primera precaución fue administrarle una paliza de cincuenta latigazos con el nervio de buey” ; como nos cuenta Las mil y Una noches.

Como refiere Ullersperger, “las fundaciones árabes parecen haber nacido de la necesidad pública de ejercer una buena policía sobre estos enfermos”. Sobre esta circunstancia política, conocemos la muerte, por arma blanca, realizada por un esclavo enloquecido del rey de Grananda, Yusuf I. “Por estas necesidades políticas y reales, el sultán lo construye en su segundo gobierno, siendo su reinado el más largo y fecundo de los reyes nazaríes”. Hijo de Yusuf I, era el primogénito, y como siempre las guerras entre hermanos por la herencia son casi inevitables; así ocurrió con el constructor del maristán, que se supone, en el destierro, en la ciudad de Fez, donde el sultán Abu Salim le recibe con los brazos abiertos y donde se beneficia de la influencia benéfica de los hospitales de la ciudad. Ciudad muy importante en la historia de los manicomios. Según su Academia de la Historia el maristán de Fez tendrá una gran influencia en el Valencia del padre Juan Gilabert Jofré.

Refiere un viajero de la época, Juan León Africano, granadino de origen, la imagen de los hospitales de la ciudad de Fez, con gran conocimiento de ellos, pues dice él mismo que estuvo en el de Fez, de joven, durante dos años, oficiando de escriba, con un salario de tres ducados al mes: “Hay en Fez muchos hospitales cuya hermosura no cede a las de los citados colegios y en los que se hospedaba antaño a los forasteros por tres días; y a extramuros de la urbe existen otros no menos hermosos […] Existen en este hospital algunas estancias para locos, de los que tiran piedras o provocan otros daños, encadenándoseles allí y teniéndolos tras cerrojos, con las ventanas enrejadas por ciertos barrotes de una madera muy dura. Hay un guardián que les da de comer y que, si ve inquieto a alguno, lo aplaca con un bastón que siempre porta consigo al efecto. Sucede en ocasiones que, al acercarse algún visitante a estas estancias de los dementes, éstos lo llaman y se les quejan de que, estando ya sanos, los tengan todavía encerados y soportando a diario las maldades de los guardas. Creyendo en sus palabras llegan algunos a arrimarse a su ventana, sintiéndose al momento atrapados por la ropa mientras les llenan la cara de excrementos, pues, aunque hay allí letrinas, los locos vacían sus vientres en la mitad de las alcobas, de modo, que los vigilantes deben andar limpiando de continuo la porquería, así como poniendo sobre aviso a los forasteros de que no se acerquen a tales estancias”.

Seguramente que el sultán lo estudiaría y tomaría nota de ellos, especialmente del manicomio, y quizás, a mi criterio, influenciado por los numerosos granadinos que pasan por la ciudad de Fez. A este tenor, ya hemos leído y comentado lo que sucede con el granadino Juan León Africano que trabaja en el manicomio por dos años; cómo así ocurre con Abü Tammäm Cälib al-Saquerï, granadino también, médico invitado por el sultán de Fez para trabajar en el hospital; y otro médico granadino, Muhanmad Ibn al_Qäsim, quien llega a ser director del hospital de Fez. Todos ellos, estarán en la ciudad árabe, entre los años 1340 a 1353. Años antes de la fundación del maristán de Granada; menos León el Africano que lo hará mucho después de la toma de Granada. La lápida que recuerda la situación del hospital de Fez en plena Medina, que hemos leído en nuestra reciente visita, no dice nada de la posible influencia sobre el maristán de Granada, y sí hace referencia a la ascendencia sobre el de Valencia, como ya hemos comentado. Es curiosa la existencia de baños cercanos a los hospitales, como ocurre en los dos casos que venimos analizando: Granada y Fez.

Fez, cuyo manicomio debió de servir de modelo al de Granada. RTVE
Fez, cuyo manicomio debió de servir de modelo al de Granada. RTVE

LA INFLUENCIA DE FEZ

Su estilo, a nuestro criterio, estaría influenciado por el maristán de Fez, cuyo propósito era asistir a los enfermos tanto físicos como mentales de origen humilde, construido en base a la tradicional arquitectura islámica: planta rectangular que se articula en cuatro crujías dispuestas alrededor de un patio central donde se localiza una alberca que se llena del agua que sale por la boca de dos leones de mármol oscuro enfrentados. El maristán de Fez es de igual forma rectangular, con cuatro crujías, y posiblemente, dónde ahora están los dos árboles enormes del patio, estaría la alberca, hoy desaparecida.

Situar dos leones en un hospital de locos, aparte de que la explicación más plausible sea la del estilo árabe, he pensado otra explicación. Al llamarse en la antigüedad a los locos frenéticos, siguiendo a Constantino el Africano, viajero renacentista del siglo XVI, que padecían un tipo de melancolía sin fiebre, se le llamó leonina, “debido a que los enfermos son fuertes como leones”; posiblemente, los leones del estanque del lugar deriven de esa leonina patología. Esta clasificación de Constantino de las melancolías me sirve para encontrar otra explicación, tal vez inadecuada y de marcada ficción, para la ubicación de dos leones en un maristán, al recordar la fuerza que puede desarrollar un loco en furiosa vesania, y en la necesidad de reducirlo, serían necesarios, al menos, dos leones de guardianes. Como ejemplo literario tenemos, más a mano, la descripción que Gabriel García Márquez realiza en su novela Cien años de soledad, del loco José Arcadio Buendía, que en un estado de agitación psicótica y gran peligrosidad, necesita ser atado a un castaño que existe en el centro del pueblo de Macondo, necesitando siete hombres fuertes para amarrarlo.

“La riqueza decorativa de los muros de este edificio, en especial su notable policromía, impresionó a los granadinos del s. XIX” . La visión y posible visita al maristán de Fez le sirve al sultán, a su regreso a Granada, para la fundación de un maristán en la ciudad, para enfermos pobres y locos; ayudado, extrañamente, por el rey de Castilla Pedro el Cruel. Un sueño benefactor para su ciudad y para él. Su regreso es especialmente importante para la ciudad de Granada, pues manda construir, también, el Patio de los Leones de la Alhambra y la Puerta del Vino.

Hemos deambulado por el Albaicín por la calle más pintoresca y estrecha de la ciudad, y la menos cambiada por el tiempo, según Ian Gibson. Se puede escribir como Albayzín, por los moros que huían de Baeza, o barrio de los alconeros: “Son calles estrechas, dramáticas, escaleras rarísimas y desvencijadas, tentáculos ondulantes que se retuercen caprichosas”. Es la evocación de un poeta enamorado de su ciudad: Federico García Lorca.

Siguiendo el río Darro, disfrutando de su belleza, su colorido, sus espacios llenos de gentes variopintas y de todos los colores, con sonidos de los más remotos países con un clima propicio, y siempre mirando a la Alhambra, es toda una maravilla. Sentados en un restaurante de la zona, hemos pasado un tiempo especialmente grato, mi mujer y yo, en el barrio del placer. Se ha cumplido una premisa importante: nuestro viaje es, para empezar, un viaje de placer. “La función del amante de la poesía no es analizarla sino disfrutar de ella. Así debe ser la del visitante de la Alhambra”.

Debemos recordar lo que dice Boecio sobre la felicidad: “no olvides que cuanto más feliz es el hombre, más ávido de felicidad es, Y si no tiene a mano cuanto desea, se abate ante el menor revés”. Esperamos que no suceda.

Detalle del estado en el que estaba el maristán antes de su rehabilitación. MARY-CHEL
Detalle del estado en el que estaba el maristán antes de su rehabilitación. MARY-CHEL

POR GRANADA

Tenemos concertada la visita a la Alhambra y al Generalife, por la tarde, tiempo de sobra para recorrer la ciudad a lomos de un tren simpático e infantil, lo hacemos. Durante más de una hora vagamos por los barrios y calles estrechas de Granada, recibiendo sus olores del mes de abril, llenos de todo tipo de fragancias, haciendo tiempo para la excursión al rincón más bello de la ciudad: la visita a la Alhambra. Su visita nos conduce al museo, tenemos programada una cita para encontrarnos con los restos del maristán. Los encontramos, como ya hemos comentado aquí, en la sala IV, donde estaban, desde hace mucho tiempo, esperándonos. Lamentablemente no tienen información alguna sobre los restos del maristán a mano del visitante, se quejan de su falta de documentación, pero nos atienden de maravilla; el mundo femenino del museo es especialmente generoso con nuestras necesidades fotográficas. Miramos con la cámara los dos leones de granito gris de Sierra Nevada, que están en medio de la sala llenando la estancia. Son enormes, más grandes que los que rodean la fuente en el Patio de los Leones de la Alhambra. Son dos leones esculpidos que servían de fuentes en los extremos del estanque del maristán, que medía 14 metros por 5; leones enfrentados que llenaban la piscina para delicias de los locos musulmanes de Granada. Antonio Gala, en su libro de viaje a la Granada de los Nazaríes, refiere, que los leones sedantes hoy están en el Partal de la Alhambra, y le dedica un modesto texto al maristán.

El palacio del Partán de la Alhambra lo buscamos con gran curiosidad, me lo encuentro en una fotografía de familia de Lorca, de 1924, con sus hermanas Concha e Isabel y Zenobia, donde se puede ver la alberca y lo dos leones del maristán. Maristán que no encuentro citado entre sus trabajos, y que Ian Gibson no recoge en sus paseos con el poeta por Granada. Los leones están sentados sobre sus patas traseras, plegadas, sobre una base lisa, tallada en el mismo bloque, con unas medidas de 1,30 X 0,56 X 0,13 metros, y en uno de ellos se observa la cañería puesta al descubierto por rotura del talón, por donde llegaba el agua que salía por sus bocas a manera de surtidores. Las cabezas han perdido sus orejas, y una larga melena cubre su cuerpo en forma de bucles. Sus amplias fauces son bien visibles, con grandes colmillos que bordean la salida del chorro de agua que brota de su boca y con una lengua que parece que sostiene el surtidor metálico. La cola se pliega al lado derecho, en el león más grande, y a la izquierda en el más pequeño. El valor simbólico de los leones es bien conocido en el mundo granadino, y centran los espacios aúlicos como el Patio del Palacio de la Alhambra y el hospital benéfico de la ciudad. Leones que aparecen por parejas, potenciando el valor simbólico, funcional y decorativo.

El autor, en el transcurso de su investigación granadina. MARY-CHEL
El autor, en el transcurso de su investigación granadina. MARY-CHEL

La investigación sobre el Corral del Carbón de Granada, antigua Alhóndiga Nueva, que hemos visitado en el centro de la ciudad, en la calle Mariana Pineda, enfrente de la calle Carbón, nos cuentan que se puede encontrar en él una similitud con el maristán, pero con un piso menos. El Corral del Carbón era el nombre dado por los cristianos por hospedarse en él los comerciantes del carbón. Corral que lo refiere en su novela Carolina Molina, Sueños del Albaycin : es un rectángulo con galerías a todos sus lados, con una fachada muy similar a la que encontramos en el dibujo de Rada y Delgado sobre el maristán musulmán, ya comentado, con una fuente en el centro, en vez de la alberca del manicomio. Por puro azar, ese mismo día que recorremos Granada, nos persigue la suerte, en un diario de la ciudad se publica la fotografía del Corral del Carbón como elemento poco conocido por los granadinos, visita obligada dentro del recorrido organizado por la Dobla de Oro.

Refiere Francisco Franco Sánchez, que “del único maristán, u hospital-institución del que se nos ha conservado referencia textual es del de Granada […] Por ello se merece una atención especial; no sólo por su singularidad, sino porque, al menos sobre él nos han perdurado más noticias”. Así lo hemos realizado y vuelvo a Granada… para verlo una vez más y ahora en mejores condiciones.

(Blas Curado es psiquiatra, escritor, Académico de la Ilustre Academia de Ciencias de la Salud Ramón y Cajal, y Premio Dr. Gómez Ulla).

SOBRE EL AUTOR

Blas Curado García, prestigioso psiquiatra, articulista y escritor, nuevo colaborador de PROPRONews

El ilustre psiquiatra Blas Curado, Premio Doctor Gómez Ulla 2019 a la Excelencia Sanitaria

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