Sobrevivir entre Trump, Jamenei y el coronavirus

Un viaje por el Golfo Pérsico, uno de los lugares más conflictivos y peligrosos del mundo

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Nubarrones sobre el Pérsico. En la imagen, el skyline de Dubai. J.M. PAGADOR
Nubarrones sobre el Pérsico. En la imagen, el skyline de Dubai. J.M. PAGADOR

El Golfo Pérsico es hoy uno de los lugares más peligrosos del mundo. El agravamiento de las hostilidades entre EE.UU. e Irán, que no hace mucho causó ataques a petroleros de bandera occidental en el estrecho de Ormuz y más recientemente provocó el asesinato del general iraní Soleimaní, la represalia del ataque de misiles iraníes a bases norteamericanas en Irak, y el derribo por error de un avión de pasajeros que despegaba de Teherán por el propio régimen de los ayatolás, no hacen aconsejable volar o navegar por la región. Si a todo eso añadimos la amenaza creciente del coronavirus y la masiva presencia de ciudadanos chinos en la zona, incluidos los aviones y el barco en los que navegamos, la cosa parecía ponerse todavía más fea. Pero el destino de cada uno no depende de nosotros y nadie sabe dónde le espera el final, teniendo en cuenta, además, que la mayoría del tiempo no pasa absolutamente nada en el Pérsico. Y si pasaba, podríamos tener la primicia sobre el terreno. Así que, allá que fuimos, conjurando aprensiones como las que han tumbado, con mucho menos motivo, el Mobile World Congress de Barcelona.

Golfo Pérsico.-

Volar en estos momentos desde Madrid a los Emiratos y de los Emiratos a Madrid, casi ocho horas de vuelo por trayecto en compañía de numerosos pasajeros chinos -están por todas partes y a mí me caen muy bien, incluso pienso volver a China, país que me fascinó, pero es evidente que ahí está el origen de la epidemia de coronavirus-, con la amenaza latente del contagio, con el peligro, además, de un recrudecimiento de la tensión entre EE.UU. e Irán, y el riesgo de un “error” de alguna de las potencias enfrentadas en el Golfo Pérsico, como el cometido por Irán al derribar hace poco un avión de pasajeros de Ucrania Airlines, es para pensárselo. Como es para pensárselo navegar hoy en un gran buque de una conocida compañía norteamericana por el Golfo de Omán y el Pérsico, donde no hace mucho fueron atacados dos petroleros de bandera occidental, en otro enfrentamiento de los que tienen lugar de cuando en cuando en dichas aguas. Pero los periodistas somos así y, aunque asumimos los riesgos de nuestra labor, normalmente solemos pensar, si no somos aprensivos, que no va a pasar nada. Es más, incluso podemos calcular que, en caso contrario, podremos traer de vuelta una buena exclusiva.


En los sultanatos y emiratos que tienen por vecino en la otra orilla a Irán, la gente vive, sin embargo, con una apariencia de tranquilidad que se asemeja a la absoluta normalidad.


Para nosotros, que solo pasamos ocho días en esta conflictiva región del mundo, es difícil que en tan breve lapso de tiempo ocurra nada significativo. No puede decirse lo mismo de quienes navegan frecuentemente por estas aguas -los pescadores árabes con sus tradicionales dhows que faenan aquí a diario, o los contrabandistas que llevan mercancías de todo tipo en sus lanchas rápidas moviéndose como enjambres de país a país y de costa a costa, o los innumerables petroleros que cruzan constantemente el estrecho de Ormuz en uno y otro sentido-, ni de quienes viven aquí, hombres, mujeres y niños inocentes en sus pueblos y ciudades de los emiratos y sultanatos de la orilla sur, o de las costas iraníes, al norte.

Estrecho de Ormuz, uno de los lugares más conflictivos del planeta
Estrecho de Ormuz, uno de los lugares más conflictivos del planeta

En los sultanatos y emiratos árabes que tienen por vecino, al otro lado del Pérsico y del Mar Arábigo, al archienemigo Irán, la gente vive, sin embargo, con una apariencia de tranquilidad que se asemeja a la absoluta normalidad. ¿Qué puede alterar a pueblos acostumbrados a los rigores del desierto y que llevan décadas soportando invasiones, golpes de estado, guerras, dictaduras, atentados y enfrentamientos de todo tipo? Ni siquiera la sobrevenida amenaza del coronavirus, en plena y nueva crisis entre Trump y Jamenei, parece alterar el día a día de estas gentes. De hecho, vemos más mascarillas en los vuelos y en nuestro barco que en las ciudades grandes y pequeñas que recorremos, incluidas las faraónicas Abu Dhabi o Dubai.

CORONAVIRUS Y MASCARILLAS

Ya en Barajas, antes de despegar, observamos a familias enteras protegiéndose las vías respiratorias del posible contagio. Hay numerosos viajeros chinos, pero también muchos españoles, que tienen miedo al contagio y se protegen. Nosotros llevamos mascarillas en el equipaje de mano, pero no nos las pondremos en ningún momento de la ida y la vuelta, ni a lo largo de los 9 días de vuelos y navegación marítima. La verdad es que la sensación no es de peligro y muchos otros viajeros hacen como nosotros. Volar o navegar durante horas o días con mascarilla es de lo más incómodo.


Desde la península omaní de Musandam, en el estrecho de Ormuz, vemos pasar petroleros en fila india; al otro lado se divisa la costa iraní.


El vuelo es en un Airbus A380-800, el avión de pasajeros más grande del mundo, único con dos cubiertas desde cabina de mando a cola, capacidad para 850 viajeros y una treintena de asistentes al pasaje, sin contar la tripulación. Volamos con Emirates, una de las cinco mejores aerolíneas del mundo. El colosal aparato de cuatro reactores brilla por su limpieza, la simpatía del personal, la calidad de la comida, las atenciones a bordo, el variado programa de entretenimiento y la amplitud de las plazas, aunque viajamos en clase turista. Es de las pocas compañías aéreas en que las personas altas podemos estirar las piernas.

Sabemos que, tanto a la ida como a la vuelta, en un recorrido de casi 9.000 kilómetros por trayecto, sobrevolaremos los espacios aéreos, o las cercanías de ellos, de países con mayor o menor grado de conflicto, como Egipto, Israel, Yemen, Siria, Irak o Irán. Pero eso mismo hacen diariamente centenares de vuelos de las principales compañías del mundo, sin incidencia alguna.

J. M. Pagador, navegando por el Golfo Pérsico. PROPRONews
J. M. Pagador, navegando por el Golfo Pérsico. PROPRONews

Efectivamente, llegamos a Dubai con la puntualidad de la que suele hacer gala Emirates y, tras embarcar en el puerto en el enorme crucero, en medio de nubes de chinos con y sin mascarillas (lo mismo que los viajeros occidentales), nuestro primer destino es la punta sur del estrecho de Ormuz, la península de Musandam, en el extremo norte de Omán, un estratégico enclave omaní inserto en territorio de los EAU (Emiratos Árabes Unidos), separado del sultanato por una franja de accidentado y rocoso desierto, como una especie de Gibraltar pérsico.

PETROLEROS POR ORMUZ

Por el angosto recodo de agua que podemos ver a nuestros pies desde el enorme promontorio, transitan a diario incontables buques mercantes, especialmente petroleros, a los que vemos pasar casi en fila india. Cerca del 40% del petróleo que se transporta por mar en el mundo pasa por este lugar. De ahí la importancia de que la vía permanezca expedita, una cuestión clave para muchos países occidentales que dependen todavía de este tipo de energía. Por eso, Occidente mantiene una poderosa fuerza aeronaval en la zona, cuyo protagonismo principal corresponde a EE.UU., que dispone de bases o contingentes militares en Irak, Kuwait, Arabia Saudí, Qatar, Bahrein, Emiratos Árabes y Omán.


Ya se está construyendo en Dubai un rascacielos 500 metros más alto que el Burj Khalifa, que tiene 828.


El equilibrio es inestable y los incidentes de 2019 y 2020 (ataques a petroleros occidentales por fuerzas no identificadas que se atribuyen al régimen iraní, derribo por Irán de aeronaves estadounidenses de vigilancia no tripuladas, capturas recíprocas de petroleros por infringir el embargo a Siria o en respuesta a eso, ataques a refinerías saudíes y, finalmente, el asesinato del general Soleimaní ordenado por Trump y la represalia con misiles contra las bases americanas en Irak) han puesto en varias ocasiones a EE.UU. y a Irán al borde de la guerra abierta en las últimas semanas. Pero, en el último momento, el presidente Trump ha dado marcha atrás, como ha ocurrido también varias veces con el régimen norcoreano, en una tendencia trumpiana, que ya hace escuela, de amagar y no dar, pero con el peligro de que el amagado se asuste o enfade y responda, de manera que sea inevitable el conflicto.

Entretanto, EE.UU., con el apoyo de otros países occidentales, ejerce sus funciones de gendarme del Pérsico, con una impresionante presencia naval, que incluye al menos un portaaviones y otros grandes buques de asalto anfibio. Presencia, sin embargo, de lo más discreta, puesto que en nuestra semana de navegación por la zona no vemos otras unidades que los pequeños buques de vigilancia costera de los diferentes emiratos y sultanatos, normalmente atracados en puerto o patrullando las aguas territoriales de cada cual.

Límite septentrional de la península de Musandam, en el estrecho de Ormuz. La otra orilla es Irán. J.M. PAGADOR
Límite septentrional de la península de Musandam, en el estrecho de Ormuz. La otra orilla es Irán. J.M. PAGADOR

Asomados al borde septentrional de la península de Musandam, un enorme promontorio rocoso desde el que se divisa, al otro lado, la costa iraní, uno piensa -es una mañana de tibio sol y unos niños juegan en la terraza de su casa y nos saludan alegremente con la mano, en la cercana localidad omaní de Jasab-, en esta tendencia de los hombres a enfrentarse y a matarse entre ellos.

MASCATE, ABU DHABI

Recorremos en su casi integridad esta península rocosa y visitamos alguna fortaleza construida siglos atrás por los portugueses, ese valeroso pueblo que, entre otros muchos lugares del mundo, llegó también a estos inhóspitos enclaves y dejó huella duradera de su presencia. Después cruzamos el estrecho de Ormuz hacia el sur, para recorrer las costas omaníes y visitar Mascate, la capital del sultanato, donde sorprende el nuevo mercado de pescado, de diseño ultramoderno, que rebosa de buen producto. Los zocos, los cafés y los restaurantes están a rebosar de un gentío que mezcla nativos con innumerables viajeros de todo el mundo, incluidos los chinos. Se ven aquí y allá algunas mascarillas, pero la inmensa mayoría de la gente no las lleva. La sensación de tranquilidad es absoluta en esta bella ciudad costera del tamaño de Sevilla, cuya corniche recuerda la de Casablanca y que conserva un agradable casco histórico exento de los excesos urbanísticos de sus vecinas emiratíes.


El Correo del Golfo es un periódico en español, el único de la zona, fundado en 2012 en Dubai por periodistas de Huelva.


Para visitar luego los Emiratos hay que hacer el camino inverso, desandar el Golfo de Omán hacia el norte y volver a cruzar Ormuz, dejando por estribor las cercanas costas de Irán. La llegada a las grandes ciudades de los EAU es siempre espectacular. A diferencia de Omán o de las ciudades costeras de Irán, el skyline de urbes como Abu Dhabi o Dubai, impresiona. Lo que se ve en ellas, primero en la distancia, desde la mar, y después in situ, recorriendo sus calles, paseando bajo sus rascacielos, es un verdadero muestrario de edificios gigantescos, que compiten entre sí en tamaño, atrevimiento, originalidad y diseño.

Comiendo a bordo rodeado de chinos. PROPRONews
Comiendo a bordo rodeado de chinos. PROPRONews

En Abu Dhabi, además de recorrer la ciudad casi en su integridad, visitamos con detalle la gran mezquita, la mayor de los EAU, cuya grácil silueta destaca sobre el cielo azul gracias al purísimo mármol blanco con el que está construida. Digna de ver también en la ciudad es la sucursal del Louvre, que nos recibe a la entrada de la isla de Saadiyat, en el inmenso distrito cultural. El edificio, construido por la empresa española Grupo San José, es obra del arquitecto Jean Nouvel. En él sorprende la inmensa umbrela en forma de jaima que protege los recintos expositivos, cuyos cubos blancos son acogidos bajo la cúpula como extraños huevos dentro de un inmenso nido puesto del revés, a través de cuya estructura se filtran los rayos del sol como si se tratase del entramado aéreo de un tupido palmeral.

DUBAI YORK

Pero en nuestro periplo por estas costas, inevitablemente, tenemos que hacer parada con más tiempo -dos días- en la capital, Dubai, la Nueva York del Golfo, la ciudad cuyas construcciones desafían todo lo hecho hasta ahora en materia de edificación en el mundo. Aquí, el Burj Khalifa, el rascacielos más alto del planeta, con sus 828 metros de altura, ejerce la fascinación de su radiante esbeltez desde cualquier parte que se le mire. Pero está cerca de perder su trono, porque en la misma Dubai, no lejos de él, se construye ya la Dubai Creek Tower, un nuevo rascacielos que superará los 1.300 metros de altura, es decir, casi 500 más que el Burj Khalifa.

Pero como es lo que hay, y nos gusta subir a lo más alto de los rascacielos de las ciudades que visitamos, por la curiosidad de observar la ingeniería de estos estilizados mastodontes y para poder mirar la ciudad desde las alturas, subimos al piso 125 del Burj, a 450 metros sobre el suelo. El ascensor en el que nos apiñamos varias decenas de personas tarda apenas un minuto en llegar arriba. Primero recorremos el perímetro de la torre, para mirar Dubai en 360 grados. Luego bajamos por la escalera al mirador al aire libre del piso 124 y nos dejamos llevar por la imaginación, divisando a lo lejos las crecientes islas artificiales, algunas ya operativas, con forma de palmera, mientras a más de 300 metros por debajo de nosotros una cuadrilla de operarios limpiacristales asea la brillante piel del rascacielos colgados en el vacío a casi 100 de altura.

El autor, en lo alto del Burj Khalifa, el rascacielos más alto del mundo... todavía. PROPRONews
El autor, en lo alto del Burj Khalifa, el rascacielos más alto del mundo… todavía. PROPRONews

Situados a esta distancia del suelo, y con la frustración de no haber podido subir a lo más alto del Burj, aunque donde estamos equivale a la altura máxima de grandes rascacielos de Pekín, Shanghái o Estambul que ya hemos visitado, se nos vienen a la cabeza pensamientos incontrolados, fruto de la psicosis de riesgo de la zona. La imagen de la Torres Gemelas de Nueva York aquel día fatídico no se borran fácilmente de la memoria.

Debe de tener una intensa vida informativa esta ciudad de más de un millón de habitantes para albergar ocho periódicos diarios, uno de los cuales, El Correo del Golfo, se publicita como el primer periódico en español de Oriente Medio, aunque la verdad es que el primer medio en español de la región es el semanario israelí Aurora, que conocimos en anteriores viajes a Israel y fue fundado hace casi 60 años. El Correo del Golfo es digital, pero lanza una edición mensual en papel que se distribuye en todos los Emiratos Árabes Unidos; fue fundado en Dubai a finales de 2012 por emprendedores periodistas onubenses (El Correo del Golfo, el periódico de la comunidad hispana en Emiratos). Cuando al día siguiente terminamos de recorrer la ciudad, visitamos en la zona antigua la sede de la UAE Journalists Association, la Asociación de la Prensa de los Emiratos. El compañerismo tira, pero es muy temprano aún y el local está cerrado, así que dejamos el encuentro con nuestros colegas emiratíes para otro viaje.

La vida es un riesgo perpetuo que hay que sortear acomodándose cada cual al destino particular de cada uno. Mientras nuestra expedición al Pérsico corre riesgos mayores que los que han propiciado la absurda cancelación del Mobile World Congress -Barcelona no linda con Irán, ni tiene bases de misiles, ni en sus inmediaciones ha sido derribado estos días un avión de pasajeros, ni se ha declarado un solo caso de infección por coronavirus…-, sin que a nadie le pase nada sin embargo, en España murió un hombre al caerle una teja en un pequeño pueblo de Ávila durante el temporal Gloria; otro falleció aplastado en su casa por una pesada plancha de acero de la explosión de la factoría de Tarragona que voló tres kilómetros; y otro perdió la vida en el balcón de su casa, en Málaga, alcanzado por una bala perdida de un tiroteo callejero. Nadie puede saber lo que ocurrirá mañana.

En este viaje, como en tantos episodios más o menos expuestos de la vida, nos atenemos a la filosofía árabe de aceptación de lo que tenga que llegar. Ya dijo Mahoma que “si toda la humanidad se uniera para causarte daño, no te podrá ocurrir nada excepto lo que Dios ha dispuesto para ti”. Lo nuestro han sido dos vuelos de larga distancia y una estadía de ocho intensas jornadas en el Golfo Pérsico. Pero aquí, en ambas orillas de este estratégico enclave, viven millones de personas permanentemente expuestas a lo que pueda resultar de este larguísimo enfrentamiento entre EE.UU. y sus aliados, e Irán. Esperemos que todo eso acabe alguna vez. Entretanto, y siempre, para ellos y para nuestros lectores y lectoras, nuestro saludo de paz en el idioma de quienes nos han acogido tan hospitalariamente estos días: as-salâmu ´alaikum.

(José Mª Pagador es periodista y escritor, y fundador y director de PROPRONews. Sus últimos libros publicados son 74 sonetos (poesía, Fundación Academia Europea de Yuste), Los pecados increíbles (novela, De la Luna Libros), Susana y los hombres (relatos, Editora Regional de Extremadura) y El Viaje del Tiburón (novela, Caligrama Penguin Random House).

SOBRE EL AUTOR

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