Notre Dame es hoy más nuestra

Conmoción mundial y ola de solidaridad con uno de los símbolos clave de la cultura occidental semidestruido por el fuego

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Esplendor antes del incendio. J.M. PAGADOR
Esplendor antes del incendio. J.M. PAGADOR

El incendio que ha destruido parcialmente la catedral de Notre Dame de París ha colocado al mundo ante la evidencia de la fragilidad y transitoriedad de toda obra humana, ha causado una conmoción universal y ha levantado una ola de solidaridad nacional e internacional que hace pensar que el monumento podrá recuperarse en lo posible sin más demora que la que impongan las cuestiones técnicas. Si antes ya lo era para los millones de personas de todo el mundo que hemos visitado el monumento alguna vez, hoy Notre Dame es aun más nuestra.

Con enorme dolor vivimos ayer ciudadanos de todo el mundo el incendio de la catedral de Notre Dame de París. Las primeras noticias que llegaban a los whatsapp de millones de personas en todas partes, incluido el nuestro, eran tan alarmantes como difíciles de creer. Una fake news más, quisimos pensar. Pero, no. Por desgracia, esta vez era cierto. La gran catedral europea, uno de los símbolos más importantes de la cultura occidental en el mundo, estaba siendo devorada por las llamas. El corazón se nos encogió de repente, como si asistiéramos a la destrucción de un ser querido y las lágrimas brotaron de nuestros ojos. Solo recuerdo una emoción igual, cuando vi arder la Baixa y el Chiado en agosto de 1988.


En el corazón de millones de personas de todo el mundo Notre Dame está ligada a la felicidad de visitar París bajo el signo del amor.


Como entonces, los recuerdos se nos agolparon en la cabeza. París –como Lisboa- forma parte del acervo más profundo de quienes tenemos alma viajera y amamos la belleza esté donde esté. Quienes somos ciudadanos del mundo por encima de cualquier excluyente corsé nacionalista, tenemos la fortuna de no sentirnos extranjeros en ningún país y de asumir e interiorizar como nuestra cada nueva peculiaridad descubierta en cualquier parte, aun la aparentemente más exótica o extraña, como cuando viajamos al extremo Oriente.

Las torres se han salvado. J.M. PAGADOR
Las torres se han salvado. J.M. PAGADOR

Pero, París, ¡ah!, París es nuestra casa, nuestro faro, nuestro tesoro y, por uno de esos misterios de la emoción humana, París es también un ámbito que embellece y sublima el amor de sus admiradores. Amarse es también viajar a París, vivir París, perderse en París. Para los, enamorados como yo, amarse es París. Porque cuando una pareja que se ama visita París sucede un fenómeno mágico y, de pronto, solo pisando el histórico suelo de la ciudad, es como si ese amor creciera y se hiciera más hermoso y atemporal, menos pasajero, más eterno.

Por eso París alegra tanto y, a veces, puede doler tanto, como hoy nos duele la enorme herida infligida por el fuego a nuestra amada Notre Dame. Viendo las llamas devorando el maravilloso monumento se agolparon en nuestra cabeza multitud de recuerdos de París, incluidos los vividos en su catedral y en su bellísimo entorno. De repente nos preguntamos qué habrá sido de tantas imágenes, como la de la popular Virgen de los Estudiantes, del siglo XVII, y de tantos tesoros, obras de arte y reliquias que guardaba la catedral, muchas de las cuales parece que se han salvado.

El rosetón frontal parece intacto. J.M. PAGADOR
El rosetón frontal parece intacto. J.M. PAGADOR

Sirvan estas líneas y estas imágenes del esplendor de Notre Dame anterior al incendio como nuestro particular homenaje a tan maravilloso monumento en el peor momento de su centenaria historia, como muestra de solidaridad con el pueblo francés, tan afectado por esta desgracia, y como signo de esperanza en una pronta y total recuperación de este emblema que nos pertenece a todos desde lo más profundo del corazón.

(Reportaje fotográfico del autor).

(José Mª Pagador es periodista y escritor, y fundador y director de PROPRONews. Su último libro publicado es la novela El Viaje del Tiburón – Caligrama Penguin Random House).

SOBRE EL AUTOR

José Mª Pagador y Rosa Puch, casi 100 años de periodismo

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