Muchos consideran a Cervantes el inventor de la novela. Es más, si les preguntamos que digan nombres de escritoras anteriores al siglo XIX, y aun al XX, balbucearán si acaso media docena de ellos. Y no sería un problema de incultura, sino, sobre todo, de antropología e incluso de sociología. Porque es cierto que hasta una determinada época de la historia, la presencia de las mujeres en la autoría literaria fue escasa, por no decir ínfima, y más aun en la narrativa. Hoy día eso ha cambiado y las escritoras son legión; la mayoría, muy buenas. A ellas vamos a dedicar en exclusiva esta sección de nuestro periódico. Porque son ESCRITORAS IMPRESCINDIBLES.

Murasaki Shikibu, la primera novelista, según un antiguo grabado japonés.
Murasaki Shikibu, la primera novelista, según un antiguo grabado japonés.

Durante siglos el sistema ha excluido a la mujer de la cultura y de otros ámbitos de la sociedad. Un sistema patriarcal y machista que durante mucho tiempo consideró a la mujer como un ser imperfecto situado por debajo del hombre, hasta tal punto que incluso en sociedades avanzadas de nuestro entorno europeo, no se reconoció el derecho de la mujer al sufragio hasta bien entrado el siglo XX; y en algunas, como en Suiza, nada menos que hasta 1971.

Una mujer, y no Cervantes, escribió la primera novela de la historia.

Que durante milenios no se permitiera a la mujer el acceso a la educación, a la cultura, al trabajo científico, a la creación literaria y artística, a la política y a tantos campos como le fueron vedados, y que, además, ese mismo sistema sin corazón, que las segregaba y las apartaba de todo lo relativo al intelecto y al espíritu humano, encima permitiera, e incluso alentara, el trato degradante y criminal que la mujer viene sufriendo desde la noche de los tiempos, eso que hoy llamamos eufemísticamente “violencia de género”; esa doble injusticia, ese doble crimen representa, sin duda, la peor catástrofe que ha padecido la humanidad desde que el primer homínido empezó a caminar erguido.

HUMANIDAD EMPOBRECIDA

La exclusión de la mujer durante milenios de todos esos campos ha empobrecido a la humanidad hasta extremos inimaginables. ¿Cómo hubiera sido el mundo si todos esos millares de millones de cerebros femeninos hubiesen tenido acceso a la educación, a la cultura y a la ciencia? ¿Qué inventos notables nos hemos perdido, qué obras literarias maravillosas no han sido escritas, qué cuadros magníficos no han sido pintados, qué sinfonías capitales no han llegado a nuestros oídos solo por el hecho de que a la mitad de la humanidad, es decir, a las mujeres, no se les permitió crearlas? ¿Y cómo hubiera sido un mundo gobernado no solo por la testosterona, los egos y los impulsos machos?

Genji Monogatari fue escrita por la japonesa Murasaki Shikibu seiscientos años antes que el Quijote.

No. Cervantes no es el primer novelista de la historia. Incluso a esto se aplica también una dosis de machismo, olvidando que hubo mujeres que escribieron novelas antes que él. ¿Por qué no admitir de una vez que la primera novela de la que se tiene noticia es Genji Monogatari, escrita sobre el año 1000, seiscientos antes que El Quijote, por la japonesa Murasaki Shikibu, cuando se trata de un hecho constatado reconocido por muchos estudiosos?

Pero semejante hito no puede hacernos olvidar que escritores ha habido muchos, demasiados, sin duda, y escritoras, lamentablemente poquísimas. El sistema no lo permitía. Las mujeres no estaban para eso. Y las que escribían, como las que realizaban cualquier otra labor creativa, tenían que hacerlo muchas veces a escondidas, o arriesgando su integridad, o camuflando su identidad bajo seudónimos masculinos. Solo si su posición era elevada, y aun así no era nada fácil para ellas, tenía la mujer alguna opción de dedicar atención a estos menesteres. De la primera escritora de que se tiene noticia, la acadia Enheduanna (circa 2300 a. C.), sabemos que era hija de un rey. Y aun así, es otra excepción.

Primer Quijote traducido al portugués, de la colección de José Mª Pagador. PROPRONews
Primer Quijote traducido al portugués, de la colección de José Mª Pagador. PROPRONews

Es penoso, por pasar a referirnos a las raíces grecolatinas en las que bebe nuestra cultura, que desde Enheduanna tuvieran que pasar mil setecientos años hasta encontrar a otra escritora que haya quedado en la historia. Nuestra Safo griega. Mientras tanto, la nómina de los escritores ha sido y es abundantísima, con la doble agravante de que muchos de ellos ni siquiera merecen figurar en el catálogo, y de que, seguramente, ocupan el lugar que les hubiera correspondido a brillantísimas escritoras que no llegaron a florecer porque la sociedad patriarcal lo impidió.

En el ámbito español y europeo, obviando el siglo de Oro y el Renacimiento, con algunos ilustres, pero siempre escasos, ejemplos de mujeres escritoras que no voy a citar aquí, porque son de sobra conocidas y para no alargarme, no es hasta el siglo XIX cuando la mujer empieza a incorporarse a la creación literaria de forma más nutrida. Luego vendría la gran eclosión del XX y la edad de oro que vive la literatura escrita por mujeres en estos primeros años del XXI.

ESCRITORAS ENRIQUECEDORAS

Mi biblioteca, diseminada entre Sevilla y Cádiz –los libros de toda una vida no suelen caber en una sola casa-, es un lugar sagrado para mí y, sin embargo, mi biblioteca es otra prueba palpable de la injusticia a la que vengo refiriéndome en estas líneas. Hace algunos años, ya en este siglo XXI, sentí un día la curiosidad de constatar qué porcentaje de los libros que he conservado a lo largo de mi vida, más de 6.000, habían sido escritos por mujeres. El resultado fue tan desequilibrado y sentí tanta vergüenza que ni siquiera voy a desvelarlo aquí. Desde entonces dedico prioritariamente mi atención a las escritoras. De cada diez nuevos libros que compro, y compro un buen número de ellos cada año, entre ocho y nueve son de autoría femenina. Leyéndolos, descubriendo nuevas, o rescatando antiguas escritoras que había pasado por alto, me enriquezco de un modo que jamás creí que me satisfacería tanto a mi edad, después de más de sesenta años leyendo. Lo escrito por hombres de obra cimera, desde los clásicos hasta hoy, lo he leído casi todo; o, al menos, lo más relevante. Las mujeres que había leído, sin embargo, aun no siendo pocas, constituyen una minoría en comparación con los autores varones. Así que ahora les toca a ellas.

La literatura escrita por mujeres representa hoy un cambio de paradigma.

En materia de lectura, hace ya algunos años que me propuse dedicar lo que me queda de vida a leer a mujeres prioritariamente. Y lo que he descubierto en estos pocos años, lo que he aprendido, el nuevo enfoque vital que me han dado y me dan, me está haciendo mejor y contribuye en grado sumo a mi enriquecimiento intelectual y emocional, a la mejora de mi escritura, mi conocimiento del mundo, mi equilibrio, mi placer y mi felicidad. Menos mal que he llegado a tiempo. Hubiera sido horrible morir sin haber leído a los centenares de escritoras, sobre todo las actuales, que he tenido la fortuna de descubrir últimamente.

Parte de una de las dos bibliotecas de José Mª Pagador, ésta en su casa de Cádiz. PROPRONews
Parte de una de las dos bibliotecas de José Mª Pagador, ésta en su casa de Cádiz. PROPRONews

En esta sección de PROPRONews vamos a dar frecuente noticia de los grandes libros de la literatura escrita por mujeres de todos los tiempos y de las novedades editoriales debidas a ellas. De Enheduanna y Safo, hasta Angela Carter, Dorothy Parker, Tana French, Carson McCullers, Sara Mesa o Lucia Berlin. Las escritoras han revolucionado siempre la literatura, y ahora más. Hoy, por una obligada cuestión de efeméride y porque la autora simboliza todo lo que la mujer ha sufrido en la historia de mano del hombre, empezamos por Ana Frank.