“Las ratas corren por la penumbra del callejón”

Hemos asistido al espectáculo del bochorno durante demasiado tiempo. Nuestros ojos han soportado situaciones ignominiosas: desahucios de inocentes a cargo de grandes aves de rapiña, ruina de una clase social…

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Abandonaron la penumbra para atacar hoy a cielo abierto.
Abandonaron la penumbra para atacar hoy a cielo abierto.

No quisimos comprender cuando había tiempo. No supimos aceptar que el mundo estaba en crisis, que nuestro pequeño mundo de las ideas, de los conceptos, de los respetos y de los afectos se descomponía velozmente. Que esa sociedad vacua y de un consumo tan progresivo como innecesario en la que nos sumió el egoísmo del Poder habría de conducirnos a una insoslayable desarticulación moral e intelectual, al retorno del más lamentable de los pasados. No quisimos saber ni entender. Nos adentramos o nos adentraron en un ámbito tan tentador como fútil. Y entonces nos alimentaron con el rojo fruto del Edén.

Gregorio González Perlado
Gregorio González Perlado

Todo pareció iniciarse hace más de treinta años. Un tiempo en el que un ministro de Economía, Carlos Solchaga, llegó a decir: “España es un lugar donde cualquiera se puede hacer rico rápidamente”. Esta frase lapidaria y desafortunada pretendía evidenciar el notable crecimiento económico de unos cuantos [acaso los de siempre], aunque para la inmensa mayoría constataba el formar parte de una sociedad débil y confusa en las ideas, desnortada en la ética, deshumanizada. No nos extrañó, pues, que a aquellos momentos encarnados por la ‘beautiful people’ le respondiese entonces, con ironía y dolor, un grupo de jóvenes cantantes, Golpes Bajos, con un par de frases antológicas: “Malos tiempos para la lírica. Las ratas corren por la penumbra del callejón”.

EL CAMINO DE LAS RATAS

Y las ratas siguieron su camino. Durante años corrieron a través de la penumbra. En tan larga senda tenebrosa se acostumbraron a engañar, medrar, especular, lucrarse y parir absolutismos envueltos en supuesta democracia. Se enriquecieron tanto y en tan poco tiempo a costa de los demás que, seguras de su triunfo, años después las ratas optaron por abandonar las tinieblas y salir a la luz. Entonces mostraron sus rostros depurados, sus risas prepotentes, su omnímodo poder. Acudieron a fastos deslumbrantes, se amigaron con nobles y con reyes, con ministros y presidentes. Ocuparon los ‘couché’ de las revistas más populares, mostraron sus mansiones, sus estancias, sus jardines, su batería de indignidades a lectores acomodados en la vacuidad, en vivir para no ser, en existir para no pensar, en soñar para envidiar.


Hoy, avanzado el siglo XXI, las ratas que un día abandonaron la penumbra para especular a cielo abierto, han vestido sus ropas más encorbatadas para pretender convencer de que este país está en peligro, de que es preciso regresar a la unidad de destino en lo universal.


Hemos asistido al espectáculo del bochorno durante demasiado tiempo. Nuestros ojos han soportado situaciones ignominiosas: desahucios de inocentes a cargo de grandes aves de rapiña, ruina de una clase social, empobrecimiento de miles de seres humanos, crecimiento insostenible del hambre, por el egotismo de unos pocos, de cuantos pudieron construir pero se vanagloriaron de destruir, de arruinar al prójimo con lesa impunidad o de colaborar con el poderoso en la destrucción.

Y hoy, tan avanzado ya el siglo XXI [que no es y quizás nunca será ‘el siglo de las luces’], las ratas que un día abandonaron la penumbra para seguir atacando a cielo abierto, han vestido sus ropas más encorbatadas, adoptado sus rictus más descarados para pretender convencer incluso a los más desfavorecidos, a los que ellos mismos empobrecieron, de que este país está en peligro, de que es preciso regresar a la unidad de destino en lo universal. Tras de ello, cobardes e inhumanas, las ratas han optado por cabalgar a lomos de los desheredados. Pretendiendo impregnar de indignidad nuestros caminos, buscan desproveer nuestras intenciones del sentido ético de la existencia. Acaso nadie como tú, acaso nadie como yo hicimos algo para frenar el ascenso de la fatuidad en perjuicio de la idea, el incremento de la basura en contra de la intelectualidad. Acaso no supimos o no pudimos comprender cuando todavía era tiempo, aceptar que nuestro pequeño mundo estaba en crisis muchos años antes de que las ratas saliesen a la luz, cuando todavía corrían por la penumbra del callejón, ávidas de un estandarte que aún nos pertenecía, haciéndose con un botín al que los seres como tú y como yo no aspiraríamos.

Y hoy, cuando los absolutismos pretenden invadirnos, lanzarnos a un pozo sin fondo, regresar al pasado más abyecto, apropiándose de la mentira, voceando falsedades sin respuesta, tú y yo no tenemos derecho a esbozar simplemente un gesto de tristeza. Durante los últimos años no hemos querido entender ni actuar, adentrados en un ámbito fútil. Destronemos ahora esa torpeza. Ha llegado la hora. Este ascenso de lo falso ha de acabar.

(Gregorio González Perlado es periodista y escritor)

SOBRE EL AUTOR

Gregorio González Perlado, un gran periodista y poeta, se incorpora al equipo

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