Ximo Puig, menos votos que Sánchez en su comunidad. PSOE
Ximo Puig, menos votos que Sánchez en su comunidad. PSOE

La victoria de dos de los candidatos oficialistas en las primarias del PSOE recién celebradas en cuatro comunidades autónomas puede dar la impresión de que nada ha cambiado en esas federaciones, Extremadura y Valencia. Lecturas interesada en torno a los vencedores en las dos comunidades exhiben la victoria como la consolidación de ambos en sus territorios y como una reivindicación frente al sanchismo. Pero no es así. Una lectura ecuánime de lo ocurrido desmonta esa teoría. Las campanas al vuelo son ilusorias en ambos casos.

Las primarias socialistas del domingo en cuatro comunidades autónomas ponen de manifiesto dos cosas. En primer lugar, el final del monolitismo aparatista que Alfonso Guerra definió muy bien hace años cuando dijo aquello de que “el que se mueve no sale en la foto”. Hoy el PSOE es un partido mucho más democrático y vivo, en el que todo el mundo se mueve y cada día más. Y, en segundo lugar, el avance del sanchismo en todos los territorios, a pesar de la victoria de Vara en Extremadura y de Ximo Puig en el País Valenciano, dos susanistas declarados.

El sanchismo avanza: las primarias regionales avisan de lo que viene.

Después de la apabullante victoria de Pedro Sánchez en las primarias nacionales celebradas en mayo, en las que arrasó con una diferencia de diez puntos y 15.000 votos sobre Susana Díaz, las primarias celebradas ya en cinco comunidades autónomas ponen de manifiesto que el avance de los partidarios del secretario general en comunidades “adversarias” es imparable.

Cierto que Susana Díaz ganó las primarias andaluzas, en una convocatoria exprés organizada sin dar tiempo a que las plataformas sanchistas se organizasen ni a que apareciese un candidato de peso. Pero el avance del sanchismo en Andalucía, con entre un 35 y más de un 40 % de los votos según las agrupaciones, es un aviso de lo que viene. Como lo es lo ocurrido este domingo en las cuatro comunidades donde el PSOE celebraba primarias, Cantabria, La Rioja, Extremadura y País Valenciano, y lo ocurrido también con anterioridad en Asturias, donde la arrolladora victoria de Sánchez en las primarias nacionales llevaron al que fuera presidente de la parcialísima gestora socialista y todavía presidente y líder del PSOE en esa comunidad a anunciar su retirada.

En Cantabria y La Rioja han ganado los candidatos sanchistas. Pero la derrota de estos en Extremadura y País Valenciano tampoco puede interpretarse como un dato negativo teniendo en cuenta dos razones fundamentales: que los ganadores, Vara y Ximo Puig, controlan plenamente el aparato –una ventaja que pesa mucho en estas cuestiones- y que enfrente no tenían adversarios potentes. El argumento es realista si se tiene en cuenta que en las primarias de mayo, Pedro Sánchez ganó por mayoría absoluta en ambas comunidades.

PAÍS VALENCIANO

En la comunidad valenciana, el alcalde de Burjassot, Rafael García, candidato del sector de Sánchez, no puede decirse que haya sido un adversario de peso. Otro gallo hubiese cantado si el adversario de Puig hubiese sido, por ejemplo, José Luis Ábalos. De todos modos, y pese a su victoria, el señor Puig no puede echar las campanas al vuelo. En su comunidad ha ganado él las primarias, sí, con un 56 % de los votos, que han sido un total de 7.447 para él. Pero hay que recordar que en las primarias nacionales Pedro Sánchez obtuvo en la comunidad valenciana 9.736 votos, es decir, 2.289 más. Y otro dato, de los 18.500 afiliados socialistas en dicha comunidad, solamente han votado a Ximo Puig 7.447, es decir, un exiguo 40 %.

¿Qué significa todo esto? Pues que el sanchismo todavía está organizándose en el País Valenciano y que el futuro es, sin duda, de él. El sanchismo ya ganó aquí por goleada en la primarias nacionales y en las regionales ha obtenido un esperanzador 41 %. El futuro para la renovación del partido en Valencia está cada vez más cerca.

EXTREMADURA

En Extremadura puede decirse otro tanto. Es verdad que Fernández Vara ha ganado con el 66 % de los votos emitidos, pero también es verdad que solo ha votado el 65 % de la militancia. Vara tenía también a favor las dos ventajas esenciales de una confrontación electoral como esta: el dominio y control del aparato y la ausencia de un candidato potente enfrente. Ni Eva María Pérez ni Enrique Pérez Romero tenían entidad suficiente para plantar cara a quien lleva décadas en la política, controla el aparato con un sanedrín de fieles encabezados por su mano derecha, Rafael Lemus Rubiales, y preside por segunda vez la comunidad autónoma. La primera, exconsejera de la Junta de Extremadura, porque para muchos representa más de lo mismo. Militantes consultados señalan que han votado a Vara tapándose la nariz “porque más vale lo malo conocido…” Y el segundo, mentor de una de las plataformas sanchistas, por su bisoñez y por ser un desconocido para la mayoría de los militantes.

Vara no ha despertado ningún entusiasmo. RTVE
Vara no ha despertado ningún entusiasmo. RTVE

De cualquier modo, entre ambos han obtenido un 35 % de los votos, lo que representa una no despreciable corriente que discrepa de las políticas y actitudes de Vara. Sin contar que los votos obtenidos por este no llegan a 4.500 –prácticamente los mismos que obtuvo Pedro Sánchez en Extremadura en las primarias nacionales- en una región con 10.276 afiliados. Eso quiere decir que 6.679 militantes no han votado a Vara y posiblemente están a la espera de un revulsivo como el de las primarias nacionales, en las que dieron la victoria a Pedro Sánchez en Extremadura por mayoría absoluta; un revulsivo en forma de un candidato potente, sin ataduras del pasado y con la entidad suficiente para regenerar el partido y poner fin a una etapa que empezó con Ibarra –el mentor de Vara- hace la friolera de treinta y cuatro años. “Un candidato que –dicen afiliados sanchistas- sin duda llegará, y antes de lo que se piensa”. La prueba de que esto va a ser así es la movilización que despertó Pedro Sánchez en Extremadura –donde votó un 81,17 % del censo de militantes- y la desmovilización en torno a Vara, en unas primarias con tan solo un 65 % de participación, es decir, 16 puntos menos de participación. ¿Qué quiere decir esto? Pues una cosa muy clara: que Vara ya no despierta ningún entusiasmo. Es decir, el “más vale lo malo conocido…” Por ahora.