¿Por qué no se divorcia el rey Juan Carlos?

La pantomima del matrimonio real irrita a los españoles y desprestigia a España

2190
La comedia debe terminar, aunque algunos cierren los ojos a la evidencia.
La comedia debe terminar, aunque algunos cierren los ojos a la evidencia.

La sociedad española está curada de espanto y para ella hace mucho tiempo que dejaron de ser motivo de escándalo los devaneos, infidelidades y adulterios de reyes, políticos y famosos, afectos de los mismos deseos y pasiones que la gente normal. Pero lo que la ciudadanía lleva muy mal es la hipocresía y la impostura, sobre todo si eso afecta al propio sentido común de los ciudadanos -a los que a veces, en aras de no sabemos qué intereses nacionales superiores, se pretende hacer pasar por tontos-, y al prestigio de España. Pues eso es lo que está ocurriendo con el comportamiento de los reyes eméritos. Ante las aventuras de él y el papel triste y desairado de ella, la gente se pregunta por qué no se divorcia de una vez el rey Juan Carlos o por qué no le planta la reina Sofía.

Marta Gayá, la actual amiga del rey emérito.
Marta Gayá, la actual amiga del rey emérito.

La última noticia acaba de saltar estos días, aunque la historia es muy antigua y data, por lo menos, de los años 90 del siglo pasado. El 9 de agosto, basándose en una información publicada por LOC, El Mundo titulaba así una información: “Marta Gayá y el rey Juan Carlos retoman su relación y ya no se esconden”. En ella se informaba de las vacaciones que el rey emérito está pasando en Irlanda, invitado por el banquero Allen de Jesús Sanginés-Krause y su esposa, y donde, como ha podido saberse por un descuido, se encuentra acompañado por su amiga Marta Gayá. Lo más estrambótico y chocante de esta historia, que empieza con h de hipocresía, es que la única grabación existente del rey y de Marta juntos en este viaje es nada menos que en la inauguración no de un palacio, no de un yate, no de un centro comercial o de un campo de golf, sino, ¡agárrense!, de una…¡iglesia!


Primeras imágenes del rey emérito con Marta Gayá.


En efecto, el generoso banquero ha financiado la restauración de la iglesia de San Juan Bautista de Clonmellon, localidad situada a menos de cien kilómetros de Dublín y donde Allen de Jesús –bonito nombre también el del patrocinador del evento- y Lorena, su mujer, tienen su castillo-mansión de Killua. Y coincidió la inauguración de la iglesia restaurada con la estancia del rey en el castillo; o tal vez el avispado banquero lo montó todo de esta forma para sacar rédito público a sus buenas relaciones con la realeza. Lo cierto es que don Juan Carlos, tan católico él, fue el invitado de honor –sin que conste que pusiese ningún reparo por su parte- a la ceremonia de reapertura de la iglesia.

PILLADOS IN FRAGANTI

El templo estaba abarrotado por los vecinos de la localidad, que se entregaron gustosos a la tarea de inmortalizar el momento con sus cámaras y móviles, sin saber que iban a captar por primera vez la escena de Juan Carlos y Marta Gayá juntos, pillados in fraganti. Cosas de la vida.

Corinna y el rey Juan Carlos.
Corinna y el rey Juan Carlos.

La relación con la señora Gayá, una conocida dama mallorquina, viene de lejos. Existe una antigua grabación de audio efectuada por el CESID (Centro Superior de Información de la Defensa, luego CNI- Centro Nacional de Inteligencia) en los años 90 –grabación ilegal, todo hay que decirlo, por tener intervenido arbitrariamente el teléfono del entonces rey Juan Carlos, como de tantos otros líderes de la época- en la que el rey reconoce su relación con Marta en confidencia telefónica efectuada a un amigo.


Letizia no permitiría una humillación así.


No es la primera historia de este tipo que protagoniza el rey emérito estando casado. Antes ha habido otras, como las vividas con Bárbara Rey o con Corinna, y de las que se ha hablado profusamente en los medios de comunicación de todo el mundo. La reina Sofía ha aguantado todos estos años más o menos estoicamente, aunque lo que ha soportado lo lleva escrito en la cara, por mucho que intente sonreír muy profesionalmente, en el marco de ese piropo que siempre le ha dedicado su marido –“es una gran profesional”- y que seguramente esconde una gran excusa y una interesada coartada.

TODOS AGRADECERÍAMOS SU DIVORCIO

Pero los reyes eméritos, que antes no podían divorciarse cuando eran los titulares de la Corona por una trasnochada razón de Estado, ahora están jubilados y lo mejor que podían hacer, por el bien de todos, por respeto a los españoles y por el prestigio de España, es lo que hacen todas las parejas en un caso similar, es decir, poner fin a esta situación insostenible y divorciarse tranquilamente. Todos se lo agradeceríamos mucho, entre otras cosas, porque sería la prueba definitiva de que han dejado de tomarnos por tontos a los ciudadanos y de que esa comedia de aparecer juntos con cara de póker en actos solemnes y ceremonias religiosas para aparentar que las cosas siguen igual y todo está bajo control echa por fin el telón. Semejantes pantomimas ofenden a la inteligencia de la ciudadanía y son indignas de personas serias y responsables. La verdadera responsabilidad de un dirigente, y quizás más de un rey, no es aparentar lo que no es, sino actuar con honestidad y con verdad, por doloroso que sea.

A efectos de imagen, la pantomima actual es casi peor que lo del elefante.
A efectos de imagen, la pantomima actual es casi peor que lo del elefante.

Porque, además, aparte de la irritada ciudadanía y del prestigio de España en el mundo, hay otros damnificados por esta conducta burdamente fingida: en primer lugar, la propia familia real, pues no creemos que sea un ejemplo muy edificante para los nietos, entre los que se encuentra la futura reina de España, el que les da el rey emérito. Con su conducta les está diciendo a los chavales que a ellos, por ser vos quien sois, les está permitida cualquier cosa. Y, en segundo lugar, las otras mujeres del rey. Porque esta hipocresía real impide utilizar términos normalizados para referirnos a sus “amigas”, términos menos degradantes que ese, amiga, o querida, o amante, propios de una relación de tapadillo, cuando, si se hicieran las cosas a las claras, como debería ser en estos tiempos, podríamos decir la novia del rey, o la prometida del rey, o la pareja del rey, y nadie se molestaría ni mucho menos se escandalizaría.

UNA PASTA

El sueldo del rey emérito nos cuesta todavía 189.228 euros anuales y el de la reina, 106.452 -que no sé por qué Sofía cobra menos en un país que proclama la igualdad de la mujer y cuando, además, ella es, de los dos, la que más trabaja- es decir, casi 300.000 euros entre los dos o lo que es lo mismo, 50 millones de las antiguas pesetas. Una pasta. Y me parece a mí que en el sueldo va incluido –o debe ir- el respeto a la imagen de la institución que representan y una mínima consideración con la ciudadanía.


El sueldo de los reyes eméritos nos cuesta a los españoles 300.000 euros anuales.


De todos es sabido que los Borbones, ellos y ellas, han sido casi siempre unos reyes muy rijosos. Esa traviesa tradición parece haberse detenido, sin embargo, en el momento en que el todavía príncipe Felipe se casó con Letizia. Desde entonces no hay indicio alguno de que el actual rey haya seguido los pasos de su padre en ese terreno. Es más, informaciones contrastadas aseguran que Felipe sufre con las aventuras extraconyugales de su padre. Posiblemente el actual titular de la Corona ha aprendido lo que no se debe hacer cuando se es rey. Pero es que, además, Letizia no es Sofía. Y la ciudadanía española parece estar convencida de que la reina Letizia no toleraría una humillación semejante.

Estuvo bien mientras duró, pero más mentiras, no.
Estuvo bien mientras duró, pero más mentiras, no.

GRABACIÓN EN LA QUE JUAN CARLOS RECONOCE SU RELACIÓN CON MARTA GAYÁ

https://www.youtube.com/watch?v=QzDcIYrLCXw

VIDEO DE JUAN CARLOS Y MARTA JUNTOS EN IRLANDA