La mujer en la Iglesia Católica, ¿paso adelante o decepción?

No basta con que sean acólitas y lectoras, sino que deben alcanzar la igualdad plena con el hombre dentro de la jerarquía

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El Vaticano debe despejar las sombras del pasado que aún marginan a las mujeres. J.M. PAGADOR
El Vaticano debe despejar las sombras del pasado que aún marginan a las mujeres. J.M. PAGADOR

El papa Francisco ha publicado recientemente, en su carta apostólica Spiritus Domini, del 11 de enero actual, un decreto que permite a las mujeres acceder ya a los ministerios del acolitado y del lectorado. Es algo que ya se venía haciendo desde hace muchos años en muchísimas partes del mundo. Las mujeres leen la palabra de Dios y ayudan como acólitas en las ceremonias religiosas, incluidas las eucaristías. Ninguna sorpresa. Ninguna novedad, salvo que ahora ya pueden ser reconocidas de manera oficial por este decreto del Papa. Pero esto sólo no es lo que desde hace muchos años se viene demandando. Juan Cejudo Caldelas, miembro de MOCEOP (Movimiento pro Celibato Opcional) y de Comunidades Cristianas Populares, expone en este artículo las históricas reivindicaciones que reclaman un papel igualitario para la mujer dentro de la Iglesia Católica.

“Esto sólo -el acceso de la mujer al diaconado y al lectorado- no es lo que desde hace muchos años se viene demandando desde muchos sectores eclesiales, como ha quedado reflejado en el pasado Sínodo de la Amazonía, que también solicitó el diaconado permanente para las mujeres. Igualmente, el Sínodo de la Iglesia alemana, que empezó hace poco más de un año, plantea un cambio importante del papel de la mujer en la Iglesia, igual que demanda que el celibato sea opcional, y otros.

El mismo papa Francisco ya creó en 2016 una Comisión de Estudio sobre el diaconado de las mujeres, que no cuajó. Pero, al terminar el Sínodo de la Amazonia, en 2020, creó una nueva comisión para el estudio del diaconado femenino. Veremos a qué conclusiones se llega.

Aun así, no dejan de ser estos, tímidos intentos por parte de la estructura eclesial para querer llegar a lo que ya hace muchos años se ha llegado en la sociedad civil: la plena igualdad entre el hombre y la mujer.


Las mujeres están muy presentes en la vida de Jesús y en las primeras comunidades cristianas hay diaconisas, presbíteras y epíscopas.


La mujer en la Iglesia -así lo pensamos muchos- debe tener los mismos derechos que los hombres. Jesús no hizo diferencia entre hombres y mujeres. María Magdalena era una de sus más fieles seguidoras. La que está junto con su madre y otras mujeres y Juan, al pie de la cruz cuando está agonizando. La primera que va al sepulcro y comprueba que ha resucitado, Las mujeres están muy presentes en la vida de Jesús. En las primeras comunidades cristianas hay diaconisas, presbíteras y epíscopas…

La mujer en la Iglesia no puede seguir reducida a un papel secundario. J.M. PAGADOR
La mujer en la Iglesia no puede seguir reducida a un papel secundario. J.M. PAGADOR

INSUFICIENTE Y DECEPCIONANTE

¿Por qué no hoy? Por eso, esta medida de Francisco para mí es insuficiente y decepcionante. Comprendo que sectores moderados de la Iglesia hayan visto esta novedad como un gran paso hacia adelante, por lo que supone de dar respaldo oficial a lo que ya desde hace muchos años se viene haciendo en las iglesias, pero para mí es una decepción, porque se queda muy corto.

Así, supongo, lo habrá valorado ese colectivo de 300 presbíteras católicas de todo el mundo, que aún no son reconocidas por las instancias oficiales, como muy bien ha declarado la presbítera española Christina Moreira que dice:

«Oráculo del Señor: las hijas del Rey del universo no quieren soportar más el oprobio de ser tratadas como indigentes a quienes tirar algunas migajas para tenerlas contentas. «No voy a aceptar ministerios tapa agujeros y apaga incendios, para que el clero se pueda dedicar con más holgura a perennizar el sistema clerical».

Sus declaraciones se pueden leer íntegras en Migajas y más opresión… Eso no era lo que pedíamos.

Somos muchos los que desde hace muchos años venimos reclamando cambios más profundos en la Iglesia, en muchas áreas, que ayuden a salir de este desfase y esclerosis en que se encuentra, entre ellos la opcionalidad del celibato y la igualdad de responsabilidades entre mujeres y hombres en la Iglesia, a todos los niveles.

Hombres y mujeres en la Iglesia deben estar en un plano de plena igualdad. J.M. PAGADOR
Hombres y mujeres en la Iglesia deben estar en un plano de plena igualdad. J.M. PAGADOR

Me llama la atención que en la modificación del canon 230.1 del Código de Derecho Canónico que ha realizado el papa Francisco, no se dice abiertamente que los ministerios de lector y acólito pueden desempeñarlo ahora hombres y mujeres, sino que de modo muy ambiguo, con la palabra «laico», se supone que incluye a hombres y mujeres. Es como si hubiese temor a decir expresamente que también las mujeres pueden desempeñarlos. Al mismo tiempo, se deja claro que estos ministerios no conllevan remuneración económica alguna. Ésta es la redacción:

«Los laicos que tengan la edad y condiciones determinadas por decreto de la Conferencia Episcopal, pueden ser llamados para el ministerio estable de lector y acólito, mediante el rito litúrgico prescrito; sin embargo, la colación de esos ministerios no les da derecho a ser sustentados o remunerados por la Iglesia».


Dentro de la estructura eclesial hay que llegar a lo que ya hace muchos años se ha llegado en la sociedad civil, la plena igualdad entre el hombre y la mujer.


Es verdad que el mismo Francisco, al explicar esta modificación, sí deja claro que estos ministerios se pueden dispensar a todos los fieles idóneos sean de sexo masculino o femenino: «estos ministerios laicos, al estar basados en el sacramento del Bautismo, pueden ser confiados a todos los fieles idóneos, sean de sexo masculino o femenino, según lo que ya está previsto implícitamente en el canon 230 § 2″.

En definitiva, unos muy tímidos avances que, aunque valoro de modo positivo, con la esperanza de que pronto se puedan ir ampliando, pienso que no satisfacen para nada a sectores muy amplios de la base eclesial, que desde hace muchos años pide se termine de una vez la discriminación en la Iglesia entre mujeres y hombres para caminar hacia la plena igualdad”. Juan Cejudo Caldelas

(Juan Cejudo Caldelas, cura obrero casado, es miembro de MOCEOP y de Comunidades Cristianas Populares).

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