Obispos maléficos

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De izquierda a derecha y arriba abajo, obispos de Granada, Lima, Tenerife, Alcalá de Henares, Barcelona y Canarias. DIARIO PÚBLICO
De izquierda a derecha y arriba abajo, obispos de Granada, Lima, Tenerife, Alcalá de Henares, Barcelona y Canarias. DIARIO PÚBLICO

En su artículo de hoy, Perlado se refiere a los últimos “improperios generalizados” de altos representantes de la Iglesia Católica respecto a lo que ocupa y preocupa a la sociedad en estos momentos, frases y declaraciones públicas que han pasado por la actualidad impunemente, como demuestra la ilustración gráfica de este texto.

Gregorio González Perlado
Gregorio González Perlado

Elio Antonio de Nebrija publicó la primera gramática española el mismo año en que Cristóbal Colón descubrió América. Dos acontecimientos trascendentales para la historia de un país como éste, tan babélico, en el que por caber, incluso caben algunos obispos católicos. Si Nebrija y Colón ensancharon los horizontes del planeta, estos prelados se empecinan en cerrarlos. Una desvergüenza.

Los desmadres verbales de los representantes de la curia católica han sobrepasado la tolerancia democrática. La curia y sus acólitos han abierto la veda desde hace algún tiempo: se encuentran dispuestos a pronunciar el mayor número de barbaridades en el menor tiempo posible. Y esto, para los que no somos de su club, resulta intolerable.


Si Nebrija y Colón ensancharon los horizontes del planeta, estos prelados se empecinan en cerrarlos.


Su intransigencia y su vetusta noción de la existencia les reconvierte en unos peligrosísimos ‘iluminados’, en unos integristas amenazadores; en suma, en lo que la Iglesia católica ha pretendido ser a lo largo de los siglos: castradora de las voluntades, perturbadora de la libertad de cuantos, si no están con ella, están contra ella. Exactamente lo que el desquiciado señor Franco Bahamonde rotuló con fuego y sangre en las aceras de este país: “Quien no está conmigo, está contra mí”.

TOTALITARISMOS

La Iglesia católica, rancia y maleducada, vivió momentos de estricta ‘gloria celestial’ al lado del gran dictador, porque a la Iglesia católica le van los totalitarismos. Las rotundas y, en muchos casos, monstruosas declaraciones que han venido haciendo influyentes prelados en los últimos tiempos, evidencian la cara atroz de unos mandatarios de la Iglesia que el papa Francisco no ha sabido, no sabe ni sabrá reconducir.

Cuando los habitantes de suntuosos palacios episcopales nos hablen de respeto a los que ni les creemos ni somos de su club, alcemos la palabra para conminarles tolerancia. Ellos han abierto la veda del improperio generalizado y son conscientes de que su opinión no va dirigida expresamente a sus fieles (que, por serlo, no precisan de arengas), sino a los del exterior, a aquellos que, como nosotros, creemos en la voz y en la libertad del individuo. Estos obispos católicos constituyen un club de alto riesgo para el resto de la sociedad, al menos para la que, lamentablemente, no dispone del suficiente grado de cultura y opinión para separar el grano de la paja, aquella de manejo fácil, tan numerosa todavía. Nuestra obligación es descubrir su juego sucio, desbordado por espurios intereses. Y no amedrentarnos ante sus profecías: el infierno sólo existe para ellos.

(Gregorio González Perlado es periodista y escritor).

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