Intolerable connivencia de la Iglesia con el referendum ilegal

Buena parte del clero catalán, incluidos obispos, a favor del soberanismo

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El arzobispo de Barcelona, un moderado que calla, con Puigdemont. EFE
El arzobispo de Barcelona, un moderado que calla, con Puigdemont. EFE

Muchos españoles, dentro  y fuera de Cataluña, están escandalizados por la postura de la Iglesia en relación con el referéndum ilegal. A solo cuatro días de la consulta, los católicos españoles están a la espera de algún gesto o comunicado de la Conferencia Episcopal Española que desautorice la deriva independentista de numerosos curas y obispos catalanes, al considerar insuficiente y tibia la nota hecha pública ayer por la CEE.

Bajo el silencio vergonzante de la Conferencia Episcopal Española, buena parte del clero católico catalán se ha puesto del lado del independentismo, sin que hayamos escuchado ni una sola voz en defensa no ya del orden constitucional vigente –el mismo que ampara un generosísimo y desfasado Concordato gracias al cual la Iglesia Católica española se beneficia de numerosas prebendas y cuantiosas aportaciones económicas del Estado-, sino ni siquiera en apoyo de los catalanes no independentistas que están siendo señalados, perseguidos, acorralados y viendo vulnerados sus derechos por los soberanistas radicales y no tan radicales.


La Iglesia parece haber olvidado a ese 52 % de los catalanes que no vota independentismo.


El pasado día 23 el diario El País titulaba piadosamente una información sobre este asunto –”La Iglesia catalana se vuelca con la Generalitat”-, cuando el verdadero titular debería ser “la Iglesia catalana desprecia el marco constitucional y se pone del lado de quienes infringen las leyes”.

El catolicismo oficial catalán viene emitiendo estos días numerosos comunicados en contra de las medidas que jueces, fiscales e instituciones gubernamentales han tomado contra el referéndum ilegal. Es el mismo catolicismo oficial que no ha dicho una sola palabra en favor de los alcaldes que han optado por defender la legalidad constitucional, ni en favor de tantos otros ciudadanos contrarios al independentismo que ven conculcados sus derechos día tras día. Y no se trata solo de los casi cuatrocientos párrocos que han suscrito un manifiesto animando a los fieles catalanes a votar el domingo, ni de las numerosas entidades católicas que se han posicionado de la misma manera. No. Esta sinrazón afecta también y en primer lugar a la cúpula de la Iglesia catalana, la llamada Conferencia Episcopal Tarraconense, máximo órgano de la Iglesia católica en Cataluña, del que forman parte todos los obispos en activo o retirados de las diócesis catalanas. La Conferencia episcopal catalana está presidida por el arzobispo de Tarragona, Jaume Pujol, y de ella forman parte el muy influyente arzobispo de Barcelona, Joan Josep Omella –algo más moderado pero que guarda un “prudente” silencio-, y los obispos de Vich, Romá Casanova Casanova, de Gerona, Francesc Pardo, de Solsona, Xavier Novell, de Tortosa, Enrique Benavent –moderado también-, y de la Seo d´Urgell y copríncipe de Andorra, Joan Enric Vives.

Los obispos de Cataluña en favor de las legítimas aspiraciones del pueblo catalán. INFOVATICANA
Los obispos de Cataluña en favor de “las -dicen- legítimas aspiraciones del pueblo catalán”. INFOVATICANA

Este grupo de obispos que gobierna el catolicismo catalán ha dicho públicamente, de forma individual –su presidente, Jaume Pujol, es especialmente proclive a las tesis soberanistas-, o colectiva –sin que los moderados lo impidiesen- cosas como estas: “que la Madre de Dios ilumine la tierra catalana en estos momentos de su historia para que encuentre el camino de la afirmación nacional”; “conviene que sean escuchadas las legítimas aspiraciones del pueblo catalán, para que sea estimada y valorada su singularidad nacional”, etc. Incluso han llegado –es el caso de Novell- a animar a los católicos a participar en la redacción de una constitución catalana. A ellos hay que añadir otras figuras destacadas del clero catalán, como el abad de Montserrat, Josep María Soler, que ha llegado a asegurar que el Vaticano reconocería una hipotética independencia de Cataluña.

OLVIDO DE LOS DISIDENTES

Los obispos catalanes se han concedido a sí mismos el derecho a interpretar la política catalana en la dirección única del independentismo. Cuando ellos hablan de las “legítimas aspiraciones del pueblo catalán”, totalizan –y eso es totalitarismo- el pensamiento independentista sobre la generalidad de la ciudadanía, cuando es manifiesto que más de un 52% de ese pueblo no votó a los independentistas en las últimas elecciones autonómicas, y que toda la oposición en el Parlamento de Cataluña se manifestó en contra de las ilegítimas leyes de desconexión.


¿Cómo puede hablar de democracia una institución de naturaleza tan autocrática y autoritaria?


Los católicos españoles y especialmente los catalanes que no suscriben las tesis independentistas, están, más que estupefactos, escandalizados. Por ejemplo, no entienden que la Iglesia tenga que posicionarse sobre asuntos políticos dentro de un Estado democrático que se rige por leyes aprobadas por todos. Lo que más duele, según fuentes de las bases católicas consultadas que prefieren mantener el anonimato, es “la asimetría de esas manifestaciones eclesiásticas, tan fervorosas en apoyo del soberanismo y tan olvidadizas de la masa de catalanes, más de la mitad de la población, que no apoya la independencia”.

“¿Dónde están los obispos y los párrocos cuando los independentistas atacan a los disidentes? ¿Qué obispo o qué párroco catalán ha alzado alguna vez la voz en defensa de la Sociedad Civil Catalana, ese grupo que tan valientemente defiende la legalidad constitucional; o en defensa de los 75 alcaldes que se oponen al referéndum; o en defensa de la enorme mayoría silenciosa catalana que está en contra de todo este sinsentido?”, se pregunta en voz alta un feligrés de Barcelona.

Entretanto, la Conferencia Episcopal Española (CEE), el máximo órgano gubernativo de la Iglesia en España, o calla o emite comunicados tan tibios como el de ayer. Todo el mundo católico y no católico está a la espera de un verdadero pronunciamiento de la CEE en defensa de la legalidad del Estado yd e su Constitución. La situación es tan tensa que el Gobierno español ha protestado de forma oficial ante el Vaticano por el apoyo de los religiosos catalanes al movimiento secesionista.

Este es el párroco de Calella, el impulsor del manifiesto de los curas pro-referendum.
Este es el párroco de Calella, el impulsor del manifiesto de los curas pro-referendum.

Lo más curioso de todo esto es que los curas y obispos catalanes que apoyan de una forma o de otra el referéndum y el independentismo, demandando democracia y respeto a los derechos del pueblo catalán –como si el pueblo catalán no ejerciese a diario sus derechos, o como si ese pueblo estuviese formado únicamente por independentistas- pertenecen a una organización autocrática, en absoluto democrática, que no toleraría la separación de una Iglesia nacional, donde se conculcan derechos humanos tan básicos como la igualdad entre los sexos –véase el papel de la mujer en esa Iglesia-, y donde todos y cada uno de los obispos catalanes –como los del resto del mundo- han sido nombrados por la autoridad central vaticana, que ejerce un poder omnímodo de tinte feudal donde no está admitida la disidencia. En esa Iglesia basta una discrepancia cualquiera para ser reprendido, castigado e incluso apartado de la organización.

Para muchos católicos y ciudadanos españoles de todas las ideologías, ha llegado el momento de revocar el desfasado Concordato que tantos privilegios concede a la Iglesia española –un caso único en Europa- y que data de 1979, pero cuyos acuerdos se tomaron antes de la aprobación de la Constitución de 1978, por lo que muchos críticos –entre ellos, destacados teólogos españoles y asociaciones cristianas de base- consideran que es anticonstitucional y debería ser anulado de manera inmediata. “Ya es hora –dice un indignado creyente- de bajarle los humos a esta Iglesia, que no duda en meterse en política según conviene a sus intereses, que no dudó en apoyar el pensamiento único del franquismo, y que ahora tampoco duda en apoyar el pensamiento único independentista; una Iglesia que tan poco crítica es con sus propias y numerosas contradicciones intrínsecas. Antes de alentar posturas antidemocráticas de políticos irresponsables, esta Iglesia debería hacérselo mirar”.