El “Azzam”, propiedad del “hermano” de Juan Carlos I, sigue en Cádiz

El mayor yate privado del mundo, del emir de Abu Dabi, lleva ya casi seis semanas en la ciudad y no se sabe cuándo zarpará

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El Azzam, en el Muelle Ciudad, de Cádiz. J.M. PAGADOR.
El Azzam, en el Muelle Ciudad, de Cádiz. J.M. PAGADOR.

El mayor y más caro yate privado del mundo (180 metros de eslora y más de 500 millones de euros de coste) continúa en Cádiz desde primero de agosto y no se sabe cuándo zarpará. Su ostentosa permanencia en el principal atraque del puerto gaditano, el Muelle Ciudad, sigue llamando la atención de vecinos y turistas, que se acercan en buen número cada día a observar y fotografiar la embarcación. El “Azzam” es propiedad del emir de Abu Dabi y presidente de Emiratos Árabes Unidos, jeque Jalifa bin Zayed Al Nahayan, el jerarca anfitrión de Juan Carlos I en aquel país, y al que el rey emérito llama “hermano”, después de haber tomado por primos a los ciudadanos españoles.

Cádiz.-

Con su habitual chanza, los gaditanos se preguntan si no estará escondido el rey emérito en el Azzam, nombre que en árabe significa Decidido. Se lo hemos oído comentar, entre risas, a un grupo de amigos con el que coincidimos en el muelle. Pero, no. El rey emérito no está en el Azzam. Ni siquiera está aquí su dueño, el emir. Lo que no quiere decir que no haya estado o que no pueda aparecer en cualquier momento, él y sus invitados, para reiniciar navegación o para darse algunos de los lujos que ofrece esta región de España, pródiga en sol y espléndido mar, buena gastronomía, amplia oferta de lujo en productos exclusivos y en hoteles, y, sobre todo, en caballos.

El emir propietario del yate tiene una fortuna de 18.000 millones de dólares.
El emir propietario del yate tiene una fortuna de 18.000 millones de dólares.

El emir es muy aficionado a los caballos y tiene una buena colección de ellos, como pudimos confirmar en nuestro viaje a Abu Dabi hace unos meses. El emir los compra en cualquier lugar del mundo donde haya ejemplares excepcionales, y en la provincia de Cádiz, los hay, así como eventos hípicos de fama internacional, como las célebres carreras de caballos de Sanlúcar de Barrameda (Real Sociedad de Carreras de Caballos), que han cumplido ya 175 años de una tradición única en el mundo; o la llamada Yeguada Militar jerezana, es decir, el Centro Militar de Cría Caballar de Jerez de la Frontera; o la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre, también de Jerez. En cualquiera de estos centros, sin contar con las cuadras y criadores privados que existen en el sur de España, puede adquirir el emir, al precio que le pidan -para algo tiene una fortuna de más de 18.000 millones de dólares-, los ejemplares que desee. De hecho, se sabe que ya lo ha hecho con anterioridad.

Imponente vista del megayate desde la popa. J.M. PAGADOR
Imponente vista del megayate desde la popa. J.M. PAGADOR

VENTAJAS DE SER RICO

La ventaja de ser tan rico es que a él le da igual dónde esté atracado su yate principal. Porque tampoco es esta la única embarcación que posee. El emir se desplaza por el mundo en uno de sus aviones privados y después, si lo desea, toma su helicóptero y se planta, esté donde esté el yate, en el Azzam, que tiene helipuerto y muchos lujos más. Si el helicóptero está en el yate, puede ser señal -o no- de que el emir está a bordo. Evidentemente, alguna vez estará a bordo. Y con esa esperanza, los gaditanos más curiosos pasean de vez en cuando por el muelle, por si le ven llegar.


Con su habitual chanza, los gaditanos se preguntan si no estará escondido el rey emérito en el Azzam, nombre que en árabe significa Decidido.


El puerto de Cádiz es uno de los mejores del mundo para cruceros de pasajeros y para embarcaciones privadas de todo tipo, incluidos los megayates como el Azzam. Llegar en crucero al puerto de Cádiz, al contrario de lo que sucede en Atenas, en Marsella o en San Petersburgo, por poner tres ejemplos donde llegas a un punto desangelado -aunque sea el mismísimo El Pireo- y alejado varios kilómetros de la respectiva ciudad, es entrar navegando en el mismo corazón de la ciudad. El viajero que llega por mar desembarca a escasos trescientos metros de distancia del mismísimo ayuntamiento. Porque los muelles de Cádiz forman parte del casco histórico desde hace más de tres mil años, y llegar a ellos es entrar por la puerta grande en una de las capitales más antiguas del mundo.


El emir es un apasionado de los caballos, y cerca de Cádiz hay varias importantes yeguadas.


Todo esto lo sabe el emir de Abu Dabi, como sabe que su megayate no puede atracar en Marbella, ni en Sotogrande, ni en Puerto Sherry, ni en ninguna de las marinas de la zona ni en muchas del mundo, sencillamente porque en ellas no cabe. Ni siquiera en Mónaco, donde hemos visto a los grandes yates fondeados en las aguas exteriores del puerto. Una eslora de 180 metros como la del Azzam, una longitud equivalente a casi dos campos de fútbol puestos uno a continuación del otro, no es cosa corriente. Además, la absoluta tranquilidad y la seguridad de las que el buque disfruta en Cádiz no puede aspirar a tenerlas en esos otros puertos más ajetreados. Sin contar que las tarifas del puerto gaditano -alrededor de 2.500 euros diarios para una embarcación de esta envergadura- no son las de Marbella o las de Mónaco, aunque es seguro que esta, la del ahorro, no será la razón por la que el emir trae su yate a Cádiz.

El yate se ha convertido en otro atractivo de la ciudad. J.M. PAGADOR
El yate se ha convertido en otro atractivo de la ciudad. J.M. PAGADOR

UN PLUS DE SEGURIDAD

En cambio, la seguridad puede ser un plus a la hora de elegir el muelle gaditano para un atraque de temporada, que puede prolongarse desde varias semanas a varios meses, habida cuenta, también, de las medidas de defensa con las que cuenta la embarcación, prueba de la obsesión del emir con ese asunto. Además de los sofisticados sistemas de radares, sonares y otros sistemas de detección y prevención de amenazas con que está dotado el buque, el Azzam cuenta asimismo con un sistema propio de defensa antitorpedos y antimisiles. Todo para proteger y defender un espacio de lujo de cuyos excesos no vamos a hablar, porque los lectores pueden encontrar información en Internet sobre todo lo que ofrece en su interior y su exterior, magnificencia que sobrepasa toda imaginación. Solo un detalle: el salón principal del buque tiene algo más de 500 metros cuadrados diáfanos, es decir, exentos de columnas. Es el lugar de las fiestas a bordo, para agasajar a la cuarentena de invitados ilustres con los que el emir suele navegar, y entre los cuales ha podido o puede encontrarse su “hermano” Juan Carlos I.

El barco ocupa buena parte del muelle urbano, junto a la terminal de cruceros. J.M. PAGADOR
El barco ocupa buena parte del muelle urbano, junto a la terminal de cruceros. J.M. PAGADOR

Contribuye a la seguridad del buque su escaso calado para una embarcación tan grande, con algo más de 13.200 toneladas de desplazamiento, apenas 4 metros, lo que es una garantía contra obstáculos sumergidos, así como su agilidad y gran capacidad de maniobra, y su alta velocidad, de unos 60 kilómetros/hora (32 nudos), es decir, casi el doble que muchos grandes cruceros de pasajeros, gracias a sus cuatro potentes motores de gas y diésel, que desarrollan una potencia de 94.000 CV.

Uno de los lujosos salones del buque.
Uno de los lujosos salones del buque.

INMEJORABLE SITUACIÓN GEOGRÁFICA

Otro de los indiscutibles atractivos del puerto gaditano es su excepcional situación geográfica y estratégica, a medio camino entre el Atlántico y el Mediterráneo, puerta de entrada y salida este-oeste entre ambos mares, y con facilidad para travesías norte-sur, que incluyen la muy atractiva costa atlántica europea y la no menos interesante costa atlántica africana, con otro país árabe vecino como Marruecos, también monarquía, a cuyo rey unen lazos de amistad con la familia real emiratí.


El puerto de Cádiz es uno de los mejores del mundo para cruceros de pasajeros y para embarcaciones privadas de todo tipo, incluidos los megayates como el Azzam.


Cádiz, una ciudad deprimida, con una elevada tasa de paro, y una creciente sangría poblacional, problemas que ha agravado la epidemia de coronavirus, recibe con los brazos abiertos estas embarcaciones y todas las que puedan llegar. En el caso del Azzam, los sesenta tripulantes del buque, más el apoyo logístico exterior, que puede implicar a otras tantas personas, y el abastecimiento necesario, todo ello representa un buen pellizco para la ciudad. Téngase en cuenta que, según ha publicado Expansión, solo el mantenimiento anual del yate representa un gasto de 50 millones de euros.


Otro de los indiscutibles atractivos del puerto gaditano es su excepcional situación geográfica y estratégica, a medio camino entre el Atlántico y el Mediterráneo.


En Cádiz se especula con que el Azzam puede permanecer en su puerto hasta final de año, aunque nada se sabe con certeza y la autoridad portuaria guarda un lógico silencio sobre el asunto.

Y en la popa, alguien se entretenía volando una cometa con forma de pájaro. J.M. PAGADOR
Y en la popa, alguien se entretenía volando una cometa con forma de pájaro. J.M. PAGADOR

En nuestra visita exterior al buque -es impensable conseguir una autorización para ingresar a bordo-, pudimos ver a una persona que, medio oculta entre los elementos de la popa, volaba una cometa con forma de ave. Debe de ser muy aburrido permanecer durante semanas, aislado en esta jaula de oro que, por muy lujosa que sea, no deja de constituir un encierro para sus tripulantes, y más en estos tiempos de coronavirus. Ese pájaro de tela es la expresión de un anhelo de libertad que no se puede comprar ni con todo el oro del mundo. Y, si no, que se lo digan a Juan Carlos I, prisionero de lujo de sus propios excesos, da igual si en un extravagante hotel de Abu Dabi, en el carísimo Azzam o en cualquier otro lugar excesivo del mundo.

(José Mª Pagador es periodista y escritor, y fundador y director de PROPRONews. Sus últimos libros publicados son 74 sonetos (poesía, Fundación Academia Europea de Yuste), Los pecados increíbles (novela, De la Luna Libros), Susana y los hombres (relatos, Editora Regional de Extremadura) y El Viaje del Tiburón (novela, Caligrama Penguin Random House).

SOBRE EL AUTOR

José Mª Pagador y Rosa Puch, casi 100 años de periodismo

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