Crónica de una mañana rural

Un breve recorrido por la España interior, en la libertad de la fase 2, pero con el horizonte de la crisis que se avecina

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Magacela. JUAN SERNA
Magacela. JUAN SERNA

El desconfinamiento de la fase 2 visto desde la España interior, esa que algunos llaman vacía o vaciada, y que, en realidad está llena de cosas esenciales pero tal vez demasiado rebosante de ausencias y de olvidos. El autor de este artículo estrenó hoy una mañana nueva, reivindicando el valor de la tierra, del campo, de los pueblos, de todo lo que se ha perdido a causa de la hegemonía de la todopoderosa ciudad de la que, sin embargo, el coronavirus ha puesto de manifiesto todas sus debilidades.

Extremadura.-

Me levanto temprano. Voy a Las Palmeras (es el primer día en el que ya se puede pasar al interior de la cafetería). Ya están los clientes mañaneros habituales; tras el saludo a algunos de ellos, me voy a por la prensa y salgo para la república a recoger a Luna. La luz de esta mañana rural es de una belleza indescriptible. Paso por el matadero, por La Coronada y el Mesón de La Fama y me adentro en Magacela.


En la España desierta permanecen ociosos muchos de nuestros mejores recursos y de nuestros paisajes más bellos.


Veo las pocas casitas que la gente se ha construido en ese entorno (nada que ver con una “urbanización”) y el huerto solar que creció al amparo de las primeras ayudas a las energías renovables. Llego a la estación, con el berrocal a la izquierda (qué buenos espárragos silvestres se crían en él); a la derecha, la dehesa de “Jelías”, la primera finca arbolada de encinas en la puerta de La Serena. En medio de ellas, el arroyo que arrastra las aguas residuales, unas veces depuradas y otras sin depurar; y llego a esa estación de ferrocarril, otrora importante (cambiaban de agua las máquinas de los trenes) y ahora abandonada al pillaje de los que se han llevado lo que había de valor en ella. Ayer estuve cortando unas cañas para el huerto en sus alrededores y me acordé de aquellos trenes cargados de mineral de uranio de la mina del Lobo, en la que sus trabajadores llevaban el cáncer en la fiambrera (ni siquiera sabían lo que era un dosímetro para medirles la radiactividad…).

Paz. JUAN SERNA
Paz. JUAN SERNA

Por fin llego a la república, donde dos jóvenes veterinarias, guapísimas ambas, me esperan con Luna. Ellas se van, una a Cáceres a operar perros y la otra, a Siruela, a vacunar ovejas. Hago unas fotos, sobrecogido por esa luz mañanera, y regreso a Villanueva, esta vez por la Haba.

LA GRAN PARADOJA

Me paro en Magacela de Abajo, a la altura del dolmen. Hago unas fotos a los huertos y a la Magacela de Arriba y a su castillo. Subo la cuesta y la emprendo para La Haba dejando a mi derecha las pinturas rupestres.

Veo a mi derecha las tierras de garbanzos, tan finos y exquisitos aquí, y me planto en la puerta de Casablanca, en la que ya Manolo, el tabernero, atiende a sus primeros clientes. Paso por el taller de mis amigos, los mejores criadores de gallinas antiguas, y sigo mi ruta dejando a mi izquierda la residencia de ancianos “Felipe Trigo” y los garbanzos de secano que siembra mi amigo Horrillo.

Perspectiva de la España vaciada. JUAN SERNA
Perspectiva de la España vaciada. JUAN SERNA

Cuando Luna me deja un ratito libre, me pongo a pensar en la España y la Extremadura vaciadas; en la crisis, todavía inimaginable para muchos, que se nos viene encima, y en la gran paradoja que trae consigo; en el paso de las grandes conurbaciones a los pueblos rurales de una España desierta, donde permanecen ociosos muchos de nuestros mejores recursos y de nuestros paisajes más bellos, con unos habitantes envejecidos y unos jóvenes ausentes.

¿Será posible que la aberración e irracionalidad de esta sociedad del despilfarro esté tocando a su fin y comience pronto la “nueva era de la cordura” en la que la felicidad de la gente esté en la agenda de las instituciones y de quienes nos gobiernen?

Estas y otras preguntas me hacía esta mañana temprano mientras contemplaba la belleza de unos paisajes y pueblos rurales que me acompañan y me inspiran lo mejor de cada día.

(Juan Serna Martín, exconsejero de la Junta de Extremadura, es un destacado intelectual y activista medioambiental, escritor y columnista)

SOBRE EL AUTOR

Juan Serna, un intelectual de la ruralidad y el ecologismo

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