El gran error de la población activa agraria del 3%

El desacertado parámetro de aquellos tecnócratas que hundió al medio rural

1005
Imagen de la última gran manifestación en Madrid, en protesta por la España vaciada. FERNANDO PULIDO
Imagen de la última gran manifestación en Madrid, en protesta por la España vaciada. FERNANDO PULIDO

Unas hostias como panes fue lo que nos vendieron aquellos tecnócratas de la revolución industrial; más tarde la revolución verde agrícola; y ahora la catástrofe ecológica y la amenaza terrible del cambio climático. Hemos pasado medio siglo denunciándolos con todos los medios a nuestro alcance. No nos hacían ni puto caso. Vaciar pueblos y territorios de sus mejores gentes para hacinarlas en las barriadas obreras de las grandes conurbaciones burocrático-industriales, hasta conseguir que en el 20% del territorio se concentrara el 80% de la población, ha sido la gran gesta de unos planificadores y gobernantes que han trabajado al dictado de un sistema económico e ideológico totalitario, corrupto y absurdo (lean lo que dice Paul Preston en El País ayer (Genealogía de la corrupción española).

Juan Serna Martín.
Juan Serna Martín.

Hoy, el panorama desolador de pueblos, comarcas y hasta regiones vacías (o que pierden población a raudales), con personas que soportan la contaminación y la carestía de la vida en las grandes ciudades, además de la gran amenaza del cambio climático, hace que el grito de la “España vaciada” empiece a escucharse y que estos tecnócratas empiecen a cuestionar lo de la población activa agraria del 3% para volver a plantearse que, a lo mejor, hay que impulsar verdaderos planes de desarrollo rurales (sin burócratas ni amiguetes enchufados en las redes creadas para este fin), crear todo tipo de servicios e infraestructuras para las nuevas tecnologías e iniciar el retorno a estas áreas de mucha de esas personas hastiadas ya de la vida en las grandes ciudades y en sus barrios dormitorio. Dar valor a muchos productos agroalimentarios procedentes de la actividad agraria, con unos fondos de la PAC que dejen de ir principal y corruptamente a las manos de los que no los necesitan, ayudaría mucho a este retorno del que les hablo.


El grito de la “España vaciada” empieza a escucharse.


Sé que esto suena a romanticismo y que se piensa que todo el mundo está aprisionado en la vida urbana sin remedio, pero todo tiene un principio y un final. Y el hartazgo cada día mayor de quienes, obligados a vivir en grandes ciudades, mantienen todavía el recuerdo y el nexo con sus orígenes rurales, puede abrir vías para el retorno. Y lo mismo ocurre con un porcentaje de jóvenes a los que, debido al cambio espectacular que se está produciendo en el mundo de las relaciones laborales, así como a las enormes posibilidades que abren las nuevas tecnologías para el trabajo a distancia, pueden llevarles poco a poco a elegir una vida más tranquila, placentera y en contacto con la naturaleza. Sobre todo si a los pueblos y ciudades cercanas a ellos van llegando infraestructuras y servicios que les permitan disfrutar de lo que hasta ahora les ofrecen las grandes ciudades.

LA IMPORTANCIA DE LA VIDA RURAL

La vida rural, sus gentes y sus pueblos, y todo el patrimonio histórico, cultural y natural que les rodea, no han estado hasta hoy en el interés ni en la agenda de los políticos y las instituciones que gobiernan. De ahí el desequilibrio entre lo rural y lo urbano del que estamos hablando: la infravaloración de recursos valiosísimos en los pueblos y la especulación y el hacinamiento en las ciudades más habitadas.


La contaminación y el cambio climático están ya avisando con su asfixia a quienes habitan en las grandes ciudades.


Para invertir esta pirámide es necesario cambiar progresivamente el destino de los presupuestos y de los grandes recursos públicos. Se trataría de propiciar un cambio que atacase de raíz a las causas del deterioro ambiental y del cambio climático. En definitiva, de llevar mayor bienestar y felicidad a la vida de las gentes, y cambiar esta sociedad del despilfarro y de la contaminación a la que nos ha conducido el sistema, al devaluar a los pueblos y a las gentes rurales en favor de la concentración de los hábitats y la acumulación de capital de las minorías que dominan y controlan la cultura urbana.

Esto solo podrá hacerse si la conciencia que está surgiendo en pueblos, ciudades, territorios y gentes cada día más abandonados sigue creciendo, y se presiona con movilizaciones como las que se han llevado a cabo recientemente, que son las que han puesto lo rural en la agenda política de estos tiempos (Manifestación contra la despoblación. La “España vaciada” llena Madrid para exigir soluciones urgentes a unos políticos que les “olvidan” sin elecciones).

La gran ciudad ya no da más de sí. En la imagen, Dubai, ejemplo de urbanismo exacerbado. PAGADOR-PROPRONews
La gran ciudad ya no da más de sí. En la imagen, Dubai, ejemplo de urbanismo exacerbado. PAGADOR-PROPRONews

Parece que esa hora está llegando. Que la contaminación y el cambio climático están ya avisando con su asfixia a quienes habitan en las grandes ciudades, y que la llamada para restaurar y recuperar el espacio y la cultura rural ha empezado a salir a la calle.

(Juan Serna Martín, exconsejero de la Junta de Extremadura, es un destacado intelectual y activista medioambiental, escritor y columnista)

SOBRE EL AUTOR

Juan Serna, un intelectual de la ruralidad y el ecologismo

OTRAS INFORMACIONES

El último fruto de Juan Serna