Llamadme perezosa…

... y, en efecto, me cuesta mucho trabajo volver a escribir sobre otra manada y otros jueces que no consideran violenta la violación por cinco tíos de una niña de 14 años inconsciente

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Estos son los valientes integrantes de la manada de Manresa.
Estos son los valientes integrantes de la manada de Manresa.

Qué hartura tener que escribir sobre lo obvio, volver una y otra vez a las sentencias judiciales que tanto nos escandalizan, repetir de nuevo que no queda otro remedio que acatarlas, aunque se nos revuelvan las tripas de asco ante estos jueces que no aprecian violencia en que cinco tíos violen por turnos, pistola en mano, a una niña de 14 años, borracha e inconsciente, y que exculpan a un sexto que no participó en la violación, pero se masturbó contemplando cómo lo hacían sus amigos.

La periodista, con su perro Killer
La periodista, con su perro Killer

La sentencia, que califica los hechos de la llamada manada de Manresa como abuso (pena inferior) y no agresión sexual, especifica que el suceso fue “extremadamente intenso y especialmente denigrante”, pero no alcanza el grado de agresión porque “los agresores pudieron realizar los actos sin usar ningún tipo de violencia o intimidación para vencer una oposición que no existía”. Es decir, si yo no ando mal de comprensión lectora, no se les impone una condena más alta porque la víctima no dijo ni pío y no dijo ni pío porque estaba inconsciente y ya sabemos, todos (menos este tribunal), que si estás inconsciente es porque has perdido el conocimiento y por ello la capacidad de percibir y darte cuenta de lo que te rodea.

Y hay más, el hombre que se hizo una paja en el entretanto, de mote “el Cuñao” (¡vaya por dios!), ha sido absuelto porque ”no podría haber hecho nada efectivo para evitar los delitos cometidos por una pluralidad de hombres y en un descampado alejado de zonas habitadas donde pedir auxilio”. O sea que el inicialmente acusado, ante tanta soledad, decidió aliviarse utilizando sus manitas para masturbarse, en lugar de emplearlas en llamar por teléfono a la policía, por ejemplo, o si eso era mucho pedir, avisar a algún amigo de la víctima, que en el mismo botellón, allí al lado, estaban todos.


¡Qué guay!, no hace falta amenazar o pegar a la víctima potencial, con drogarla y dejarla KO es suficiente.


¿No es esperpéntico? Debe ser que sus señorías se aprietan demasiado el cilicio y no les llega la sangre al cerebro, porque, a tenor de la sentencia, parece que tienen menos luces que una lancha de contrabando.

RANCIO PATRIARCADO

O no, quizá sí que las tienen, aunque orientadas al patriarcado más rancio, y piensan que las mujeres no debemos beber, no podemos usar minifalda ni escote ni tenemos derecho a transitar por sitios oscuros y solas; tampoco nos está permitido divertirnos, pasear libres, tener amigos, en definitiva, vivir con los mismos derechos que un hombre. Son jueces y leyes que justifican e incluso amparan al sexo masculino, dejando muy clara la diferencia de trato: el ser aborrecible que contempla la violación de una mujer indefensa mientras decide masturbarse porque tiene miedo de meterse en un lío si la defiende, es absuelto, y la adolescente violada e insultada por cinco energúmenos habrá de soportar que esa horrible experiencia sea calificada con una pena menor, alegando que se encuentra sin sentido, convirtiendo así su inconsciencia y vulnerabilidad en atenuante del delito ¡Qué guay! no hace falta amenazar o pegar a la víctima potencial, con drogarla y dejarla KO es suficiente.


Habrá que hacer algunos trasplantes de cerebro para que la idea de que sólo sí es sí se incruste en la sesera de sus señorías de Atapuerca.


Estos jueces no consideran que seis hombres hechos y derechos acorralando y forzando a una niña sea un episodio violento, su temor a las represalias si los denunciaba tampoco les parece violencia, la pistola con la que chuleaban no es violencia, pero el compinche, el cobarde, el sinvergüenza, el asqueroso que miraba y se tocaba, tenía derecho a sentir miedo, se supone que a la violencia de sus amigos contra él si la defendía. Y, además, como el terror le paralizaba y no se atrevía a ayudarla, optó por hacerse una paja. ¡A relajarse y disfrutar, machote! Pide una indemnización por el susto, quizá te la concedan.

Es un clamor popular, hay que modificar el Código Penal para que se entienda perfectamente que solo un sí es sí, pero, además, habrá que hacer algunos trasplantes de cerebro para que esa idea se incruste en la sesera de sus señorías de Atapuerca.

La prisión permanente, aunque sea revisable, a mí me genera rechazo moral, pero hay veces que la deseo de corazón para ciertos jueces.

(Elisa Blázquez Zarcero es periodista y escritora. Su último libro publicado es la novela La mujer que se casó consigo misma. Diputación de Badajoz).

SOBRE LA AUTORA

Una colaboradora muy especial

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