Militares y civiles en España

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En cualquier país del mundo la ciudadanía está orgullosa de sus fuerzas armadas y de sus símbolos nacionales e incluso los exhibe con orgullo cuando llega la ocasión y aun sin ella. En España son muchos todavía los que parecen sentir pudor de mostrar sus sentimientos patrióticos en público. El autor de este artículo, militar en la reserva, profesor y escritor, reivindica ese orgullo para todos y se queja de la indiferencia e incluso el desprecio de algunos ciudadanos hacia los símbolos que representan lo que a todos nos une. La pedagogía de ese simbolismo y de esta unidad debe ser cosa de todos los días y no solo de una puntual fiesta nacional.

Algo está fallando cuando una persona normal, un militar en este caso, se detiene ante el sonido del himno nacional porque se está izando nuestra bandera, y la mayoría de la gente que se encuentra a mi alrededor reacciona de diversas maneras, unos sarcásticos, otros mofándose, mirándome algunos con lástima, y eso sin tener en consideración a los niños que, curiosos, miran al hombre mayor que viste canas en la posición de firmes, tratando de permanecer lo más recto posible y con los ojos vidriosos, orgulloso de esa emoción y sin disimular que ha sido y es militar.

Algo falla cuando esos niños desconocen unos principios y una profesión tan noble. Algo no funciona en esta sociedad y por ello hay que buscar con urgencia vías, un camino que dé sentido a todo, conseguir que los ciudadanos se sientan orgullosos de lo que tienen, como lo están de sus jugadores favoritos, y de nuestra bandera y de la patria, única manera de que no sean considerados apátridas que van sobreviviendo sin saber que alguien lucha por incrementar su bienestar, por contribuir a la paz en un mundo que les abrazará, quieran o no, sean ricos, pobres o poderosos.

¿Pero qué saben ellos? En las leyes educativas no les hablan de virtudes, de honor, del valor y la disciplina y menos aún de la lealtad al subordinado, al mando, a nuestros compañeros. Desconocen todo ello y el servicio que los militares prestamos a la sociedad, bien en el país o en el extranjero. Hacen un buen papel los profesores y maestros enseñando, pero no tiene por qué educar.

LO QUE SIENTE UN SOLDADO

Desconocen lo que siente aquel soldado que sube a un helicóptero por primera vez, temblando a la vez que la nave; o lo que se siente cuando se está a punto de saltar de un avión; no saben lo que es la mar; les suena raro Trafalgar, Lepanto, el Capitán Abad, y miles de historias más; no saben de su dureza, de que solo se deja amansar, que no doblegar, por personas entregadas a ella, como lo hacemos los que vestimos uniforme desde el primer día de nuestra trayectoria militar, un dominio sobre ella teórico, que no práctico.

¿Qué saben ellos de nuestros estudios, de nuestros técnicos, graduados, ingenieros, de las categorías de marineros, mayor o almirante? Esas son palabras que suenan extrañas en los labios de aquellos que nos desprestigian intencionadamente, o jóvenes que piensan que somos iguales a aquellos corruptos, o aquellos que, por afán de notoriedad, piensan en un país mejor lejos de nosotros, indignos de llevar el nombre de nuestro país en sus labios.

Y no hablo solo de hombres, sino de aquellas mujeres que se han incorporado a la vida militar favoreciendo al Cuerpo, iguales en todos los aspectos, diversas pero no distintas, que se casan, que tienen hijos, que son madres y visten con orgullo el uniforme, que arriesgan sus vidas por defender la integridad y seguridad de un país que es el de todos, de un mundo que nos pertenece.

¿Qué saben de la mar, de sus incontables recursos, de su facilidad en el transporte de bienes, de la necesidad de defenderla militarmente, de luchar para poseer su control y, si no es posible, trabajar para que al menos el enemigo no pueda conseguirlo?

Todos los ciudadanos tienen que aprender que ellos, los civiles, como nosotros, los militares, han de forjarse en virtudes, en valores, en principios y que sin un ejército, una bandera, una patria, nadie es capaz de sobrevivir, y menos aún de perdurar en la historia como seres humanos; tarea difícil ante tanta palabra vana, tantos gestos inútiles y tanto afán de protagonismo. Y es penoso ver a aquellos que se dejan llevar como corderos, y doloroso porque no hemos sabido inculcarles aquellos principios, aquel amor a una bandera y a una patria indisoluble.

(Francisco Bautista Gutiérrez, marino militar, ha sido Mayor de la Flota y profesor, y es hidrógrafo, oceanógrafo y escritor).

SOBRE EL AUTOR

Francisco Bautista Gutiérrez, exMayor de la Flota, hidrógrafo, oceanógrafo y escritor, nuevo colaborador de PROPRONews

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