Hay que salvar la Casa de Galicia de Montevideo

En Buenos Aires fueron suficientes cuatro años de neoliberalismo autoritario para hundir el hospital del Centro Gallego, hoy privatizado

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Casa de Galicia en Montevideo. XUNTA DE GALICIA
Casa de Galicia en Montevideo. XUNTA DE GALICIA

Cunde la preocupación entre los gallegos de Uruguay y de Galicia por el futuro de la Casa de Galicia de Montevideo. Hay que salvar a la última de las tres grandes entidades emigrantes gallegas en el mundo (50.000 asociados y varias valiosas propiedades, entre ellas un gran hospital), ya que perdimos la primera, el Centro Gallego de La Habana, y, recientemente, la segunda, el Centro Gallego de Buenos Aires. Mi experiencia me indica que está en peligro la continuidad de la Casa de Galicia y por ello aconsejo a los miembros de la directiva que actúen con responsabilidad para no acabar en la lona, como las otras dos, cosa posible con el nuevo gobierno uruguayo amigo de Bolsonaro y de Piñera y de la dictadura boliviana.

Manuel Suárez Suárez
Manuel Suárez Suárez

Santiago de Compostela.-

En Santiago de Compostela (Cidade da Cultura) podemos visitar la muy formativa exposición “Galicia, un relato no mundo” que incluye una escultura en madera policromada de Francisco Asorey que es propiedad de la Casa de Galicia de Montevideo. Estoy hablando de “A Santa”, a la que admiré en la capital uruguaya en varias ocasiones. En una de mis visitas llevé al “bueno y generoso” profesor Manuel Chamoso Lamas a quien tuve el honor de presentar en su conferencia en el Patronato da Cultura Galega. Don Manuel era persona sabia y erudita y estaba comprometido en defender el patrimonio cultural. Se emocionó delante de la creación del genial cambadés y me explicó que “A Santa” forma parte de una trilogía que se completa con “O Tesouro” y “A Naiciña”.

Creo que es importante no olvidar que somos una nación que tiene miles de corazones repartidos por el mundo entero. Es triste que se ponga de moda el desprecio al que menos tiene y es lamentable que se apoye en las urnas a los que atacan al desposeído. Las puertas abiertas de la noble República Oriental del Uruguay posibilitaron la construcción de un nido, en las orillas del Plata, para aquellas familias que buscaban un abrigo solidario después de siglos de tormentas de injusticia social. Escribo estas líneas porque estoy muy preocupado por el futuro de la Casa de Galicia de Montevideo. Hay que salvar a la última de las tres grandes entidades gallegas emigrantes ya que perdimos la primera, el Centro Gallego de La Habana, y, recientemente, la segunda, el Centro Gallego de Buenos Aires.


La Casa de Galicia es una propiedad social: el baionés José Mª Rodríguez Barreiro (1871-1923) fundó una mutua de asistencia médico-hospitalaria abierta a todos los emigrantes.


Mi experiencia me indica que está en peligro la continuidad de la Casa de Galicia y por ello aconsejo a los miembros de la directiva que actúen con responsabilidad para no acabar en la lona. ¿De qué estoy hablando? Quizás haya más de uno que diga que “no tengo vela en este entierro”, pero la verdad es que me duele mucho, a pesar de vivir lejos, cuando recibo noticias negativas sobre mi querida Banda Oriental. Quiero evitar las lamentaciones que serán numerosas en los días previos al retorno a las urnas, para elegir al presidente o presidenta que asumirá el primero de marzo del 2025. Es una desgracia que unos pocos miles de votos sean los culpables de la importación de la peste neoliberal al país que según el FMI “se encuentra en una situación envidiable tras 15 años de crecimiento vigoroso”.

Les pido a los directivos de la Casa de Galicia que no cierren los ojos ya que la peste neoliberal que durante cinco años propagará el nuevo desgobierno no afecta a la visión. Si tenés los ojos bien abiertos, es casi seguro que te salvés del envenenamiento emocional que afectó a los socios del Centro Gallego de Buenos Aires. Si aprendemos del desastre argentino es probable que se pueda llegar con buena salud a marzo de 2025.

NEOLIBERALISMO AUTORITARIO

En Buenos Aires fueron suficientes cuatro años de neoliberalismo autoritario para hundir el hospital del Centro Gallego, que está siendo gestionado por una empresa privada. Lo más asqueroso es que los pocos socios que quedaron (menos de 3.000) están encantados. Ahora tienen una clínica a su servicio exclusivo, sin tener que sentarse en la sala de espera al lado de un pobre mal vestido.


Es una desgracia que unos pocos miles de votos sean los culpables de la importación de la peste neoliberal a Uruguay, después de 15 años de crecimiento vigoroso, según el FMI.


La Casa de Galicia es una propiedad social. El baionés José Mª Rodríguez Barreiro (1871-1923) sudó la camiseta para fundar una mutualista de asistencia médico-hospitalaria abierta a todos los emigrantes. Aunque confío en la directiva, es mi deber anticiparles una inevitable caída en picado del bienestar en los próximos cinco años. El cambio de política económica aumentará la pobreza, por efecto directo del incremento de la inflación y el desempleo. El sector social más golpeado será el de la clase media, que perderá ingresos y poder adquisitivo, ya que el desgobierno neoliberal transfiere riqueza de abajo hacia arriba. Quiere decir que crecerán más los que más tienen porque al decir de Paul Krugman: “Los ricos siempre están buscando excusas para reducir sus impuestos. Es una constante universal”.

Quiero insistir en que el error cometido en las urnas tendrá consecuencias negativas sobre la más grande asociación gallega del mundo (es la que tiene más socios y también más patrimonio), ya que al decir de J. F. Kennedy: En una democracia, la ignorancia de un votante perjudica la seguridad de todos. En las urnas se debería autorizar la lucha contra las desigualdades sociales mediante el apoyo a partidos que defiendan la distribución honrada de los recursos públicos. Por desgracia, en mi querida tierra de Artigas, muchos ciudadanos se “pichicateron” con los mercenarios mediáticos que durante 15 años le repartían, gratis, su dosis contaminante de insensatez. Se cumple, al pie de la letra, con la reflexión del emigrante Joseph Pulitzer (1847-1911) de que, “con el tiempo, una prensa mercenaria, demagógica, corrupta y cínica; crea un público vil como ella”.

En unos pocos meses se empezará a ver que descienden los ingresos por cuotas sociales en la Casa de Galicia. Es el resultado de la caída de ingresos en la clase media que llevará a muchas familias a darse de baja. No tengo dotes adivinatorias, solamente recuerdo que ya pasó en repetidas ocasiones a finales del siglo pasado. No es mi intención alarmar a las autoridades que están al frente de la Casa de Galicia, pero creo que es necesario que tomen medidas preventivas y se adelanten, en lo posible, a la oscura noche neoliberal que empantanará a la mayoría de la población. No es de gallegos honrados el mirar para otro lado y dejar que la “peste insolidaria” arruine el fogón que levantaron nuestros esforzados antepasados. Ojalá pueda acercarme a mi vieja Montevideo en mayo para celebrar el “Día das Letras Galegas” y poder ofrecer mi humilde colaboración para que no se detenga la singladura comenzada en 1917.

(Manuel Suárez Suárez es doctor en Derecho y Ciencias Sociales por la Universidad de Montevideo (Uruguay), articulista y escritor).

SOBRE EL AUTOR

Manuel Suárez Suárez, ilustre galleguista y escritor, nuevo colaborador de PROPRONews

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