Llamadme rara…

…y no diría yo que no, porque han nombrado generala a una mujer y a mí eso, plin

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Villanelle trabajando. Es mala pero muy femenina.
Villanelle trabajando. Es mala pero muy femenina.

El caso es que andan todas mis amigas y amigos feministas revolucionados porque una mujer, Patricia Ortega, ha sido nombrada generala (¡chúpate esa RAE!), y a mí plin. Que no digo que no sea un logro, y, añado que su discurso pidiendo intercambio de roles me ha gustado, aunque también ha dicho que instaurar de nuevo la mili obligatoria mola, y yo que soy antimilitarista y no me fío ni de los cascos azules, me he echado a temblar.

La periodista, con su perro Killer
La periodista, con su perro Killer

Puestos a admirar, me quito la pamela delante de Carola Rackete, esa capitana de barco que le ha plantado cara a Salvini.

Ya estoy oyendo un coro de voces recordándome que el ejército es muy necesario por aquello de las labores humanitarias y tal. Bueno, pues como los cantos de sirena de Ulises, él atado al mástil y yo aferrada a mi “buenismo”, repito ni en los cascos azules tengo fe.

Y antes de que me convirtáis en piedra con esa mirada que estáis poniendo, diré que ya que ostenta un cargo de tan alta responsabilidad a ver si consigue inculcar a su tropa de los valores a los que ha hecho referencia, y que tanta falta están haciendo al mundo militar, donde la testosterona es la que manda.


A mí matar me parece mal, aunque sea en un entorno legal, como una guerra (llamadme simple).


Porque a mí matar me parece mal, aunque sea en un entorno legal, como una guerra (llamadme simple), y a quien me argumenta que el ejército está también para misiones de paz, apagar fuegos, rescatar gente en las inundaciones…, pues yo contesto, más bomberos y bomberas y menos soldados, aunque sean soldadas (chúpate esta Reverte).

Y puestos a cargarse gente, yo prefiero a una asesina como Villanelle. ¡Qué pedazo de serie, amigos! Os la recomiendo. Se titula Killing Eve y va de una sicaria a sueldo, la poli que la persigue y la jefa del MI5, o sea Servicio de Inteligencia del Reino Unido.

Andaba yo huérfana desde que se acabó Juego de Tronos, pero el otro día me di de bruces con Killing Eve y tras una sesión intensiva para ver las dos temporadas, he de decir que la utilizaría para impartir un taller sobre feminismo.

Aclaro, no es que me guste que el eje de la historia sea una joven psicópata, es que en la serie las mujeres con poder, incluida la psicópata, actúan como actuaría una mujer, y no como un guionista hombre piensa que se comportaría una mujer.


Y puestos a cargarse gente, yo prefiero a una asesina como Villanelle. ¡Qué pedazo de serie, amigos! Os la recomiendo. Se titula Killing Eve y va de una sicaria a sueldo, la poli que la persigue y la jefa del MI5.


UNA BUENA Y OTRA MALA

Las protas, una buena y otra mala, una asesina a sueldo y otra la policía encargada de capturarla, se mueven en la ficción como se moverían en la vida real.

La mala es auténticamente perversa, pero no es un malo con melena y faldas, es una mujer mala; es tan mala que además de matar por dinero, disfruta haciéndolo, pero con su propio estilo, que no copia ni imita lo que haría un hombre. No es un calco del personaje del clásico asesino patibulario, traumatizado, solitario y cachas que se pasa el día en el gym o afinando la puntería en una sala de tiro, o matando gatos, un malo que se va de putas o tiene una amante servicial y pechugona. ¡Qué va! La malvada y fría Villanelle es monísima, se acuesta indistintamente con hombres y mujeres, y se gasta el dinero que gana asesinando por todo el continente europeo en unos conjuntitos ideales que le hacen parecer una influencer. ¡Una crack!

Su antagonista es una funcionaria de vida aburrida hasta que le ordenan capturar a Villanelle. Y luego está Carolyn, que completa el trío. La jefaza del MI5, una mujer madura, que oscila entre la eficiencia y el disparate, con un hijo al que ha enchufado en el equipo. Su personaje hace tanto por el feminismo como El segundo sexo de Simone de Beauvoir.

COTIDIANEIDAD FEMENINA

La serie elude la hipersexualización de las villanas de los thriller al uso y derrama cotidianeidad femenina en las altas esferas del espionaje de alto standing, reescribiendo así un género tan sobrado de testosterona como lo están los ejércitos.

La bella asesina, en París.
La bella asesina, en París.

Los diálogos no tienen desperdicio, ni cuando van de profundos ni cuando frivolizan. Aquí un ejemplo:

Se encuentran la poli y la jefa, y la primera, que viene sofocadita de casa, porque el marido anda mosqueado con ella pues la misión secreta le roba mucho tiempo y no le hace todo el casito que él requiere, le comenta:

  • No me explico cómo puede usted tener tan buena cara con el trabajo que tenemos.

Y su jefa responde circunspecta:

  • Uso una crema a base de grasa de cerdo que huele a culo pero me deja una piel estupenda.

A lo que su subalterna refunfuña:

  • No me importaría oler a culo a cambio de ese cutis.

Para rematar, la jefa sentencia (¡y qué gran verdad!):

  • Un marido se creerá antes que tenemos una aventura a que somos espías.

Y ¡hala!, ambas se van a Rusia a hacer sus cosillas de superagentes del MI5.

Por mi parte, voy a ver dónde encuentro esa crema, y también me estoy pensando si proponeros un crowfunding y encargarle a Villanelle que “elimine” al arzobispo de Burgos, que me tiene muy harta (El arzobispo de Burgos pide a las víctimas de violación que resistan hasta la muerte para “defender la castidad”). Y quiero que lo haga con crueldad. La contrataré para que le eche un polvo y que Monseñor Fidel Herráez se resista hasta la muerte.

¡A ver qué tal!

(Elisa Blázquez Zarcero es periodista y escritora. Su último libro publicado es la novela La mujer que se casó consigo misma. Diputación de Badajoz).

SOBRE LA AUTORA

Una colaboradora muy especial

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