sábado, 1 octubre, 2022
spot_img
InicioRuralandLa España llena no es la que te habían contado

La España llena no es la que te habían contado

La España llena de vida, belleza, relax, aire limpio y posibilidades es la España rural. La otra está llena de estrés, humo, soledad, agresividad...

La España llena no es la que nos habían contado, y mucho menos en contraposición con lo que los autores de ese falso relato han llamado la España vacía o vaciada. Porque eso que se identifica con la “España llena” es, en realidad, una España vacía de las cosas más importantes para una vida plena, al límite del colapso por el tráfico, el ruido, el humo, la polución, las aglomeraciones, la soledad no deseada, las colas, el estrés, la ansiedad, la masificación… Una España que -como el mundo todo- necesita una descompresión rápida si no quiere reventar. Entonces, ¿cómo hemos invertido los términos? ¿Cómo hemos llegado a etiquetar una realidad con los valores antitéticos de su contraria? ¿Cómo hemos podido aceptar dócilmente esta inversión de los términos? Ha hecho falta una pandemia mortal para que la ciudadanía empiece a darse cuenta de dónde están la vida y las oportunidades.

Juan Carlos Casco Casco
Juan Carlos Casco Casco

Villanueva de la Serena, Extremadura.-

Una nueva mirada para resignificar el mundo rural

El mundo rural es fuente de belleza, disfrute y deleite (La belleza de lo rural); un lugar deseable para vivir. De la misma manera, no es un espacio vacío, ni vaciado, ni falto de oportunidades; es un sitio lleno de cosas de las que adolece el mundo urbano, cosas que son esenciales para una vida plena, auténtica y equilibrada. Si queremos resignificar el mundo rural debemos poner en valor sus oportunidades y el foco en sus fortalezas, en lugar de sus debilidades.

La España llena no es la que te habían contadoLa España llena es la rural

Hay una España que está llena de cosas importantes para vivir, llena de espacio, de tiempo, de luz, de agua, de aire puro, de zonas verdes, de bosques, de llanuras, valles y montañas, de horizontes abiertos, de naturaleza, de sonidos, de colores, de sabores, de aromas sutiles, de emociones, de alimentos exquisitos, de historia, de cultura, de fiestas y celebraciones, de casas y personas acogedoras, de posibilidades para trabajar en plena naturaleza, de recursos endógenos para inventar tu trabajo y forma de ganarte la vida… una España llena de oportunidades que desconoces y te está esperando.


Pese a que el mundo rural está lleno de posibilidades y oportunidades para invertir, abrir negocios, inventar el trabajo, teletrabajar, crear, innovar o emprender, sus instituciones y muchos de sus habitantes no son capaces de verlas.


Después hay otra España vacía de las cosas más importantes para una vida plena, al límite del colapso por el tráfico, el ruido, el humo, la polución, las aglomeraciones, la soledad no deseada, las colas, el estrés, la ansiedad, la masificación… una España que necesita una descompresión rápida si no quiere reventar.

Entonces, ¿cómo hemos invertido los términos? ¿Cómo hemos llegado a etiquetar una realidad con los valores antitéticos de su contraria?

La ansiedad y la depresión acechan al urbanita. RTVE
La ansiedad y la depresión acechan al urbanita. RTVE

Un nuevo marketing de lo rural.

El mundo rural no está vacío ni vaciado, está lleno, lleno de belleza, de las cosas más importantes para vivir bien y de posibilidades que aún no hemos sido capaces de mostrar a los paisanos ni a los forasteros (pero estamos en ello).

También es cierto que el mundo rural tiene muchos problemas y necesidades que hay que atender, una batalla que hemos de librar hasta que se haga justicia por los muchos agravios históricos.


En el medio rural hay menos gente, pero no está vacío ni vaciado; necesita más medios, pero no está abandonado; precisa conservación, pero no está en ruinas…, cuidado.


Sin embargo, el marketing que hemos hecho desde el medio rural acerca de nosotros mismos ha sido desastroso. El mundo urbano ha elaborado su relato en positivo (belleza, libertad, tolerancia, oportunidad, posibilidades, riqueza, abundancia, actividad, movimiento, cultura, acción, capacidad creadora… ), mientras que el rural lo ha hecho en negativo. Y eso supone una condena, antes de que la mayoría de las personas elaboremos nuestros juicios acerca de donde queremos vivir.

Estrés, prisa, soledad, aislamiento, infelicidad... llenan el mundo urbano. RTVE
Estrés, prisa, soledad, aislamiento, infelicidad… llenan el mundo urbano. RTVE

En un mundo simplista, al final lo que triunfa es lo que está bien vendido, lo que es capaz de inspirarnos en el deseo de adquirir un billete a la felicidad, aunque la llegada resulte una quimera. La prueba de que esto funciona así es que la mayoría de la humanidad quiere vivir en grandes ciudades, pese a ser objetivamente espacios más insalubres, más estresantes, con menos tiempo libre, más caros… Si no me creen, vayan ustedes a cualquier centro de educación secundaria ubicado en el medio rural y pregunten a los jóvenes dónde quieren vivir y sus motivos; nosotros ya lo hemos hecho con miles de ellos en los últimos años y conocemos las respuestas. La inmensa mayoría quiere irse de su pueblo a una ciudad cuanto antes como primer impulso, porque ahí está el ideal de vida de la civilización y los grandes reclamos, luego vienen otras consideraciones, como la falta de posibilidades y de trabajo.

Bases para un nuevo constructo y relato rural

Si cerramos los ojos y escuchamos el discurso dominante y los mensajes que vienen de las personas del mundo rural y sus organizaciones, es un relato que repele porque está construido en negativo. A muy poca gente le apetecerá vivir o ir a un lugar vacío, vaciado, desierto, despoblado, abandonado… como no sea de paso.


El mantra de que solo se puede prosperar cambiando el pueblo por la ciudad es falso.


En el medio rural hay menos gente, pero no está vacío ni vaciado; necesita más medios, pero no está abandonado, precisa conservación, pero no está en ruinas…, cuidado.

Hasta que no disolvamos el prejuicio que condena al mundo rural no podremos ser capaces de ver el valor y la abundancia que lo llena.

La importancia de crear un nuevo relato y la alianza con los medios de comunicación e instituciones globales para mostrar al mundo la España llena

Si queremos cambiar la realidad del mundo rural, debemos emplearnos a fondo en la creación de un relato nuevo del mismo, un relato en positivo, verosímil e inspirador. Pero con su elaboración no basta, para comenzar a revertir la situación necesitamos la complicidad y alianza de quienes tienen poder para crear nuevas políticas y enfoques, y también con los que difunden los relatos (medios de comunicación de masas).

Una de las constantes manifestaciones que hay en Madrid, alterando a diario la vida de la ciudad. J.M. PAGADOR
Una de las constantes manifestaciones que hay en Madrid, alterando a diario la vida de la ciudad. J.M. PAGADOR

En esta tarea, por ejemplo, la interlocución directa con la Comisión Europea para introducir un nuevo enfoque en las políticas públicas que ayude a rediseñar el mundo rural, es esencial. Una acción que se puede abordar desde Iniciativas Comunitarias como la Nueva Bauhaus Europea, desde donde la presidenta de la Comisión Europea nos invita a reinventar la Unión, generando las condiciones para rediseñar el mundo rural como un espacio inclusivo, sostenible y bello; un guante que hemos recogido ya desde algunos territorios a través de movimientos como la Swing Bauhaus del Suroeste Ibérico (South Western Iberian Bauhaus).

Siguiendo la misma estrategia, es necesaria la complicidad y alianza con medios de comunicación nacionales e internacionales con vocación de servicio público, como RTVE, porque son ellos los que tienen el poder para orquestar la mirada de la gente.
Y por supuesto, un cambio radical en las políticas de las Administraciones públicas, porque si queremos resultados diferentes, tenemos que empezar a probar cosas nuevas.

¿Por qué la ciudad ha ganado la guerra del relato al mundo rural?

Decía Einstein que es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio, y puede ser que todo lo relacionado con lo rural sea la mayor fuente de prejuicios de nuestro tiempo, un sambenito que nos está destrozando.


Para cambiar la realidad creada por un relato que ya está instalado en el imaginario colectivo y el discurso de la gente, se necesita otro superador del primero.


En el artículo La belleza de lo rural poníamos de manifiesto cómo las personas etiquetamos la realidad y tomamos nuestras decisiones vitales de una manera simplista y primaria, desde nuestra inclinación a lo bello (lo que “mola”, lo “guay”, lo deseable y lo que nos conviene); rechazando de manera frontal lo feo y todas sus manifestaciones.

El mundo rural está recreado en la mente de la gente desde visiones trasnochadas de la realidad

El monstruo del lago Ness o la idea de que la Tierra es plana, la negación de las vacunas o del cambio climático pueden parecer creencias disparatadas, pero lo cierto es que mucha gente cree en ellas, de la misma manera que tiene una visión distorsionada del mundo rural y llena de prejuicios que no se corresponden con la realidad.

Y esto ocurre así porque el común de los mortales nos movemos por pensamientos automáticos que tenemos de la realidad, sin que cuestionemos sus fundamentos, incluso a sabiendas de que son falsos. Así, la imagen mental del mundo rural que ha fraguado en el imaginario colectivo desde realidades pasadas, juicios infundados y afirmaciones falsas, es tan fuerte y persistente que condiciona negativamente el sentimiento universal hacia lo rural. Una situación que solo vamos a revertir si somos capaces de crear un relato mucho más poderoso que lo contradiga.

El aislamiento de la ciudad se produce incluso cuando las personas están juntas. J.M. PAGADOR
El aislamiento de la ciudad se produce incluso cuando las personas están juntas. J.M. PAGADOR

Nuestros mundos y realidades las creamos a través de relatos

Pese a que muchos relatos no se corresponden con la realidad y son inverosímiles, una vez que están en la cabeza de mucha gente, funcionan como verdades absolutas.

Nada existe sin un relato que lo origine, nada cambia sin la destrucción del relato original y su sustitución por otro nuevo. Para cambiar la realidad creada por un relato que ya está instalado en el imaginario colectivo y el discurso de la gente, se necesita otro superador del primero.

Cómo se ha construido la imagen del mundo rural

 El círculo vicioso que ha dado lugar a esta “realidad” está hecho de prejuicios / etiquetas / constructo / relato / repetición / discurso dominante / memes / mantras).

Muchos prejuicios vienen de situaciones del pasado que ya no existen (escasez, dominación, opresión, incultura, miseria…). La realidad vivida por las generaciones pasadas fue muy dura, muchos de nuestros abuelos murieron de hambre y sufrieron una vida de humillaciones e injusticias lacerantes. Todo esto lo conocemos muy bien las personas que hemos vivido en pueblos pequeños y hemos estudiado la historia.

No puede permitirse el abandono del campo por parte de las autoridades nacionales. J.M. PAGADOR
No puede permitirse el abandono del campo por parte de las autoridades nacionales. J.M. PAGADOR

En las sociedades humanas, aunque las situaciones cambien, los relatos permanecen por largo tiempo, incrustándose como una sanguijuela en el subconsciente colectivo y permaneciendo su impronta.

Quienes somos de pueblo y peinamos canas, tenemos grabado a fuego que solo se puede prosperar saliendo del pueblo. Mis padres me lo repitieron como un mantra, igual que muchos padres de mi generación a sus hijos. Igual que lo hubiera hecho yo si hubiera vivido situaciones como las que vivieron ellos y mis abuelos.

Para muchas generaciones, quedarse a vivir en el pueblo era una declaración de fracaso, quien no tenía un “plan de fuga” era un candidato a don nadie. Y para más inri, cuando fracasaba fuera, el estigma era tan grande que muy pocos se atrevían a la afrenta del regreso, cerrándose el camino al retorno para mayor menoscabo de los pueblos.

Estos memes son muy fuertes, repitiéndose como mantras, que no solo tienen poder para instalarse en las generaciones que más dificultades tuvieron, sino que también pasan a nuestros hijos y al resto de la ciudadanía, incluida la población de las ciudades. Pese al esfuerzo y empeño personal que muchos hemos puesto en desmontarlos, los memes tienen mucha más fuerza que los argumentos racionales y se transmiten de generación en generación como verdades irrefutables, aunque ya no tengan validez.

Y lo malo de todo esto es que los memes convertidos en mantras sobreviven a las realidades que los originaron, impidiendo que podamos ver la belleza, las posibilidades y oportunidades que nos brinda el mundo rural.

Los pensamientos limitantes arrastrados de nuestro pasado son una pesada losa, un peine de púas afiladas que nos atraviesa el cráneo y paraliza el cerebro, llenando nuestra mente de prejuicios.

Las ciudades están llenas de centros comerciales idénticos, como este de Emiratos, para incentivar las compras compulsivas. J.M. PAGADOR

Las palabras y las imágenes con las que elaboramos el relato de lo rural nos condenan

Veamos ahora cómo creamos esas imágenes en negativo, para realizar este ejercicio basta con analizar las palabras que aparecen en los discursos sobre el mundo rural: vacío, vaciado, abandonado, desierto, aislado, incomunicado, en ruina, envejecido, anticuado, pobre, sin posibilidades, sin oportunidades…

Nos guste o no, los mensajes de fondo que transmiten evocan a paisanos catetos con la boina calada hasta las orejas, espacios vacíos e incomunicados, pobreza, incomodidad y alguna que otra estampa bucólica y trasnochada de tiempos pretéritos. Unas escenas que se repiten y reproducen una y otra vez en las conversaciones de la gente y en los medios de comunicación.

El discurso dominante de lo rural es un discurso creado en negativo

Y por lo tanto una realidad indeseable para vivir en la que no nos conviene permanecer. La guerra del relato está perdida por la aplastante superioridad del marketing urbano sobre la bisoñez infantil de los apóstoles de lo rural, sus organizaciones e instituciones.

La ciudad ha sabido orquestar la mente de la inmensa mayoría de la sociedad, generando un discurso donde se arroga los valores en positivo, oponiéndolos a sus antitéticos de lo rural (Bello/Feo, Alegre/Triste, Moderno/Antiguo, Bueno/Malo, Deseable/Indeseable, Positivo/Negativo…).

Todo esto crea un estado de ánimo negativo que domina el medio rural

Los pueblos y las comunidades son estados de ánimo que surgen de nuestro relato del pasado (de dónde venimos), y nuestra visión del futuro (adónde vamos). El sentir mayoritario que trasladan las personas del medio rural y sus altavoces es “aquí no hay futuro”, un mensaje primario que tras ser pronunciado mil veces se convierte en sentencia y condena, espantando a cualquiera que pudiera tener interés en él.

El estado de ánimo de lo rural está por los suelos, sus propios defensores, portavoces y voceros le están asestando un golpe mortal, a veces por el exceso de celo que termina por matar a la criatura. La consecuencia es que el color emocional de las comunidades rurales está teñido por la resignación y la desesperanza.

¿Por qué huye el urbanita de la ciudad en cuanto puede? J.M. PAGADOR
¿Por qué huye el urbanita de la ciudad en cuanto puede? J.M. PAGADOR

Las personas del medio rural no son capaces de ver posibilidades ni mostrárselas a los de fuera

Pese a que el mundo rural está lleno de posibilidades y oportunidades para invertir, crear negocios, inventar el trabajo, teletrabajar, crear, innovar o emprender, sus propias instituciones y muchos de sus habitantes no son capaces de verlas porque desde una visión limitante del mundo y un estado de ánimo de resignación, no se puede construir un futuro edificante. La salida fácil es el recurso a la queja y a la reivindicación que, aunque completamente legítimas, son inútiles sin la confianza en nosotros mismos y la visión de las oportunidades propias.

Cuando el mundo rural lanza sus reclamos al mundo urbano para ser repoblado, no es creíble y fracasa, porque uno no puede convencer a los demás de lo que no está convencido. Al final, los urbanitas ya tienen sentenciado al mundo rural, y los ruralitas lo matan por exceso de celo y falta de visión.

¿Comenzamos a construir una nueva realidad para el mundo rural asentada en un nuevo relato?

Podemos empezar ahora, depende de nosotros.

Adelante!!!

(Próximamente, capítulo 3: Territorio rural, territorio inteligente (Smart Rural).

(Juan Carlos Casco Casco es un experto y consultor en Prospectiva, Educación y Emprendimiento de prestigio internacional y actividad en España y en diferentes países de Europa y Latinoamérica).

SOBRE EL AUTOR

Juan Carlos Casco se incorpora al equipo

Emprendedorex

OTRAS INFORMACIONES Y ARTÍCULOS

La belleza de lo rural

Preparando al mundo rural para el día después del coronavirus

¿Y yo qué estoy haciendo por el reto demográfico?

Carta abierta. Necesitamos muchos inmigrantes más

Menos de Cien: la maravilla de lo pequeño

El despoblamiento rural y el futuro

La felicidad, una cuestión de genes (pero no solo)

Los mequetrefes que gobiernan tu vida y la mía

Nuevos mundos hijos de los avances científicos y tecnológicos

Nuevos mundos y espacios de poder

O cambiamos la educación ahora ¡o nos vamos todos a la…!

Nos educan para ser pobres

Artículo anteriorZagreb, un relato para Netflix
Artículo siguienteCarolina, universal
RELATED ARTICLES

Últimas Noticias

Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. más información

Los ajustes de cookies en esta web están configurados para «permitir las cookies» y ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues usando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en «Aceptar», estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar