Inmigrantes, que no esclavos

Hay que alzar la voz en defensa de las personas que llegan a nuestro país buscando una vida mejor

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Cartel a la entrada del antiguo mercado de esclavos de Lagos (Portugal). J.M. PAGADOR
Cartel a la entrada del antiguo mercado de esclavos de Lagos (Portugal). J.M. PAGADOR

La llegada masiva de inmigrantes a las costas españolas, sin contar los que entran por otras vías, hace reflexionar al autor sobre la necesidad de dar una respuesta humanitaria a este problema, considerando que quienes llegan en busca de un futuro mejor son también seres humanos. España, que ha sido a lo largo de la historia, y sigue siendo, un país de exiliados, de expatriados, de emigrantes, debe arbitrar soluciones para acoger a los que llegan, integrarlos en el sistema productivo y social, y aprovechar la riqueza material y cultural que representan, evitando explotarlos y tratarlos como a los nuevos esclavos del siglo XXI.

Francisco Bautista Gutierrez
Francisco Bautista Gutierrez

Desde siempre han existido grupos dominantes y grupos dominados que han visto coartadas sus libertades. El esclavismo es una práctica que ha existido a lo largo de los tiempos, bien por motivos bélicos o bien por algunos personajes deseosos de beneficiarse de la debilidad del contrario. Personas que, por una u otra causa, fueron apartadas de sus familias como podemos ver a lo largo de la historia. De hecho, Ulises, un dios con toda su fuerza, se pasaba los días anhelando a los suyos, y eso él, que era un héroe. Imaginemos entonces a las personas que se ven obligadas a separarse de sus seres queridos, personas que no llegan a ser nada para una inmensa mayoría, cuando cualquier ser humano es claramente identificable por una cultura, una identidad, una historia que puede llegar a identificarnos y a unirnos como lo que somos, personas.


Nuestro país ha sido y es tierra de emigrantes y debe actuar con la comprensión que exigimos a quienes nos reciben en otros países.


Podemos pensar que los extranjeros, los inmigrantes, son unas personas irregulares y que lo que hacen es quitar trabajo a los autóctonos; que ellos están aquí porque lo desean, así, alegremente, sin contar que han abandonado todo aquello que nos une a la tierra, familia, relaciones, amigos, tradiciones, solo para ir a un sitio desconocido donde, por regla general, no van a ser bien recibidos, ni ellos, ni sus mensajes, ni sus valores, por una sociedad encerrada en sí misma, sin la empatía que debería tener con ellos y sin pensar en la trágica situación de estas personas y el número desconocido de los que pierden la vida en el trayecto, buscando una vida mejor.

Restos en el interior de un cayuco llegado a la costa española con inmigrantes. J.M. PAGADOR
Restos en el interior de un cayuco llegado a la costa española con inmigrantes. J.M. PAGADOR

ESCLAVOS EN LA HISTORIA

Podemos pensar que la inmigración es algo temporal, de ahora, cuando siempre ha existido por una u otra causa. Por un crecimiento demográfico que no produce bienes para todos, por una pobreza de aquellos, que viene ocasionada por políticas de bajo coste en la mayoría de los casos, por una ausencia de futuro para los jóvenes y, por supuesto, por una debilidad de aquellos países de los que proceden.

Remontándonos en la historia, en civilizaciones antiguas como las de Egipto, Grecia o Roma, por poner algunos ejemplos, eran los esclavos, los encargados de los trabajos más duros. Y preferentemente en Europa, el esclavismo perduró hasta el siglo XIX, sin darle importancia a las víctimas de esa práctica atroz, como si no fuesen más que objetos, y no tuvieran una familia, una cultura; sin tener en cuenta la soledad, la separación de los seres amados, situaciones que no han cambiado y que tanto en la antigüedad como ahora, en nuestras hipotéticas democracias, se les resta valor.

Limpiacristales en un rascacielos de Dubai. J.M. PAGADOR
Limpiacristales en un rascacielos de Dubai. J.M. PAGADOR

Aquí, en España, dejando aparte la lejanía y enfrentándonos a la inmigración, hemos pasado a ser en muy corto espacio de tiempo un país en el que entran muchos inmigrantes, como en otros de nuestro entorno, que van a ser víctimas de abuso por ser una mano de obra barata, abandonados en gran medida por un gobierno, el que sea, aun los que se hacen llamar progresistas y se dicen dispuestos a defender a todos por igual, demostrándonos en el tiempo que esos anuncios solo se quedan en palabras, que no se apoya a los débiles porque van en contra del progreso, dicen, y porque se sigue pensando que cuando vienen lo hacen porque en sus países son unos parias.

No importa su procedencia. Mano de obra barata de países como Marruecos, Mauritania, Mali, Guinea y un largo listado lugares del que proceden estos seres y otros semejantes, personas catalogadas de facto como esclavos, sin tener en cuenta su dolor al ser separados de sus seres queridos para buscar un futuro, fracasando en la mayoría de las veces al no conseguir las mínimas oportunidades para poder salir adelante, ni papeles, ni trabajo, ni vivienda.

Edificio del antiguo mercado de esclavos de Lagos (Portugal). J.M. PAGADOR
Edificio del antiguo mercado de esclavos de Lagos (Portugal). J.M. PAGADOR

Es cierto que, en nuestro caso, los españoles tenemos cada vez menos oportunidades de encontrar trabajo, teniendo que ocupar aquellos puestos que hasta ahora eran propios de los inmigrantes, como ocurre con la mujer, ocupando ahora puestos y encargándose de labores que eran por regla general para aquellas que venían de fuera.

Para los inmigrantes, que no olvidemos hacen un gran esfuerzo humano, con gran riesgo físico y desembolsos de dinero, es muy doloroso comprobar que no pueden salir adelante, y más cuando están solos y desamparados, drama acrecentado cuando muchas veces tienen que regresar a sus países como fracasados. Eso, sin contar con que el tiempo que permanecen en nuestro país, muchas veces se ven obligado a llevar una vida infrahumana, con mala alimentación, viviendo en barracones al no poder afrontar el precio de los alquileres y el miedo a otra serie de factores negativos, como mafias, temor a ser expulsados del país, abusos de todo tipo, pérdida de identidad, desprotección… Todo eso hace que se encuentren en una situación tan vulnerable que, al no conseguir trabajo, tienen a veces que mendigar o robar para sobrevivir.

Los peores trabajos eran para los esclavos. Museo de Dubai. J.M. PAGADOR
Los peores trabajos eran para los esclavos. Museo de Dubai. J.M. PAGADOR

Y, sin embargo, no todo debe de ser estimado como negativo. Es preciso considerar que la inmigración tiene más de una cara positiva, como su contribución a la creación de riqueza material o su aportación al enriquecimiento cultural del país, si sabemos aprovechar todo lo que rodea al ser que llega a nuestras tierras.

(Francisco Bautista Gutiérrez, marino militar, ha sido Mayor de la Flota y profesor, y es hidrógrafo, oceanógrafo y escritor).

SOBRE EL AUTOR

Francisco Bautista Gutiérrez, exMayor de la Flota, hidrógrafo, oceanógrafo y escritor, nuevo colaborador de PROPRONews

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