Llamadme cobarde…

... porque yo no reuniría el valor necesario para denunciar una violación, en el caso de que la padeciera

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Plácido Domingo. RTVE
Plácido Domingo. RTVE

Tampoco sería capaz de denunciar con nombre y apellidos a alguien que me hubiera acosado sexualmente, mucho menos si ese hombre fuera, además, famoso y tuviera poder. El coste emocional y social que acarrea es incalculable. Hice una confesión pública de un acoso sufrido en mi juventud, en un #metoo que un grupo de mujeres organizamos en Cáceres: Escalofriante catarsis colectiva contra las agresiones sexuales. Sin nombres, solo referimos los hechos, y lo hicimos décadas más tarde de que ocurrieran. Y por eso me defino cobarde, porque dar nombres implica evitar que otras mujeres pasen por el mismo calvario, y yo no lo hice. Y ahora me cuestiono qué podría mover a una decena de mujeres (por mencionar el último caso) a destapar que uno de los tenores más aclamados se aprovechó de su estatus para presionarlas.

La periodista, con su perro Killer
La periodista, con su perro Killer

A la pregunta, repetida hasta la saciedad: ¿Por qué no se denunció antes?, contesto, y la respuesta es corta y clara: “Porque no se pudo”. Unas, porque entierran el hecho en el olvido; otras, porque no quieren pasar por la vergüenza (encima eso, vergüenza por algo que te hicieron sin tu consentimiento); el resto por no afrontar conflictos con la familia.

Razones para no denunciar hay muchas. A favor solo una, la que ya he mencionado, porque puedes, porque no has podido antes, porque incluso ahora, hay quien no te cree, quien piensa que esas confesiones (que eso son, no denuncias) encubren oscuras intenciones.

¿Cuales? Me cuestiono qué podría mover a una decena de mujeres (por mencionar el último caso) a destapar que uno de los tenores más aclamados se aprovechó de su estatus para presionarlas. ¿Qué van a conseguir con exponerse? ¿Fama? pero si solo una ha dado su nombre (solo una se ha atrevido a darlo), y es la que hace tiempo que no se dedica al canto. ¿Acaso esta declaración le va a suponer un incremento de clientes en la inmobiliaria en la que trabaja en la actualidad? Más bien será que no. Y pensar que diez mujeres se ponen de acuerdo para tumbar, así por las buenas, la honestidad de un hombre, es increíble, no tiene sentido, no hay móvil que dirían en una peli de detectives.


Pensar que diez mujeres se ponen de acuerdo para tumbar, así por las buenas, la honestidad de un hombre, es increíble, no tiene sentido.


Y luego está la justificación que ha dado Plácido Domingo, tan reveladora: “Creí que todas mis interacciones y relaciones eran siempre bienvenidas y consentidas (…) Pese a ello, reconozco que las reglas y estándares por los que nos medimos -y deberíamos hacerlo- hoy, son muy diferentes de cómo eran en el pasado”.

Queda más que meridiana la idea, lo hizo porque él sí podía, y encima se imagina tan fascinante que se sorprende de que ellas no estén encantadas.

Esto ha pasado siempre, la diferencia es que ahora protestamos; ahora nosotras podemos.

LA VIOLACIÓN DE NERUDA

Hay un caso que me conmueve. Pablo Neruda, en su autobiografía Confieso que he vivido, describe una violación perpetrada por él. Con un lenguaje exquisito, como corresponde a un poeta, narra lo ocurrido con la sirvienta que limpiaba el recipiente de sus heces en la habitación que ocupaba cuando fue cónsul en Sri Lanka, una mujer perteneciente a la casta más baja del país pero con una dignidad extraordinaria, que se negó a sus requerimientos hasta que el inmenso poeta y mísera persona la violó. Y lo cuenta sin ninguna conmiseración por su víctima:

«Una mañana, decidido a todo, la tomé fuertemente de la muñeca y la miré cara a cara. No había idioma alguno en que pudiera hablarle. Se dejó conducir por mí sin una sonrisa y pronto estuvo desnuda sobre mi cama. Su delgadísima cintura, sus plenas caderas, las desbordantes copas de sus senos, la hacían igual a las milenarias esculturas del sur de la India. El encuentro fue el de un hombre con una estatua. Permaneció todo el tiempo con sus ojos abiertos, impasible. Hacía bien en despreciarme. No se repitió la experiencia.»


Luego está la justificación que ha dado Plácido Domingo, tan reveladora: “Creí que todas mis interacciones y relaciones eran siempre bienvenidas y consentidas”.


Según Neruda, después de varios intentos por establecer algún tipo de contacto con la sirvienta, y ante la negativa y la pasividad mostradas por ella, se decidió a hacer lo que deseaba desde el primer momento que la vio: poseerla. Utilizarla como desahogo sexual, además de para limpiar su mierda.

¿Qué destino fue el de esta pobre mujer? ¿Cuántas veces su belleza la hizo doblemente sirvienta? Me duele imaginarlo. Solo por honrarla a ella, solo por eso, merece la pena gritar al mundo el abuso, aunque luego el que lo infligió sea perdonado por el gran público, más dispuesto a creer al acosador que a la acosada.


Pablo Neruda, en su autobiografía Confieso que he vivido, describe una violación perpetrada por él.


Sería, claro que sí, una triste injusticia que un inocente fuera acusado falsamente, pero el número de casos y sus consecuencias son una gota de agua en el océano de sufrimiento de las innumerables mujeres que a lo largo de los siglos han sido vejadas y silenciadas.

NO HAY PAZ PARA LAS MUJERES

No, no hay apenas consecuencias para ellos si no se demuestra fehacientemente el acoso (lo que es prácticamente imposible). El revuelo de la noticia se aplaca y el “señalado” seguirá con su vida y su honra intactas. Ejemplos de hombres en entredicho tenemos unos cuantos, y ahí están recibiendo parabienes. Hasta el ministro de Cultura ha salido en defensa del último, y Ainhoa Arteta, que reveló hace muy poco haber sufrido una violación (también cuando consiguió el coraje para contarlo, treinta años después), prefiere creer al divo.

Pablo Neruda.
Pablo Neruda.

Homero, Tito Livio, Heródoto, y hasta la Biblia, hablaban ya de las mujeres como botín de guerra.

Pero nunca, ni en tiempos de paz, hay paz para las mujeres.

(Elisa Blázquez Zarcero es periodista y escritora. Su último libro publicado es la novela La mujer que se casó consigo misma. Diputación de Badajoz).

SOBRE LA AUTORA

Una colaboradora muy especial

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