Sangre roja

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Hospital

Tengo la certeza intransferible de que, si la edad nos hace ricos en sabiduría, como a Kavafis, ello ha de convertirme en un ser más solidario y -digamos, para no asustar- progresista. No aceptaré que la evolución social y política del ser humano sea inversa a su sabiduría, sino todo lo contrario.

Gregorio González Perlado
Gregorio González Perlado

Cerca del mundanal ruido e inmerso en el entrañable desconcierto de las masas, aquí me hallo por primera vez, en la estruendosa sala de espera de un hospital, abarrotada de ciudadanos como yo, anónimos, aguardando sin tiempo quién sabe a quién, quién sabe cuándo. Acaso, como yo, desconozcan qué médico les atenderá, pues acaso, como yo, habrán soportado con rostro perturbable la cola de recepción en planta baja, la de información en planta primera para, cerca de una hora después, saber que sabemos poco: que hemos de esperar a que se abra una de las puertas numeradas y la enfermera pronuncie nuestro nombre, amigo Kafka. Y aquí me hallo, noventa minutos después de la hora de la cita que me dieron para hoy, ocho meses después de visitar al médico de cabecera.


Habríamos de morir más a la izquierda que cuando nacimos.


Analizo sin tiempo la situación que me rodea; lo hago guiado por mi corazón, que sigue bombeando sangre roja, más roja cada día, y desde el corazón reflexiono, en la estruendosa sala de espera de un hospital inhóspito: Tengo la certeza intransferible de que, si la edad nos hace ricos en sabiduría, como a Kavafis, ello ha de convertirme en un ser más solidario y -digamos, para no asustar- progresista. No aceptaré que la evolución social y política del ser humano sea inversa a su sabiduría, sino todo lo contrario. La experiencia, como valor de alto coste, y el mundo planetario que vivimos -degradado natural y socialmente- me invitan expresamente a que la sangre que me da vida tenga cada día un tono más rojo y no anhele para mí lo que les falta a los demás.

Creo que ésa es la evolución adecuada, al menos la que pretendo de cuanto he aprendido en tantos años de vida. Habríamos de morir más a la izquierda que cuando nacimos. Acepto que ésa es una señal de respeto hacia uno mismo y de solidaridad con el prójimo. Lo pienso ahora, cerca del mundanal ruido de voces de ciudadanos anónimos que, como yo, aguardan sin tiempo quién sabe a quién, quién sabe cuándo.

(Gregorio González Perlado es periodista y escritor).

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