El bramido de Poseidón

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Rajoy, a los pies del intolerante obispo Rouco Varela, ante la curiosidad de una reina consorte y la indiferencia de un rey. RTVE
Rajoy, a los pies del intolerante obispo Rouco Varela, ante la curiosidad de una reina consorte y la indiferencia de un rey. RTVE

Es cierto que la verdad nos hace libres, pero la libertad verdadera nos hace individuos inteligentes, capaces de distinguir y de elegir. Cuando alcancéis tal grado de sensatez y clarividencia, no os sobrecogerá el bramido del encolerizado Poseidón, transfigurado en un Torquemada ataviado de obispo español del medioevo en pleno siglo XXI.

Gregorio González Perlado
Gregorio González Perlado

La Historia es como una lengua que habla sola; imparable, insobornable y veraz, a veces ensalza, muchas otras delata y frecuentemente denuncia. Las razas, tribus y pueblos que nos precedieron en el empleo del mundo han conformado la Historia y a ella nos debemos porque de ella dependemos. Hijos del amor y de la ira, somos lo que fuimos, espejo de su alteza y de sus mezquindades. Dando esto por cierto, haría bien la Iglesia Católica en mantener a los obispos españoles en silencio (tanto que callar de su tenebrosa historia), que cesen sus soflamas incendiarias, desestabilizadoras, inmorales. Obispos mentirosos que, por serlo, habrían de arder eternamente entre las llamas de su infierno.

“Martillo de los herejes, luz de España y salvador de su país”, así definió el cronista Sebastián de Olmedo a Tomás de Torquemada. La Historia nos advierte de que, para la Iglesia Católica, hereje es cualquier persona que no comulga con sus ideas. Así pues, la descripción que Olmedo hizo del inquisidor Torquemada está hoy en vigor: la curia infernal que controla la existencia de los católicos vuelve a ser martillo del opositor, luz que ciega a sus contrincantes y salvadora de España, destino en lo universal. Estricto cesarismo, indescriptible hedor a carne quemada.


La herejía es fruto apetitoso, pues abandera nuestra capacidad de ser libres, pregona una viva inteligencia y atisba sabiduría.


NOSOTROS, SUS HEREJES

No habrían de ocuparnos las poses y voces de este club de siniestros si no fuera porque sus manifestaciones llegan sin tamiz a una parte del pueblo que, lamentablemente y todavía, no dispone de la suficiente cultura para aplicarse en el discernimiento. A ellos va destinado el mensaje de estos redivivos torquemadas que el túnel del tiempo ha trasladado al presente. Tengo por cierto que sus clamores emponzoñados no los vocean para mí, ni para millones de ciudadanos que son sabedores de la utilidad de su juicio, pero también de la belicosidad del contrincante en un país en el que todo cabe, incluso los obispos. Tengo también por cierto que esta curia infernal enrojece de rabia canina al comprender que nada puede contra nosotros, sus herejes.

Así las cosas y en los tiempos que corren, la herejía es fruto apetitoso, pues abandera nuestra capacidad de ser libres, pregona una viva inteligencia y, en fin, atisba sabiduría. Aunque no doy por asentadas estas cualidades en mi forma de ser y en mi comportamiento, aspiro a que el curso de los años que me resten y las experiencias que adquiera me conviertan en un hereje ejemplar, del que mis conciudadanos puedan sentirse complacidos.

Permitidme, pues, que os sugiera este camino: libertad, individualidad, conocimiento. Tres disciplinas para rozar la sabiduría, merced a la cual podréis zafaros de los renegridos presagios episcopales, de la palabra estulta, de la intención espuria; sabréis discernir los polvos de los lodos y el grano de la paja. Entonces ya no habréis de “temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes, ni la cólera del airado Poseidón” (Kavafis). Es cierto que la verdad nos hace libres, pero la libertad verdadera nos hace seres humanos, es decir, individuos inteligentes, capaces de distinguir y de elegir. Entonces, cuando alcancéis tal grado de sensatez y clarividencia, no os sobrecogerá el bramido del encolerizado Poseidón transfigurado en un Torquemada ataviado de obispo español del medioevo en pleno siglo XXI. Y el ruido de sotanas se os antojará distante, ajeno, impropio. Soez. Y experimentaréis la intransferible satisfacción del hereje, es decir, del que no comulga con sus propósitos. En verdad, seréis libres.

(Gregorio González Perlado es periodista y escritor).

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