Los que aplauden al abusador sexual

Con su asunción de responsabilidad y petición de perdón, Plácido Domingo ha dejado con el culo al aire a los bobos e interesados que le defendían contra toda evidencia

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Pide perdón demasiado tarde. RTVE
Pide perdón demasiado tarde. RTVE

Casi tan grave como la conducta abusiva imperdonable, ya probada, del cantante, en relación con el ninguneo de las víctimas o la negación de su razón, es la de la defensa ciega y absurda de quienes le han aplaudido la gracia desde que se destapó el hediondo pastel de sus abusos. Porque sin el apoyo de terceros -algunos de ellos, mujeres-, seguramente los abusadores se lo pensarían dos veces. De hecho, es ese apoyo a lo largo del tiempo, esa complicidad sostenida contra toda razón y toda moral, lo que permite que el abusador continúe acosando y sometiendo a sus víctimas año tras año, como ha reconocido que ha hecho Plácido Domingo durante décadas, pidiendo un perdón tardío que llega forzado y completamente fuera de plazo.

Ya se delató Plácido Domingo desde el estallido del escándalo cuando dijo que entonces los usos sociales eran otros, tratando de justificar una conducta en absoluto justificable. Es decir, reconoció los hechos desde el principio, solo que intentando minimizarlos. Lo que ocurre es que en materia de violación, abuso o acoso sexual no existen tiempos más o menos modernos o antiguos, y todo depende de los principios de la persona. Violar, agredir, abusar o acosar sexualmente a una mujer, y más cuando se hace desde una posición de poder, es igualmente perverso y reprobable en cualquier tiempo, cultura y lugar. Lo contrario sería como justificar azotar a otro ser humano hace siglos porque entonces existía la esclavitud. Los principios que rigen la conciencia humana sirven para cualquier tiempo y mucho más si el lapso de ese tiempo es corto, como aquel al que se refería Plácido Domingo al principio para justificar sus abusos.


El sindicato de artistas de EE.UU. ha declarado probados 27 casos de acoso sexual por parte del tenor.


Luego, el cantante cambió su versión y lo negó todo. Y ahora ha terminado reconociendo los hechos -cuando una prolija investigación ha demostrado que eran ciertos- y pidiendo perdón tardíamente, lo que, lamentablemente, prueba que su estatura moral y humana es inversamente proporcional a su talla artística. ¡Qué pena de persona sometida a los intereses del personaje! ¡Y qué final más terrible para una carrera artística tan admirable como la suya!

Pero casi tan grave como esa conducta abusiva imperdonable del cantante, en relación con el ninguneo de las víctimas o la negación de su razón, es la de la defensa ciega y absurda de quienes le han aplaudido la gracia desde que se destapó el hediondo pastel de su acoso. Sin el apoyo de terceros, seguramente los abusadores y acosadores se lo pensarían dos veces. De hecho, es ese apoyo a lo largo del tiempo, esa complicidad sostenida contra toda razón y toda moral, lo que permite que el abusador continúe acosando y sometiendo a sus víctimas año tras año. Y de eso, este lamentable y tardío arrepentido Plácido Domingo -condenado ahora socialmente por el informe que demuestra su vergonzosa conducta durante décadas y a la espera de que de ello pueda derivarse alguna posible acción judicial- y ese vomitivo Harvey Weinstein -condenado ya en firme por un tribunal estadounidense- saben mucho. Sin esa conchabanza de colegas, compañeros, aduladores, subordinados y demás partícipes, sin esa connivencia de tantos cómplices voluntarios o forzosos, ni Domingo, ni Weinstein, ni tantos otros machotes que se aprovecharon de su poder para someter a sus víctimas hubieran logrado sus propósitos.

DEFENSORES DE LO INDEFENDIBLE

Ainhoa Arteta, olvidando el respeto debido a las víctimas, defendió en agosto de 2019 a Plácido Domingo diciendo que “es uno de los hombres más respetuosos y caballeros que conozco”. También lo defendieron, con argumentos de este tenor, artistas como Paloma San Basilio, María José Suárez, Davinia Rodríguez o Pilar Jurado, ignorando por completo la razón que se ha demostrado que tenían las mujeres acosadas por el cantante. Una actitud incomprensible, y más en mujeres, que solo juzgaban por su caso -“a nosotras no nos hizo nada” venían a decir-, ignorando la razón de las demás.


La encendida defensa de artistas como Ainhoa Arteta o Paloma San Basilio ha sido vergonzosa.


También los medios contribuyeron con sus sesgadas informaciones a esa pretendida impunidad que durante décadas arropó al artista. A mediados de diciembre de 2019, cuatro meses después de destaparse el escándalo, ABC destacaba los 20 minutos de aplausos a Plácido Domingo en su “arrollador triunfo en Milán”, e informaba que “todos los medios han destacado el arrollador triunfo de Plácido Domingo, subrayando que el público olvidó completamente las acusaciones de molestias sexuales y las posteriores polémicas…” ¡”Molestias sexuales”, llama ABC al acoso de un poderoso sobre mujeres subordinadas a él!

Por su parte, El Mundo publicó una crónica de un concierto del tenor en Valencia en diciembre del año pasado, titulada “Los aplausos “absuelven” a Plácido Domingo”. La información, igualmente vergonzosa, decía, entre otras cosas: “Los asistentes al estreno de Nabucco en el Palau de Les Arts de Valencia concedieron la absolución al veterano cantante dedicándole en pie ovaciones y un aplauso atronador”; o “Nabucco ha servido también para que el público español rescate la figura de Plácido Domingo. Porque este lunes por la noche, los asistentes al estreno de esta producción en el Palau de Les Arts de Valencia concedieron la absolución al veterano cantante”. ¡”La absolución”, dice alguien que se hace llamar periodista!

HECHOS PROBADOS

Pero la realidad es la que es, por mucho que los “espontáneos” defensores, bobos o interesados, de los poderosos, y tan olvidadizos de las víctimas, quieran hacer colar su visión siempre favorable al divo, y finalmente el sindicato de artistas de EE.UU. ha terminado una investigación en la que responsabiliza al cantante de “al menos 27 casos de abusos que cometió aprovechando su posición de poder”.

Ainhoa Arteta, lo defendió a ultranza, pero la confesión del tenor le deja sin argumentos. RTVE
Ainhoa Arteta, lo defendió a ultranza, pero la confesión del tenor le deja sin argumentos. RTVE

Ya Associated Press había publicado con anterioridad que, como ha desvelado Marian Benito en El Mundo hace escasos días, el tenor “presionó a las supuestas víctimas, mujeres jóvenes en los inicios de su carrera, para que mantuvieran relaciones sexuales con él a cambio de trabajos, castigando profesionalmente a las que se negaban. Aparte de los testimonios de acoso sexual explícito, existen otros relatos de profesionales que vivieron proposiciones incómodas o presenciaron un comportamiento sexual inapropiado, como perseguir a las jóvenes impunemente. Al parecer, había un consejo tácito de evitar el encuentro con él a toda costa”.

Ha sido en este momento, colocado entre la espada de la demostración de su culpa y la pared de la condena de Harvey Weinstein a penas de prisión por los dos primeros casos de agresión sexual y violación por los que se ha juzgado hasta ahora en EE.UU. al otrora todopoderoso productor cinematográfico -restan otros varios aún por juzgar-, cuando Plácido Domingo ha confesado finalmente, asumiendo “toda la responsabilidad” de sus actos y pidiendo perdón a sus víctimas.

Como consecuencia de todo ello, ha empezado a producirse una cascada de reacciones claramente negativas y condenatorias para el cantante: el Teatro de la Zarzuela de Madrid le ha despedido de sus próximas actuaciones; él mismo ha renunciado a otras actuaciones en el Teatro Real antes de que le pusiesen también de patitas en la calle; en Valencia han quitado su nombre del Centro de Perfeccionamiento del Palau de les Arts. Y esto es solo el comienzo.

Algo muy importante está cambiando en el mundo para que personajes tan poderosos como Domingo o Weinstein se conviertan de pronto en apestados a los que nadie quiere cerca, ni siquiera sus anteriores aduladores y defensores; para que grandes protagonistas del arte o de la industria cinematográfica acaben su trayectoria, en la etapa final de su existencia, de esta manera tan vergonzosa y humillante, que oscurece para siempre sus brillantes carreras.

(José Mª Pagador es periodista y escritor, y fundador y director de PROPRONews. Sus últimos libros publicados son 74 sonetos (poesía, Fundación Academia Europea de Yuste), Los pecados increíbles (novela, De la Luna Libros), Susana y los hombres (relatos, Editora Regional de Extremadura) y El Viaje del Tiburón (novela, Caligrama Penguin Random House).

SOBRE EL AUTOR

José Mª Pagador y Rosa Puch, casi 100 años de periodismo

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