La desesperación de una madre (o de un padre) gaviota

Esto es lo que puede ocurrir cuando el único pollo que crías se te cae del nido

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Estaba aterrado. J.M. PAGADOR
Estaba aterrado. J.M. PAGADOR

Si sois gaviotas, da igual si padre o madre, si habéis construido vuestro nido en un tejado a dos aguas, desafiando tal vez varias leyes, entre ellas, la de la estabilidad y la de la gravedad, y si habéis traído al mundo a un hijo posiblemente único, como se deduce de la que se armó, y este hijo se pasa de listo, no hace caso a vuestras indicaciones, sale del nido antes de tiempo y cae la calle desde una altura de ocho metros, no hay duda de que tenéis un problema.

Lagos, Portugal.-

Los seres humanos, tan antropocéntricos y tan egocéntricos -lo que es todavía peor- solemos ensimismarnos con nuestras cosas e ignoramos muchas veces a los incontables seres, que, en una infinita y hermosa variedad, pueblan también este mundo, del que, lamentablemente, estamos expulsando a numerosas especies, sin contar las incalculables que se han extinguido ya por nuestra culpa.

La madre, o el padre, pedía socorro desesperadamente. J.M. PAGADOR
La madre, o el padre, pedía socorro desesperadamente. J.M. PAGADOR

En la vida de los animales suceden cosas que a menudo nos pasan desapercibidas. Incluso tragedias, o amenazas de tragedias, que ponen el corazón en un puño al más pintado, aunque seas un ave experimentada, lista y curtida en mil batallas.

La historia que cuento ocurrió este verano en Lagos, esa preciosa ciudad del Algarve que nunca me cansaré de visitar, con sus calles limpísimas empedradas de relucientes motivos, que los pedreros portugueses, verdaderos artistas, siguen realizando hoy día, y cuyas obras no tienen nada que envidiar a los mejores mosaicos de la antigüedad. Es una historia tan sencilla e intrascendente, si no eres la gaviota afectada, que posiblemente algún lector dirá que “vaya tontería” traer algo así a estas páginas. Pero en PROPRONews también tienen cabida esos otros seres, que, sin ser humanos, tienen todos los derechos que les confiere el haber nacido y compartir con nosotros este planeta.

Ocurrió en esta calle de Lagos. J.M. PAGADOR
Ocurrió en esta calle de Lagos. J.M. PAGADOR

La cosa pasó así: Íbamos paseando una mañana por las calles de Lagos, cuando escuchamos en la distancia una especie de canto que llamó nuestra atención. Parecía el gañido de una cacatúa, solo que había en esa voz un timbre de alarma que nos transmitió el inequívoco mensaje de que algo malo ocurría. Las gaviotas tienen una gran capacidad de comunicación y desarrollan un lenguaje con el que son capaces de transmitir variados mensajes, pero nosotros todavía no sabíamos que se trataba de una gaviota.

Una bolita de plumón apenas visible y en grave peligro. J.M. PAGADOR
Una bolita de plumón apenas visible y en grave peligro. J.M. PAGADOR

A medida que nos acercábamos al origen de ese sonido inquietante, pudimos descubrir que los ruidosos y constantes gañidos eran respondidos por un canto suave, un piar que parecía la respuesta de un jilguero. Hasta que, al llegar al sitio, vimos que se trataba de una gaviota -no sé si la madre o el padre del atrevido- que, asomada al alero de un tejado, llamaba aterrada a su hijo y proclamaba al mundo que su pollito había caído del nido a la calle.

La madre, o el padre, no cesaba de pedir ayuda. J.M.PAGADOR
La madre, o el padre, no cesaba de pedir ayuda. J.M.PAGADOR

Para la construcción del nido y la alimentación y crianza de sus crías, el macho y la hembra gaviota trabajan cooperativamente y se turnan para las tareas del hogar. Son aves muy inteligentes, que incluso son capaces de utilizar herramientas diversas para sus fines. En este caso no podemos decir si la desesperada gaviota era el padre o la madre, aunque eso da igual, porque en el mundo de las gaviotas no existe el patriarcado, ni el machismo, ni la violencia de género, ni los talibán, y todos los individuos son considerados y tratados por igual.

El pollo no cesaba de llorar. J.M. PAGADOR
El pollo no cesaba de llorar. J.M. PAGADOR

Arriba, la gaviota progenitora gritaba pidiendo socorro y regañando a su hijo desde el alero. Abajo, el pollo, asustado, respondía tenuemente diciendo “lo siento, ha sido sin querer, pero sácame de aquí, que no me gusta nada esto”. Junto al pollito, la responsable de una tienda contigua había colocado un recipiente con agua y un poco de pan mojado, que el pollo ignoraba porque estaba tan asustado que no tenía apetito ni podía tragar. La chica procuraba que la cría de gaviota no estuviese mucho tiempo al sol y paraba a todo curioso que tratase de tocar o coger a la víctima del singular accidente.

Cuartel de los bomberos de Lagos, héroes de esta historia, como de tantas. J.M. PAGADOR
Cuartel de los bomberos de Lagos, héroes de esta historia, como de tantas. J.M. PAGADOR

Viendo que el drama se prolongaba, pero que aquel ser diminuto y redondo como una bola de plumón estaba a salvo y protegido con aquella aguerrida guardiana, nos marchamos de allí. Pero al día siguiente volvimos para averiguar el final de la historia. Respiramos aliviados cuando supimos que el pollito se había salvado gracias a los Bombeiros Voluntários de la ciudad, que habían sido avisados y lo habían devuelto a su nido, para alivio de sus progenitores y no solo de ellos.

No es una tontería, ¿verdad? Solo hay que ponerse en el lugar de los miembros de esta amorosa familia de gaviotas.

(José Mª Pagador es periodista y escritor, y fundador y director de PROPRONews. Sus últimos libros publicados son 74 sonetos (poesía, Fundación Academia Europea de Yuste), Los pecados increíbles (novela, De la Luna Libros), Susana y los hombres (relatos, Editora Regional de Extremadura) y El Viaje del Tiburón (novela, Caligrama Penguin Random House).

SOBRE EL AUTOR

José María Pagador Otero

José Mª Pagador y Rosa Puch, 100 años de periodismo

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