Un hombre y dos gatitos

Una escena callejera que desvela una nueva masculinidad cada vez más alejada de vetustos patrones

1148
J.M.PAGADOR
J.M.PAGADOR

El día y la calle deparan escenas entrañables, o curiosas, o interesantes, o emotivas, para quienes, además de mirar, ven. Por ejemplo, un hombre joven con dos gatos recién nacidos, a los que pasea cuando tiene que salir de casa porque no los puede dejar demasiado tiempo sin los imprescindibles cuidados, entre ellos, el primero y principal: alimentarles. Esta es la secuencia. Una ráfaga de vida y de ternura en medio del bullicio de la ciudad.

Cádiz.-

Jose, (así, en confianza, sin acento, aunque hasta ese momento no le conociésemos de nada), un mocetón de veintitantos años, estaba esperando el autobús en una parada de Cádiz. A sus pies había dos cosas: un impoluto transportín para mascotas, con dos gatitos de apenas unos días de vida, y una mochila no menos pulcra. Amante como soy de los animales, no pude resistir la tentación de pararme a mirarlos y a preguntarle a su dueño.

Jose, con uno de sus gatos. J.M.PAGADOR
Jose, con uno de sus gatos. J.M.PAGADOR

Amablemente me atendió Jose, en coherencia con su disposición ante la vida como prueban sus dos gatitos, me dijo su nombre, me contó la todavía breve historia de los dos afortunados animalillos (la gata de alguien cercano a él había parido y las crías habían sido distribuidas entre allegados y amigos, uno de ellos, Jose) y su decisión de quedarse con estos dos, macho y hembra, aun consciente de la carga que asumía y del trabajo que iban a darle. Pero eso no le importaba. Se había hecho cargo de ellos con la dedicación que las buenas personas dan a sus animales y que debe ser coherente también con el trato que las personas deben dispensar a las personas.

El transportín. J.M.PAGADOR
El transportín. J.M.PAGADOR

El transportín, prácticamente nuevo, lucía en su limpieza dejando ver su delicada carga. Comentamos que las dos crías todavía mamaban y, Jose, se agachó, abrió la mochila, y nos mostró el biberón que siempre lleva consigo cuando saca a sus gatos de casa. Es una historia como tantas de personas y animales, sin más importancia que la que tiene, pero que revela algo impensable hace no muchos años: la evolución de la masculinidad, desde el arcaico machismo de ayer, hacia ámbitos más humanos y amables en los que cabe mostrar al mundo los propios sentimientos, de los que estos dos gatitos de Jose son el anuncio y el símbolo.

OTRAS SECUENCIAS

Paseo otoñal con ciervos

El prodigio de la mariposa colibrí

La lección de las orquídeas

Nadie se acordó de los feriantes

Serena Lisboa

Patriotismo de balcón