sábado, 21 mayo, 2022
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La compostura

El comportamiento cívico de un ciudadano de a pie es importante para el prójimo, le afecta personalmente. Pero el de un político, mucho más. Los modos y maneras de un político, además de importantes, son imprescindibles.

Gregorio González Perlado
Gregorio González Perlado

Honradez, decencia, recato, decoro, rectitud de comportamiento y compostura son sinónimos de honesto. Un lujo del siglo XXI, por lo tanto reservado y frecuentemente oculto. Incluso el término honestidad se me antoja hoy un arcaísmo. En la antigüedad -es decir, a mediados del siglo pasado- la honestidad parecía reservada al género femenino. Una mujer no sólo tenía que ser honesta, sino parecerlo (recuerden a la mujer del César). Si no lo era ni lo parecía, mal asunto, pues podía quedar para ‘vestir santos’. Sin embargo, del género dominante en la antigüedad nunca se exigió decencia. El hombre, cuanto más sinvergüenza, más aparente para subsistir en la jungla y hasta más apetecible como macho.

Aquella forma de vida todavía tan cercana en el tiempo resulta hoy refutada por la inmensa mayoría, y en buena hora. Sucede, pues, que la mujer no tiene que ser ni parecer hoy más honesta, y que el hombre, como nunca la ha tenido por virtud, no echa en falta la honestidad. Así las cosas, ¿quién se acuerda de ella?

COMPORTAMIENTO POLÍTICO

En lenguaje vulgar, en castellano cotidiano, el comparativo se emplea mucho y casi siempre mal. Es decir, cuando coloquialmente decimos que alguien es más honesto que antes, nuestro interlocutor entiende no que anteriormente era honesto y ahora más, sino que ayer no lo era y hoy sí. Es incorrecto, sin duda, pero el mal uso se hace norma, por desgracia. El comportamiento cívico de un ciudadano de a pie es importante para el prójimo, le afecta personalmente. Pero el de un político, mucho más. Los modos y maneras de un político, además de importantes, son imprescindibles. Él es nuestro valedor y le hemos empleado en esta empresa pública que es el Estado para que no sólo sea honesto, sino que lo parezca; para que la decencia, su decencia, no sea un lujo del siglo XXI, sino una actitud pública y veraz. Las conductas de determinados políticos en blanco y negro -hoy coloreados como las rancias películas- no habrían de impedirnos ver el bosque. Sólo cuando algunos representantes del pueblo abandonan el sillón, parecen recuperar la compostura. ¿O acaso ciertos dirigentes de hoy no sean más que el reflejo en un estanque enlodado de lo que representa un sector de la sociedad? Bueno es reflexionar sobre ello, pese a que corren malos tiempos para el pensamiento.

(Gregorio González Perlado es periodista y escritor).

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