Coronavirus, ¿aviso o castigo?

Hay una realidad transcendente, aunque no invisible, que nos llama a ajustar cuentas sobre nuestra forma de vivir

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La basura espacial es síntoma visible de la degradación del planeta a manos del hombre. RTVE
La basura espacial es síntoma visible de la degradación del planeta a manos del hombre. RTVE

Todas las mitologías han considerado a la Tierra como una diosa benévola que expresa su ilimitado poder envolviéndonos en una atmósfera protectora y creativa. El amor que hacia ella sintieron nuestros más remotos antepasados se ha ido traduciendo en mil formas cuando, al irse desplegando por llanuras, bosques, desiertos, cumbres y cavernas, hallaban la posibilidad de entablar con Ella un diálogo que conformaría la historia de una aventura sin límite. Brindaba incontables oportunidades al hombre que durante milenios la recorrió como cazador recolector, en empeños que eran guiados por videntes, chamanes y hechiceros, mediante diferentes formas de diálogo con la Madre. Ahora todo eso ha cambiado. Es como si empezase a cumplirse el aviso de las apariciones de Garabandal.

Xavier Moreno Lara
Xavier Moreno Lara

El Escorial.-

Un nuevo horizonte se abre con el Neolítico, cuando el hombre necesita y busca asentarse y reconfigurar nuevos espacios para mostrar su talento creativo, dominando la naturaleza y aplastando al vecino que no sea de la tribu. De esa nueva forma de diálogo y desafío entre el hombre y la Tierra nacieron las grandes civilizaciones: Egipto, Mesopotamia, la India y China como desafíos que obligaban a domar las aguas y multiplicar cosechas en eriales y desiertos, muchas veces entre guerras crueles. Sin que eso liberase al hombre de seguir atento a las exigencias de la Tierra, Gea, madre benévola como naturaleza, que seguía un ciclo ordenado dentro de unos límites. Salirse de él podía tener respuestas imprevisibles en tormentas, inundaciones, terremotos y otras formas de mostrar su prevalencia… Cuando se mostraba así era para hacer sentir lo ruinoso que podía resultar cualquier forma de alterar la buena relación entre el hombre y la Naturaleza.


Urge que entremos en el fondo del problema: valorar lo que puede haber de conducta equivocada en nuestra relación con la Tierra.


Por eso, sin abandonar la investigación que lleve a conocer lo que la Covid-19 encierra en su puro desarrollo microbiológico y, al mismo tiempo que buscamos controlarlo con vacunas, urge que entremos en el fondo del problema: valorar lo que puede haber de conducta equivocada en nuestra relación con la Tierra. Frente a otras que han dejado imponentes huellas de su ruina, nosotros somos herederos de culturas forjadas en el intento de conocer, aceptar y respetar los desafíos naturales. Para ganarlos, por lo general de forma controlada, pero también para perderlos cuando la agresión de la Naturaleza esconde la causa de su virulencia o su forma de agresión desborda como pandemia los conocimientos de quienes la padecen. La Historia registra varias de estas agresiones de la Naturaleza en forma de pestes que ponían en evidencia, a veces durante decenios, la capacidad de respuesta de los responsables de conservar o recuperar el orden perdido de las cosas, con una visión del horizonte que nos obliga a pensar que el hombre responde al Cielo y a la Tierra. Que debe, en una palabra, salir de la caverna platónica para cambiar sus elucubraciones por la visión verdadera de la realidad.

De esas elucubraciones nos hablaba Ingmar Bergman al abordar el desafío de la Peste Negra en El séptimo sello y mostrar, con belleza y profundidad, el fracaso de los que apostaban por salidas convencionales o extremas, como la penitencia lúgubre, la peregrinación o el drama de fe inquisitorial. El protagonista, un cruzado derrotado en Tierra Santa, aunque asume que la competición con la Muerte es una partida de ajedrez que tiene todas las de perder, gana tiempo para desenmascarar el fanatismo de los inquisidores y el dolor de los penitentes. Y avanza un paso más para mostrarnos que quienes van a salvarse son los inocentes: la familia de titiriteros, gentes humildes y amorosas que nos brindan una forma alegre de burlar a la Muerte.

CUANDO EL MISTERIO SE APARECE

Si he recordado el mensaje de la película de Bergman, aun sabiendo que no es de recibo para los líderes de nuestra cultura cibernética, es para mostrar que también en estos momentos de peste no todas las voces son de alarma y se multiplican canciones y gestos alegres que, muchas veces aplaudiendo su propia limitación, llaman a la confianza. Lo invisible del ataque viral choca así con la respuesta de los inocentes, lo que no deja de ser un diálogo profundo con el latido ondular del Universo.

Las niñas de Garabandal, en una de sus visiones.
Las niñas de Garabandal, en una de sus visiones.

Todos nosotros, cada uno a su manera, hemos vivido momentos en los que nos rozaba la dimensión profunda de la existencia en alguna de las muchas formas que tiene de sorprendernos ese latido ondular. Como otros muchos, yo sentí esa dimensión al escuchar la noticia de que en Garabandal, un pequeño lugar de la Sierra Cantábrica, cuatro niñas de apenas diez años estaban viviendo unas presencias que ellas y quienes las rodeaban consideraron de ángeles y de una señora que respondía, de alguna manera, a la imagen de la Virgen del Carmen (LAS NIÑAS).

Era el comienzo de los años 60 y, a lo largo de los cinco años en que se repitieron aquellos encuentros, acudieron a presenciarlos miles de personas de muchos rincones de nuestro país que aceptaban, de alguna manera, el fondo de aquella realidad. Algunos de ellos testificaron que, al participar en aquellos encuentros, aunque solo fuera como testigos mudos, experimentaban vivencias que dejaron en ellos una huella de claridad y paz duraderas. La vidente que encabezaba el grupo, hablaba también de un Aviso con la advertencia de que nuestra civilización debía frenar el desarrollo consumista y el desprecio de cuantas formas de moral pusieran barreras al egoísmo más desnaturalizado.

EL ÚLTIMO MENSAJE

Aviso y Castigo figuran en el último mensaje que aquella Señora misteriosa transmitió a Conchita, líder de las niñas, en junio de 1965. Me limitaré a copiar un párrafo en el que hace una descripción poco halagüeña de algunos líderes de la Jerarquía católica:

“Antes la copa se estaba llenando; ahora está rebosando: los sacerdotes, Obispos y Cardenales van muchos por el camino de la perdición y con ellos llevan a muchas almas. A la Eucaristía cada vez se le da menos importancia”.

Faltaba medio año para que finalizase el Concilio Vaticano II y, en ese contexto, suena excesivamente dura la descalificación que el mensaje hace de responsables de la Iglesia oficial. Pero los años transcurridos desde entonces han mostrado conductas que bien merecían esas palabras. Quizás por eso, la Jerarquía local y nacional ha dado siempre la espalda a los encuentros de Garabandal, mientras que en los cincuenta años transcurridos el mensaje recibido por las niñas ha ido suscitando ecos en países de los cinco continentes.


Lo invisible del ataque viral choca así con la respuesta de los inocentes, lo que no deja de ser un diálogo profundo con el latido ondular del Universo.


En vista de que esa denuncia no había hecho eco entre los aludidos, Conchita recibiría más adelante el mensaje que habla de un enrarecimiento de la naturaleza que se mostraría como Aviso incuestionable de que la humanidad no iba por el camino que garantizase su buen crecimiento y desarrollo. Aviso al que, de no ser tenido en cuenta, seguiría un Castigo…

A lo largo del medio siglo transcurrido desde aquellas visiones y advertencias, el mensaje recibido por las niñas ha conseguido un eco de modestas dimensiones como noticia de primera plana, pero universal en la adhesión de seguidores que han creado Centros Garabandal en cuarenta países de todo el mundo, algunos tan diferentes del nuestro como la India y Australia… Gentes que aceptan con respeto la amenaza del Aviso y Castigo, que es la única manera en que esa actitud puede resultar beneficiosa a quien la adopte.


Se han creado Centros Garabandal en cuarenta países de todo el mundo, algunos tan diferentes del nuestro como la India y Australia.


¿Qué puede tener de extraño que muchos de quienes, en la forma que sea, han sentido algún eco de aquellos acontecimientos piensen que el Coronavirus, que incuestionablemente es un Castigo, está pidiendo algo más que una respuesta puramente sanitaria?

Mientras los analistas avanzan en la búsqueda de recursos y vacunas que frenen y hagan retroceder este ataque a la existencia misma de nuestra cultura del derroche, cada uno de nosotros tiene la oportunidad de mirarse en espejos mágicos, como el de la historia de Garabandal y sus niñas. Nos muestran que hay una realidad transcendente, aunque no invisible, que nos llama a ajustar cuentas sobre nuestra forma de vivir. No necesariamente por el camino de la religión oficial y las procesiones de penitentes que veíamos en El Séptimo Sello, sino atendiendo a llamadas que nos despierten para que podamos vivir como camino de salud incuestionable mensajes de corte transcendente.

El urbanismo y el consumismo desaforados hacen peligrar la sostenibilidad del mundo. J.M. PAGADOR
El urbanismo y el consumismo desaforados hacen peligrar la sostenibilidad del mundo. J.M. PAGADOR

Ante todo, como información de que existe otro mundo diferente al que brindan las redes. Siendo este incuestionable como propuesta de liderazgos, oportunidades, y disfrutes, se ha mostrado impotente a la hora de conocer y derrotar a un enemigo cuyo poder destructivo se basa en la insignificancia de su tamaño.

Es difícil derrotar a un enemigo que no se ve si la única forma de atacarle es con un riguroso aislamiento que, lo primero que consigue, es mostrar nuestra incapacidad de ser como Dioses, pues su mordisco pone en ridículo el Paraíso que nos habíamos forjado, al apostar por un progreso material que hace grietas en frentes tan relevantes como el de evitar que la pobreza sea la condición obligada de miles de millones de habitantes de este imperio del derroche.

Llegaremos a Marte, sin duda, como afirman los científicos al proclamar que ya ha nacido el hombre que un día pondrá la huella de su pie en el planeta rojo, pero hoy y siempre el verdadero terreno de combate no está en el vacío sideral sino en el corazón del hombre.

(Xavier Moreno Lara es periodista, escritor y filósofo).

SOBRE EL AUTOR

El prestigioso periodista, filósofo y escritor Xavier Moreno Lara, nuevo colaborador de nuestro periódico

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