jueves, 9 febrero, 2023
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Harry ha puesto en la diana islamista a su familia y a él

La temeraria declaración de haber matado a 25 talibanes “como piezas de ajedrez” inicia un año más peligroso para la realeza británica

El escándalo que en Gran Bretaña ha suscitado la publicación del libro del llamado príncipe Harry, adquiere, sobre, la frivolidad del asunto, tintes dramáticos, por cuanto su vergonzosa confesión de que en Afganistán mató a 25 talibanes como se derriban “piezas de ajedrez”, disparándoles con una ametralladora pesada desde un helicóptero -hazaña bizarra donde las haya-, ha puesto en la diana de una posible venganza a la familia real británica y a él mismo. El servicio secreto británico interior y exterior ha extremado las precauciones al respecto. En principio, el que más peligro corre es el propio Harry, cuya residencia en EE.UU. le convierte en el objetivo más vulnerable. La sombra de lo que le pasó en octubre en este país a Salman Rushdie oscurece el horizonte de este príncipe inmaduro y lenguaraz.

Londres.-

Aquí, en la capital británica, como en el resto del país, aunque la publicación de lo que ya se califica de “bodrio” es considerada por la mayoría como un asunto menor en un país donde Enrique no goza de ninguna credibilidad -en ciertos círculos le llaman ya Goofy Harry (Harry el Bobo)-, sin embargo los efectos impensados de las acciones de este personaje, que se comporta como un adolescente cabreado -eso sí, a golpe de talonario, a 100 millones de dólares por su serie en Netflix y a casi la mitad por el citado libro y otros comprometidos con la editorial-, han causado honda preocupación en la familia real, y no solo por el ridículo y el descrédito de esa absurda “biografía” de un brat (niñato), sino por el evidente peligro que representa el haber confesado públicamente la matanza de talibanes que perpetró y su nulo respeto por la vida y la dignidad humanas, al comparar ese hecho con el gesto de quien derriba de un manotazo las piezas de un ajedrez.


El reciente atentado contra Salman Rushdie en un acto literario avisa del peligro que corre Harry en las presentaciones de su libro.


Si la seguridad de la realeza británica ya es muy estricta, en unos tiempos, además, en los que el terrorismo, incluyendo el terrorismo islamista, necesita la visibilidad y el eco que proporcionan las víctimas más célebres, los servicios de espionaje británicos, tan eficaces casi siempre, han redoblado el esfuerzo para prevenir cualquier acto de venganza por la muerte de esos 25 musulmanes que Goofy Harry dice que mató, declaración libresca que, además, no ha ido acompañada de la menor palabra de conmiseración o de respeto que merece todo enemigo abatido.

Harry el Bobo, condecorado por su tía por sus 'heroicidades' en Afganistán. BUCKINGHAM PALACE
Harry el Bobo, condecorado por su tía por sus ‘heroicidades’ en Afganistán. BUCKINGHAM PALACE

HARRY, EN PELIGRO

Pero los que peor lo tienen en materia de su propia seguridad son Harry, su mujer, su hijo y su hija, y más en un país como EE.UU., donde las armas circulan libremente y donde un vengador puede permanecer agazapado durante décadas hasta tomarse el desquite, como bien demostrado quedó con el atentado que el escritor Salman Rushdie sufrió en octubre pasado, precisamente en un acto literario, y que a punto estuvo de costarle la vida, habiéndole dejado ciego de un ojo e incapacitado de una mano.

En Londres se especula con que la editorial de Harry deberá tomarse muy en serio este peligro, habida cuenta de los actos de presentación programados en EE.UU., en Reino Unido y en otros países, pues el libro, del que se han lanzado más de dos millones de ejemplares en esta primera edición, ha sido traducido a dieciséis idiomas, lo que requerirá una amplia estrategia de márketing prácticamente en todo el mundo, una estrategia cuyo “atractivo” principal será la presencia del propio Harry en los actos de presentación y firma de libros, lo que multiplica exponencialmente el riesgo.

Portada de un libro absolutamente prescindible. PENGUIN RANDOM HOUSE
Portada de un libro absolutamente prescindible. PENGUIN RANDOM HOUSE

En Reino Unido la impresión generalizada es la de que el reinado de Carlos III no ha podido empezar peor. El malestar en amplios sectores de la sociedad británica por la conducta de Harry, que se suma a la escasa simpatía que despierta el nuevo rey, y el tremendo enfado en círculos profesionales de las fuerzas armadas, muchos de cuyos miembros más relevantes han condenado públicamente las declaraciones de Harry sobre sus “hazañas bélicas”, han sumado nuevas preocupaciones a un monarca que ve temblar las columnas de la centenaria institución que encabeza y cuyos principales enemigos están dentro de casa.

(Tomás Fernán-Núñez es periodista y analista político, exdiplomático y exmilitar).

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