Revuelta independentista en Cataluña: más ruido que nueces

La reacción de los extremistas amplificada por los medios da una falsa impresión de alteración generalizada del orden

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Los Mossos, reprimen las protestas de manera contundente y eficaz. RTVE
Los Mossos, reprimen las protestas de manera contundente y eficaz. RTVE

Lo que vemos directamente en las calles de Barcelona y de las demás ciudades catalanas y la imagen que ofrecen los medios de comunicación tienen poco que ver. El panorama mediático de barricadas ardiendo y de concentraciones “masivas” de manifestantes contrasta con la normalidad con que la práctica totalidad de la población catalana vive su día a día. Exceptuando las alteraciones relativamente graves en el aeropuerto del Prat y en algunas estaciones de tren y carreteras, y exceptuando las barricadas y los fuegos callejeros de las primeras horas tras conocerse la sentencia del procés, la reacción del independentismo más extremista ha sido bastante menor de lo que se esperaba, lo que prueba su frustración, su incapacidad y su menguante capacidad de movilización.

Barcelona.-

Las primeras 24 horas de protestas solo consiguieron movilizar en Barcelona a menos de 50.000 personas. La presencia entre ellas de un par de millares de elementos violentos, no solo independentistas sino anarquistas y antisistemas sobre todo, ha sido determinante para la comisión de episodios violentos, barricadas, quema de contenedores y agresiones a las fuerzas de orden público. Pero la ciudadanía catalana y los observadores menos impresionables tenemos la impresión de que no ha habido, ni con mucho, la reacción que los extremistas más optimistas buscaban, ni las acciones violentas o ilegales, tampoco muy numerosas, han llegado a desbordar en ningún momento los operativos policiales.


La capacidad de convocatoria de los extremistas catalanes es cada vez menor y su frustración es palpable.


La movilización popular ha fracasado hasta ahora. Las cifras de manifestantes en Barcelona, en el peor momento de la protesta en el momento álgido de la furia contra la sentencia, no pasan de 50.000.

Las organizadas marchas sobre Barcelona demuestran la preocupación y el temor de los independentistas de no reunir un número significativo de manifestantes. De ahí la apelación a otras provincias catalanas para que “aporten” manifestantes a las concentraciones previstas para el fin de semana.

La violencia callejera ha quedado confinada a quemas de contenedores y lanzamiento de objetos contra las fuerzas de seguridad, sin que los más violentos hayan conseguido “pasar a mayores” ni haya resultado dañado ni ocupado ningún edificio público.

La actuación de los Mossos ha sido contundente cuando ha sido necesario y su coordinación con las demás fuerzas de seguridad del Estado en Cataluña está siendo ejemplar.


Se espera que en una semana como máximo habrá pasado el que ellos han llamado pomposamente “tsunami” de protestas.


La actuación de La Policía Nacional, la Guardia Civil y los Mossos está consiguiendo controlar eficazmente la protesta y evitar mayores alteraciones del orden público.

El balance, 48 horas después, es que, aunque las concentraciones anunciadas para el fin de semana vayan a ser importantes, en ningún momento van a lograr las cifras récord de algunas Diadas.

El desánimo y la frustración cunden entre los partidarios de la confrontación y las actuaciones últimas de Quim Torra y del consejero de Interior de la Generalitat lo demuestran.

Frente a este panorama de “violencia en do menor” en Cataluña, la reacción del ejecutivo nacional está siendo prudente y proporcionada. Solo hay que escuchar las propuestas que hace Vox sobre las medidas a tomar, para hacer todo lo contrario, es decir, mantener la calma, no dar argumentos incendiarios a los extremistas de uno y otro lado, y reservar las grandes y más severas medidas para posibles ocasiones de mayor gravedad, que seguramente no se van a producir.

Una protesta más aparatosa que masiva. RTVE
Una protesta más aparatosa que masiva. RTVE

Es la hora de la templanza y la prudencia por parte del Estado. El independentismo ha fracasado en todos los frentes, incluido el de la reacción popular. No han ardido Barcelona ni Cataluña, ni van a arder. Unos cientos de contenedores quemados es el pobre balance que pueden exhibir. Cuando pasen estos nubarrones, cuando se apague el ruido y los extremistas cuenten las escasas nueces cobradas, habrá llegado el momento de la política y del diálogo, siempre dentro del marco constitucional.

Lo primero que quieren los políticos catalanes más prudentes e inteligentes y la inmensa mayoría de los ciudadanos, es la vuelta a la normalidad estatutaria, la normalización de las instituciones catalanas y la vuelta a la sensatez. Y esto será más posible aún si el 10 de noviembre se consigue en Cataluña una clara victoria de los constitucionalistas.

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