Comiendo con la máxima autoridad mundial

Estuvimos junto al secretario general de la ONU en un restaurante de Elvas sin la parafernalia que suele acompañar a los políticos españoles

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Antonio Guterres en Elvas, la sencillez de uno de los políticos más importantes del mundo. FACEBOOK
Antonio Guterres en Elvas, la sencillez de uno de los políticos más importantes del mundo. FACEBOOK

Recientemente coincidí, almorzando en un restaurante de Elvas, con el antiguo primer ministro de Portugal y actual secretario general de la ONU, Antonio Guterres. La naturalidad de su presencia en el popular local, sin escolta visible, sin cochazo oficial y sin que nadie le importunase es otra muestra del grado de civismo alcanzado por el país vecino, del que tantas cosas deberíamos aprender.

Elvas (Portugal).-

Ningún político español de cuarta o quinta fila, incluyendo alcaldes y presidentes de diputaciones, y no digamos nada de presidentes autonómicos, ministros, jefes de gobierno o del Estado, acudiría a un restaurante sin séquito, escolta y coche oficial. La ostentosa parafernalia de los políticos españoles es todavía más insultante cuando se la compara con los usos y costumbres de los representantes públicos de un país tan cercano y ejemplar -y, sin embargo, tan ignorado e incluso subestimado por tantos españoles- como Portugal.


Hemos visto con qué naturalidad asisten a un oficio religioso, o pasean por las calles sin escolta, o ven un partido de fútbol en un bar, o dirigen la palabra espontáneamente a una manifestación que se les cruza en el camino, a políticos tan relevantes como los presidentes Ramalho Eanes, Mario Soares, Jorge Sampaio o Rebelo de Sousa.


Portugal y los portugueses nos dan lecciones de todo tipo a los españoles en el ámbito de la convivencia, la educación, el saber estar en lugares públicos, la limpieza de las ciudades, la cortesía (La lección portuguesa) (Portugal, un espejo en el que España nunca ha querido mirarse), el valor (ellos echaron al dictador con una revolución y nosotros le dejamos morir en su cama) y, desde luego, en el comportamiento privado y público de sus políticos, del que el presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa (El presidente de Portugal hace cola y paga su entrada), o el secretario general de la ONU y antiguo primer ministro, Antonio Guterres, son dos ejemplos, entre otros muchos compatriotas suyos.

El político portugués dirige la ONU con prudencia y sabiduría. RTVE
El político portugués dirige la ONU con prudencia y sabiduría. RTVE

Recientemente celebramos con la familia un gozoso almuerzo en un estupendo restaurante de Elvas, Adega Regional, cuya calidad es muy buena, pero cuya relación calidad-precio es todavía mejor. Y cuál no sería nuestra sorpresa cuando, al entrar, en la primera sala, en el sitio más visible del local, de la manera más sencilla y natural, se encontraba almorzando con una decena de amigos el que fuera primer ministro de Portugal y hoy secretario general de la ONU, Antonio Guterres.

NO ES UNA EXCEPCIÓN

Pero este comportamiento no es una excepción, al contrario. Acostumbrados como estamos a presenciar este tipo de escenas en Portugal -hemos visto con qué naturalidad asisten a un oficio religioso, o pasean por las calles sin escolta, o ven un partido de fútbol en un bar, o dirigen la palabra espontáneamente a una manifestación que se les cruza en el camino, a políticos tan relevantes como los presidentes Ramalho Eanes, Mario Soares, Jorge Sampaio o Rebelo de Sousa, así como a otros muchos políticos portugueses de primer y de segundo nivel con los que hemos coincidido a lo largo de nuestra vida profesional-, no nos extrañó que no hubiera ningún cochazo oficial en la puerta, ni la ostentosa seguridad de que hacen gala los políticos españoles.

Adega Regional de Elvas, un estupendo restaurante.
Adega Regional de Elvas, un estupendo restaurante.

Pero lo más llamativo para quien no esté habituado a los usos sociales portugueses, es que ninguno de los numerosos comensales locales que se encontraban en el amplio local prestaba la menor atención al señor Guterres, aceptando su presencia con la naturalidad con que se ven estas cosas en Portugal. A lo largo de todo el almuerzo pudimos comprobar que nadie se dirigió a él, ni le importunó en ningún momento, permitiendo -con esa cortesía consustancial a los portugueses- que disfrutase de la comida como si se tratase de un ciudadano desconocido.

Confieso que mi primer impulso al verle fue el de saludarle y hacerle un par de preguntas sobre cuestiones de interés mundial. Posiblemente me recordaría de alguna vez anterior en que nos vimos por cuestiones profesionales. Pero de inmediato sofoqué mi instinto de periodista y opté por hacerme el portugués y dejarle comer tranquilo. Y confieso que disfruté teniendo tan cerca a la mayor autoridad mundial supranacional y captando la normalidad admirable que se respiraba en el tranquilo restaurante portugués, cuya calma -como en cualquier otro del país- no se altera ni siquiera con la presencia de un personaje tan importante como el secretario general de la Organización de Naciones Unidas.

El mejor molotov que he probado puso fin a esta cívica experiencia. J.M. PAGADOR
El mejor molotov que he probado puso fin a esta cívica experiencia. J.M. PAGADOR

Terminada la estupenda comida, y satisfecho con la experiencia de convivir con gente tan sumamente civilizada, pedí de postre un molotov, que resultó ser el mejor que he probado en mi vida en Portugal. Todo, en fin, una delicia. Así es ese querido país.

(José Mª Pagador es periodista y escritor, y fundador y director de PROPRONews. Sus últimos libros publicados son 74 sonetos (poesía, Fundación Academia Europea de Yuste), Los pecados increíbles (novela, De la Luna Libros), Susana y los hombres (relatos, Editora Regional de Extremadura) y El Viaje del Tiburón (novela, Caligrama Penguin Random House).

SOBRE EL AUTOR

José Mª Pagador y Rosa Puch, casi 100 años de periodismo

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