Fíate del mentiroso – Trust the liar

El coronavirus es un cuento (y nos va a matar a todos).

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Bill Gates, George Soros y Antonio Cañizares, formas encontradas de ver las cosas.
Bill Gates, George Soros y Antonio Cañizares, formas encontradas de ver las cosas.

De una forma u otra, 2020 ha sido un año inesperadamente marcado por la ciencia. Desde que se detectaron los primeros casos en Wuhan (China) en diciembre de 2019, la pandemia de covid-19, causada por el virus SARS-CoV-2 (siglas en inglés de “coronavirus de tipo 2 causante del síndrome respiratorio agudo severo”) ha contagiado a más de cien millones de personas en todo el mundo y se ha llevado por delante más de dos millones de vidas. En el momento en que escribo esto, en España se contabilizan casi tres millones de contagios y sesenta mil fallecidos por covid-19. El enorme impacto social y económico de un fenómeno de tal magnitud es global y ha afectado a prácticamente todos los aspectos de la vida cotidiana de las personas en todo el mundo. Pero, aún así, hay quien niega que esto esté ocurriendo y quien prefiere creer las mentiras que circulan por las redes.

El doctor Antonio Jordán en su despacho de la Facultad de Química de la Universidad de Sevilla.
El doctor Antonio Jordán en su despacho de la Facultad de Química de la Universidad de Sevilla.

Sevilla.-

Si alguien puede probar y demostrarme que pienso o actúo mal, de buen grado debo cambiar de comportamiento. Porque como busco la verdad –cosa que nunca ha hecho daño a nadie–, resultaría yo mismo perjudicado si persisto en el engaño y la ignorancia.

Marco Aurelio (Meditaciones, Libro VI).

La necesidad de combatir la pandemia ha llevado a un intenso debate social y, de rebote, científico. El primero, además, ha condicionado al segundo, ya que el debate científico ha sido coartado o desacreditado por el pensamiento mágico, opiniones supuestamente políticas y opiniones, a secas. Así, una multitud de voces ha propuesto ideas tan folklóricas como que la covid-19 no existe, que sí existe pero es un virus diseñado en un laboratorio, que lo han inventado en China (o en Estados Unidos, o en cualquier otro país), que se cura inyectándose lejía, tomando vinagre en cucharadas, que las mascarillas no sirven, que el confinamiento es una forma de control de la población, etcétera.


El debate científico ha sido coartado o desacreditado por el pensamiento mágico, opiniones supuestamente políticas y opiniones a secas.


La difusión de algunas de estas ideas tan infantiles se ha visto favorecida por ciertas dudas iniciales de la comunidad científica. Por ejemplo, en los primeros meses de 2020 los asesores todavía discutían si el uso de la mascarilla era útil o no. De hecho, la Organización Mundial de la Salud no recomendaba el uso de la mascarilla de forma general en esos momentos. Al final, los científicos han decidido que la mascarilla sí sirve contra el virus y que lo mejor es que, de momento, la lleve todo el mundo. También propusieron el uso de guantes de látex que todos nos pusimos y después se ha visto que esto no era tan necesario. Muchas personas pueden opinar que el hecho de que los científicos digan primero una cosa y después otra es porque en realidad no están seguros de nada (después veremos que esto es cierto y que no estar seguro de nada es la mejor opción). En otros casos, la simple divulgación de mensajes por personas irresponsables contribuye al caos en la información. Un conocido sexagenario, polifacético artista español y amante bandido ha dicho en YouTube que las vacunas contra la covid-19 portan “microchips o nanobots, para obtener todo tipo de información de la población mundial”. Sorprendentemente, el mismo señor dijo a continuación que hay que informarse y contrastar antes de hablar. Del mismo modo, el presidente de una universidad privada (de la que yo me escaparía cuanto antes si fuese estudiante) afirmó literalmente y sin sonrojarse que multimillonarios como Bill Gates y George Soros “quieren también controlarnos cuando se encuentre la vacuna con un chip sacado de cada uno de nosotros. ¡Pero qué se han creído! ¡Esclavos y servidores de Satanás!”. Y hay ejemplos más grotescos. Un respetable (guiño, guiño, codazo) prelado afirmó en Valencia que una de las vacunas contra la covid-19 se fabrica con células de fetos abortados.

Es cierto que hay quien opina que Bill Gates merece morir por las ediciones impares de MS-Windows (a saber: Windows 98, Windows Me, Windows Vista y Windows 8). Pero de ahí a creer que pretende controlar la población inyectándole microchips… Por eso yo pienso que cuando los medios nos proporcionan titulares sobre estos rugidos de la indigencia mental deberían incluir algún aviso del tipo “siga leyendo bajo su propia responsabilidad”. Porque poner estos exabruptos al mismo nivel que información con base científica, como lo son las recomendaciones respecto al covid-19, la lucha contra el cáncer y otras cosas parecidas hace que el lector no piense que está leyendo información contrastada, sino simplemente opiniones de unos y de otros.


Un conocido sexagenario, polifacético artista español y amante bandido ha dicho en YouTube que las vacunas contra la covid-19 portan “microchips o nanobots”.


Y no, no podemos poner al mismo nivel lo que dice sobre la pandemia de covid-19 un epidemiólogo, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad (nos guste o no él o el partido que gobierna, que no es el que lo nombró) y lo que dice un cantante ya mayor. Dicho con respeto, y dando a cada uno lo suyo, yo tengo algunos discos de Miguel Bosé y no me compraría uno de Fernando Simón. En los asuntos del cantar, mola más Miguel Bosé. Me gusta más AC/DC de todas formas, llamadme inconsistente.

¿Pero por qué deberíamos discriminar la información sobre la covid-19 (o la gripe, el cáncer, el cambio climático o cualquier otra cosa) y quedarnos con lo que nos dicen los científicos? Agárrese al sillón: porque la ciencia es una gran mentirosa.

Etapas generales del método científico.
Etapas generales del método científico.

EL MÉTODO CIENTÍFICO

Para abordar el estudio de los fenómenos naturales, la ciencia ha establecido de forma general un método de hacer las cosas. Este método, el método científico, se ha desarrollado y perfeccionado durante los últimos siglos, adaptándolo a las diversas disciplinas, y la única razón por la que lo tenemos es porque es eficaz. En cualquier libro sobre ciencia o en varias fuentes de internet podemos encontrar explicaciones detalladas, así que no me extenderé mucho. Pero sí voy a decir que el método científico está basado en dos pilares: la reproductibilidad y la refutabilidad.

La reproductibilidad implica que todo experimento científico que obtenga unos determinados resultados debe poder ser repetido. Para ello, los científicos deben explicar muy detalladamente cómo y bajo qué condiciones han llevado a cabo sus experimentos. ¿Qué quiere decir esto? Supongamos que un investigador realiza un experimento y llega a una conclusión. Si el resto de investigadores en su mismo campo repiten el experimento y llegan a la misma conclusión… ¡amigo, tenemos algo interesante! Pero si varios investigadores repiten el experimento y llegan a otra u otras conclusiones, el experimento ya no es repetible y es necesario seguir buscando la explicación del problema. Esto no significa que haya que desechar la primera conclusión, pero probablemente existen factores no contemplados que impiden una explicación completa. Aun así, la falta de reproductibilidad puede usarse como un indicador de la falsificación de resultados.


No es que haya que “creer” en la ciencia como una cuestión de fe, sino pensar que una explicación científica es de lo único que nos podemos fiar.


La refutabilidad (o falsabilidad), por otro lado, implica que toda interpretación de un hecho observado tiene que ser susceptible de ser refutada. De este modo, cada proposición científica debe someterse a diferentes pruebas para contradecirla. Así, cuando un investigador llega a una determinada conclusión, los demás deben intentar encontrar los errores que ha podido cometer. Aún en el caso de una verdad aparentemente establecida, los investigadores constantemente desarrollan hipótesis alternativas para refutarla.

Resumiendo: supongamos que nueve de cada diez dentistas recomiendan un cierto dentífrico. ¿Compraría usted ese dentífrico sin hacer más preguntas? Porque yo quiero saber, además, qué recomienda el otro y por qué.

Por estas razones, sabemos que la homeopatía o los viajes astrales no son en absoluto verdad, porque no resisten un mínimo análisis objetivo. Estas y otras cosas como estas no son reproducibles (no existe una “receta” que asegure el éxito de una sesión de espiritismo) ni pueden ser refutadas (a ver cómo demuestra usted que no existen los ángeles). Por supuesto, usted es libre de perder su tiempo y su vida de la manera que prefiera.

Fernando Simón, explicando la evolución de la epidemia.
Fernando Simón, explicando la evolución de la epidemia.

LOS CIENTIFICOS SON ESCÉPTICOS

De modo que los científicos deben poner en cuestión cualquier cosa que parezca ya establecida. Newton, por ejemplo, demostró y publicó su teoría de la gravedad en 1687, y nadie pudo ponerle un “pero” hasta 1915, cuando Einstein vino a decir que la gravedad no es una fuerza, sino pura y simple geometría. A su vez, la teoría general de la relatividad de Einstein fue puesta en cuestión inmediatamente y, en realidad él no consiguió demostrar en su totalidad sus razonamientos e hipótesis. Eso sí, con el tiempo, la comunidad científica ha desarrollado experimentos para confirmar o refutar varias de estas hipótesis (que se han ido confirmando una por una, de momento).

¿Significa esto que debemos dar por sentada esta y otras teorías (y recuerdo aquí que “teoría” no significa cualquier idea alocada de esas que se despachan en las películas diciendo “eso es solo una teoría”; no, una teoría científica es un sistema de hipótesis que han sido comprobadas y de predicciones o inferencias que se sospechan y que hay que demostrar)? No. En absoluto. Porque los científicos investigan constantemente para refutarlas. Porque la ciencia es una gran mentirosa.

¿POR QUÉ FIARNOS ENTONCES DE LA CIENCIA?

Y si la ciencia es una gran mentirosa… ¿por qué tendríamos que hacerle el más mínimo caso? En realidad, yo siempre he creído que las personas que desconfían de la ciencia (de la medicina occidental, de las vacunas, de las estelas de los aviones…) caen en una especie de trampa mental. Los científicos nunca dicen: “sabemos que esto es así”. Los científicos dicen “sabemos de esto hasta aquí, y hasta este momento nadie ha sido capaz de encontrar una explicación mejor acerca de esto”. De modo que no es que haya que “creer” en la ciencia como una cuestión de fe, sino pensar que una explicación científica es de lo único que nos podemos fiar. Por eso el debate ciencia/Dios no es un debate en realidad. Dios no es un hecho físico que podamos observar o para cuyo contacto podamos especificar un protocolo, aunque sí podamos estudiar el fenómeno religioso y qué lleva a las personas a creer en Odín, Manitú o la Virgen del Rocío.

Estudio de rayos durante un experimento de laboratorio en la Universidad de Bergen (Noruega).
Estudio de rayos durante un experimento de laboratorio en la Universidad de Bergen (Noruega).

EL LARGO CAMINO DE LA PUBLICACIÓN CIENTÍFICA

Antes de proporcionar una explicación científica, un investigador ha estudiado el problema que quiere explicar, probablemente, durante años. Entonces debe leer y comprender cómo otros investigadores se han enfrentado al mismo problema. Debe proponer un experimento para corroborar o rechazar las conclusiones de los anteriores y, posiblemente, arrojar nueva luz sobre el problema. Pero nada de esto es suficiente.

Seguidamente, el investigador que cree haber llegado a una conclusión fiable debe publicar su investigación, explicando todos los detalles de su experimento y exponiendo sus resultados y su razonamiento para llegar a sus conclusiones. Escribe su manuscrito y lo envía a una revista científica. Y comienza un largo proceso de revisión. El editor de la revista recibe el manuscrito de nuestro investigador. Aunque el manuscrito se envía a una revista especializada en un determinado campo científico, el editor no es necesariamente un especialista en la línea concreta del manuscrito recibido, pero realiza una primera lectura. En algunos casos, esto es suficiente para rechazarlo si el trabajo no tiene una mínima calidad. Si no es así, el editor inicia el proceso de revisión por pares y selecciona dos, cuatro o diez especialistas que actúan como revisores anónimos (“pares”). Cada uno de ellos revisa el documento y se ocupa desde revisar la ortografía y la sintaxis hasta cuestionar y preguntar por cada número o afirmación que se haya escrito. Después, cada revisor escribe un informe sobre el manuscrito explicando si debe ser rechazado (y por qué) o si es necesario perfeccionarlo o incluso repetir el experimento (y, de nuevo, por qué). Con esta información, el editor decide. Y, creedme, si uno solo de los revisores expone razones sólidas para que el manuscrito se rechace, el manuscrito se rechazará. Si después de varias rondas de revisión (normalmente no se aprueba a la primera) los revisores aceptan el manuscrito y deciden que puede publicarse, el editor debe realizar una lectura profunda de todos los documentos y, aún en este caso, puede ser rechazado de forma razonada.

En definitiva, que un artículo científico publicado en una revista especializada no nos puede decir “esto es así”, pero nadie, nunca, ha dado una explicación mejor. Y una vez publicado, además, otros tratarán de reproducirlo o refutarlo mediante nuevos experimentos.

Todo esto es, por ejemplo, solo parte de lo que ha tenido que ocurrir para que hoy tengamos varias vacunas para la covid-19.

FACEBOOK, YOUTUBE Y WHATSAPP FRENTE A LA CIENCIA

O sea, que la ciencia no nos dice ninguna verdad inamovible, pero sí nos dice aquello que nadie ha sido capaz de contradecir. De modo que la próxima vez que escuche usted ideas conspiranoicas que reten las afirmaciones científicas desde Facebook, YouTube o WhatsApp, por ejemplo, piense a quién le haría caso.

Un consejo, ponga siempre en cuarentena cualquier información alarmante que le llegue por el móvil.

VERSIÓN INGLESA

Trust the liar

If anybody shall reprove me, and shall make it apparent unto me, that in any either opinion or action of mine I do err, I will most gladly retract. For it is the truth that I seek after, by which I am sure that never any man was hurt; and as sure, that he is hurt that continueth in any error, or ignorance whatsoever.

Marcus Aurelius (Meditations, Book VI).

The coronavirus is a fairy tale (and it will kill us all)

In one way or another, 2020 has been a year unexpectedly marked by science. Since the first cases were detected in Wuhan (China) in December 2019, the covid-19 pandemic, caused by the SARS-CoV-2 virus (acronym for Severe Acute Respiratory Syndrome CoronaVirus 2) has infected more than one hundred million people around the world and has taken more than two million lives. At the time I write this, in Spain there are almost three million infections and almost sixty thousand deaths from covid-19. The enormous social and economic impact of a phenomenon of this magnitude is global and has affected virtually every aspect of people’s daily life around the world.

The need to combat the pandemic has led to intense social and, in addition, scientific debate. The first, moreover, has conditioned the second one, since the scientific debate that has been restricted or discredited by magical thinking, supposedly political opinions and opinions, simply. Thus, a multitude of voices have proposed ideas as crazy as that covid-19 does not exist, that it does exist but it is was designed in a Chinese (or American or from any other country) laboratory, that it is cured by injecting bleach or by taking spoonfuls of vinegar, that facemasks are useless, that confinement is a form of population control, and so on.

The dissemination of some of these childish ideas has been favoured by some initial doubts in the scientific community. For example, in the first months of 2020 the medical consultants still debated whether masks were useful or not. In fact, the World Health Organization did not recommend the use of masks in general at initial stages. Finally, scientists have decided that masks work against the virus and should be weared by everyone at this moment. They also proposed the use of latex gloves that we all put on and later it turned out that this was not so necessary. Many people may think that if scientists say first one thing and then another is because they are not really sure of anything (later we will see that this is true and that not being sure of anything is the best option). In other cases, the simple dissemination of messages by irresponsible people contributes to information chaos. A well-known versatile Spanish artist and bandit lover in his sixties has said on YouTube that the vaccines against covid-19 carry “microchips or nanobots, to obtain all kinds of information from the world population”. Surprisingly, the same man said next that everyone must get informed and contrast information before speaking. In the same way, the president of a private university (from which I would escape as soon as possible if I were a student) stated literally and without blushing that billionaires like Bill Gates and George Soros “want use vaccines to control us using chips taken from us. But what have they believed! Slaves and servants of Satan!”. And there are more grotesque examples. A respectable (wink, wink, nudge) prelate affirmed in Valencia that one of the vaccines against covid-19 is manufactured with cells from aborted fetuses.

It is true that there are those who think that Bill Gates deserves to die for the odd editions of MS-Windows (namely: Windows 98, Windows Me, Windows Vista and Windows 8). But there is a long way from that to population control techniques with injected microchips. That is why I think that when media provide us with headlines about these roars of mental indigence some kind of warning should be included, maybe «continue reading at your own risk.» Because putting these outbursts at the same level as scientifically based information, such as the recommendations regarding covid-19, the fight against cancer and other similar things, makes the reader think that he is not reading contrasted information, but simply opinions of some and others. And no, we cannot put at the same level what an epidemiologist, director of the Center for Coordination of Health Alerts and Emergencies of the Ministry of Health, says about the covid-19 pandemic (whether we don’t like him or the ruling party, which is not the one who designated him) and what an old singing star says. Said with respect, and giving each one their own, I have some albums by Miguel Bosé and I wouldn’t buy one by Fernando Simón. When it comes to singing, Miguel Bosé is much more cool. I like AC/DC better anyway, call me inconsistent.

But why should we discriminate information about covid-19 (or flu, cancer, climate change or anything else) and stick with what the scientists tell us? Hold on to the couch: because science is a great liar.

The scientific method

In order to approach the study of natural phenomena, science has generally established a method of doing things. This method, the scientific method, has been developed and refined over the past centuries, adapting it to various disciplines, and the only reason we have it is because it is effective. Detailed explanations can be found in any science book or various sources on the internet, so I won’t go too far. But I am going to say that the scientific method is based on two pillars: reproducibility and falsifiability.

Reproducibility implies that any scientific experiment that obtains certain results must be capable of being repeated. To do this, scientists must explain in great detail how and under what conditions they carried out their experiments. What does this mean? Suppose a researcher conducts an experiment and reaches a conclusion. If the rest of the researchers in the same field repeat the experiment and come to the same conclusion… man, we have something interesting! But if several researchers repeat the experiment and reach other or discordant conclusions it is necessary to continue searching for the explanation of the problem. This does not mean that the first conclusion has to be discarded, but there are probably factors not covered that prevent a full explanation. Even so, the lack of reproducibility can be used as an indicator of falsification of results.

Falsifiability, on the other hand, implies that any interpretation of an observed fact must be capable of being refuted. Thus, each scientific proposition must be subjected to different tests to contradict it. So, when a researcher reaches a certain conclusion, the others must try to find the errors that he has been able to commit. Even in the case of an apparently established truth, researchers constantly develop alternative hypotheses to disprove it.

In short: let’s say nine out of ten dentists recommend a certain toothpaste. Would you buy that toothpaste without asking any more questions? Because I also want to know what the other one recommends and why.

For these reasons, we know that homeopathy or astral travelling are not at all true, because they do not withstand a minimum objective analysis. These and other things like this are not reproducible (there is no «recipe» that ensures the success of spiritism) nor can they be disproved (how should you demonstrate that angels do not exist?). Of course, you are free to waste your life time in any way you like.

Scientists are skeptical people

So scientists must challenge anything that seems already established. Newton, for example, demonstrated and published his theory of gravity in 1687, and no one could find a bug until 1915, when Einstein said that gravity is not a force, but pure and simple geometry. In turn, Einstein’s general theory of relativity was immediately called into question and he failed to fully demonstrate his reasoning and hypotheses. Of course, over time, the scientific community has developed experiments to confirm or refute several of these hypotheses (which have been mostly confirmed).

So, should we take this and other theories as truths (remind that «theory» does not mean any crazy idea of ​​those that are discarded in the movies with «that is just a theory»; no, a scientific theory is a system of tested hypotheses and suspected predictions or inferences that must be demonstrated)? Not at all. Because scientists constantly investigate to refute them. Because science is a great liar.

So why trust science?

If science is a great liar… why should we pay the slightest attention to it? Actually, I have always believed that people who distrust science (you can add people who does not trust in western medicine or vaccines, people who believes in chemtrails…) fall into a kind of mental trap. Scientists never say: «we know this is this way.» Scientists say «we know only this about this fact and, up to now, no one has been able to find a better explanation.» So it is not «believing» in science as a matter of faith, but rather that a scientific explanation is the only thing we can trust. So the science/God debate is not really a debate. God is not a physical fact that we can observe or for whose contact we can specify a protocol, although we can study the religious phenomenon and what leads people to believe in Odin, Manitou or the Virgin of El Rocío.

The long road to scientific publishing

Before providing a scientific explanation for a problem, a researcher has studied it for years. Then he must read and understand how other researchers have faced the same problem. He must design an experiment to corroborate or reject the conclusions of the previous ones and possibly shed new light on the problem. But none of this is enough.

Next, the researcher who believes he has reached a reliable conclusion must publish his research, explaining all the details of his experiment and setting out his results and his reasoning for reaching his conclusions. He writes his manuscript and sends it to a scientific journal. And a long review process begins. The editor of the journal receives the manuscript from our researcher. Although the manuscript is sent to a journal specialized in a certain scientific field, the editor is not necessarily a specialist in the specific line of the manuscript, but does a first reading. In some cases, this is enough to reject it if the work does not have a minimum quality. If not, the editor initiates the peer review process and selects two, four, ten or more specialists to act as anonymous reviewers (“peer reviewers”). Each of them reviews the document and deals with everything from checking spelling and syntax to questioning and asking for every number or statement that has been written. Each reviewer then writes a report on the manuscript explaining whether it should be rejected (and why) or whether it needs to be refined or even to repeat the experiment (and, again, why). With this information, the editor decides. And trust me, if only one of the reviewers provides strong reasons for the manuscript to be rejected, the manuscript will be rejected. If after several rounds of revision (normally the first one is not approved) the reviewers accept the manuscript and decide that it can be published, the editor must make a deep reading of all the documents and, even in this case, the manuscript may be rejected with a reasoned response.

In short, a scientific article published in a specialized journal cannot tell us “this is this way”, but no one has ever given a better explanation. And once published, in addition, others will try to reproduce or refute it through new experiments.

All this is, for example, only part of what had to happen so that today we have several vaccines for covid-19.

Facebook, YouTube and WhatsApp vs science

Bottom line: science does not tell us any immovable truth, but it does tell us what no one has been able to contradict. So the next time you hear conspiracy ideas challenging scientific claims from Facebook, YouTube, or WhatsApp, for example, think about who you are listening to. One piece of advice, always quarantine any alarming information that comes to you via your smartphone.

(PIES Y FUENTES DE FOTOS)

Foto 1.- De izquierda a derecha: Bill Gates, empresario, informático y filántropo (“Está bien celebrar el éxito, pero es más importante prestar atención a las lecciones del fracaso”); George Soros, inversor y empresario (“Incluso si mi suposición es ocasionalmente incorrecta, la uso como hipótesis de trabajo”); y Antonio Cañizares, arzobispo de Valencia (“el demonio existe en plena pandemia, intentando llevar a cabo investigaciones para vacunas y curaciones”).
From left to right: Bill Gates, business magnate, software developer, and philanthropist (“It’s fine to celebrate success, but it is more important to heed the lessons of failure”); George Soros, investor and philanthropist (“Even if my assumption is occasionally wrong, I use it as a working hypothesis”); and Antonio Cañizares, Archbishop of Valencia (“The devil exists in the middle of this pandemic, trying to carry out research for vaccines and cures”).
Fuente/source: Sven Manguard, World Economic Forum and Conferencia Episcopal Española, vía Wikimedia Commons.

Foto 3.-  Etapas generales del método científico.
General stages of the scientific method.
Fuente/source: Elaboración propia. Own elaboration.

Foto 4.- Fernando Simón, Director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, explicando la evolución de la epidemia de la covid-19 en España.
Fernando Simón, Director of the Coordination Centre for Health Alerts and Emergencies of the Spanish Ministry of Health, explaining the evolution of the covid-19 epidemic in Spain.
Fuente/Source: Ministerio de Sanidad de España, vía Wikimedia Commons.

Foto 5.- Estudio de rayos durante un experimento de laboratorio en la Universidad de Bergen (Noruega).
Studying rays during a lab experiment at the Univesity of Bergen (Norway).
Fuente/Source: Pavlo Kochkin, via Imaggeo.

(Antonio Jordán López es un destacado científico español, doctor en Biología y profesor de Ciencias del Suelo de la Universidad de Sevilla, con una amplia labor investigadora y obra publicada).

SOBRE EL AUTOR

El destacado científico Antonio Jordán López, nuevo colaborador de PROPRONews