Las grandes mentiras de la Educación

¿Estamos en la antesala de una rebelión en las aulas?

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¿Admitiríamos hoy una asistencia médica del siglo XIX? ¿Y por qué nos conformamos con esta Educación?
¿Admitiríamos hoy una asistencia médica del siglo XIX? ¿Y por qué nos conformamos con esta Educación?

¿Cuánto tiempo podremos mantener una educación que enseña contenidos y esquemas de pensamiento del siglo XIX con profesores del siglo XX a alumnos del siglo XXI? ¿Por qué somos una sociedad tan exigente con los servicios y profesionales de la salud, servicios sociales, etc. y no lo somos con la educación? ¿Es lícito que estemos hipotecando el futuro de la sociedad por no hacer el cambio que la educación necesita? ¿Si esta aberración histórica dura más tiempo, cuánto tardará el sistema en reventar por sus costuras?

Juan Carlos Casco Casco
Juan Carlos Casco Casco

Hoy más que nunca necesitamos estudiar para vivir en un mundo complejo, y no sólo en la etapa inicial de la vida, sino a lo largo de la misma, un continuo de aprender, desaprender, reaprender (J.M. Gasalla). Pero estamos convocados a aprender otras cosas, de otra manera y con otro propósito.

La nueva educación no puede ser creada desde los viejos esquemas. No necesitamos expertos en viejos modelos. Necesitamos expertos en asumir retos, en enfrentar realidades nuevas; necesitamos líderes con visión y compromiso en torno a un proyecto, sabiendo que sobre el cambio de modelo educativo no habrá consenso total; necesitamos abandonar la resignación histórica sobre la imposibilidad de un cambio de paradigma educativo.


Hay que abandonar la resignación histórica sobre la imposibilidad de un cambio de paradigma educativo.


Desde un análisis histórico, los grandes desajustes en los cambios de época se han saldado con transformaciones radicales en las viejas estructuras. Los cambios históricos son imparables, y posiblemente en este momento estemos viviendo el más grande de la historia de la Humanidad. El problema es que los profundos cambios en la infraestructura (fuerzas productivas, relaciones de producción), no han venido acompañados de las transformaciones en la superestructura (formas políticas, jurídicas, filosóficas, religiosas), y esto incluye a las instituciones políticas y a las viejas instituciones educativas. Cuanto más tarde este ajuste, más convulsivo será, no tengan ustedes ninguna duda.

RESIGNACIÓN INASUMIBLE

Actualmente nuestra sociedad y nuestros gobernantes están en la fase de resignación, dando por hecho que el cambio es imposible. Y los que quieren que todo siga igual para conservar sus prebendas, nos lo han hecho creer ¡Increíble! ¿Se imaginan que nos hubieran dicho que era imposible volar, navegar bajo el agua, curar enfermedades…? Y ahora nos tienen entretenidos con la mentira de que no es posible otra educación, un engañabobos infumable de disquisiciones bizantinas (más o menos horas de matemáticas, más o menos exámenes… informes PISA e imbecilidades varias). Vaya tropa ¡Qué desastre!

Pero nosotros no nos  resignamos a padecer de por vida los resultados de una educación que está hundiendo en la miseria a las próximas generaciones. Es lamentable cómo estamos doblando la rodilla ante la pasividad de unos gobernantes que, en medio del desastre general, miran para otro lado sin ruborizarse, mientras que una parte privilegiada de la sociedad vive cómoda en su estatus, y una pequeña casta del ámbito académico se afana por conservar sus privilegios, con el único argumento de que así son las cosas, así han sido siempre, y así han de seguir ¡Lamentable!

REALIDADES A CAMBIAR

1ª REALIDAD: Un cambio de paradigma y de modelo no lo pueden pilotar los que viven en el antiguo paradigma

El pensamiento y el modelo nuevo no lo pueden construir personas con un paradigma viejo (costumbres, esquemas mentales, tics… del pasado). Para instalar un nuevo paradigma hay que desinstalar el antiguo, y los expertos en el cambio saben que eso es muy complejo y llevaría mucho tiempo.


Posiblemente estemos viviendo el mayor cambio de la historia de la humanidad.


El problema es que cuando se quiere hacer un cambio educativo se encarga a los guardianes del viejo régimen, y eso es una aberración, una treta para que lo viejo siga funcionando.

2ª REALIDAD: El síndrome del académico y del experto

Los expertos y los académicos eran muy útiles cuando el fluir de los acontecimientos era lento. Para tomar decisiones sobre el futuro era valioso pulsar la opinión de la experiencia. Pero ahora vivimos un tiempo nuevo donde no valen las viejas recetas y los expertos son un lastre. Como dice mi amigo Telémaco Talavera, necesitamos expertos en asumir retos que tomen el timón, frente a la gente con experiencia en repetir clichés y tareas del pasado (expertos en hacer lo mismo 30, 40 ó 50 años). Lo último que necesitamos son expertos en hacer cosas viejas para que nos edifiquen un mundo nuevo.

3ª REALIDAD: El síndrome del consenso.

Si la sociedad llegase por sí misma a consensos sobre temas trascendentales como la educación, no necesitaríamos la política ni los liderazgos. El problema es que no hay liderazgos para hacerse cargo de los grandes desafíos globales, y el mayor de ellos es la educación, pues los conecta a todos. Liderar es abrir camino cuando hay situaciones encontradas, convocar a una comunidad amplia de personas para hacer un cambio.


¿Qué ocurriría si nuestro sistema de salud nos estuviera curando con medicinas, técnicas y conocimientos de hace dos siglos?.


Y claro, ese camino no es fácil para el gobernante que no tiene carácter ni liderazgo, es más fácil citar a todas las partes y sensibilidades para que lleguen a un consenso, a sabiendas de que ese consenso nunca se producirá.

El cambio educativo desde el liderazgo se construye a la inversa. El líder tiene que partir de una propuesta, de una visión y una misión de la nueva educación, en torno a la cual puede concitar los apoyos de una mayoría social.


Para instalar un nuevo paradigma hay que desinstalar el antiguo.


En unas sociedades diversas no se va a producir un consenso motu proprio en torno al currículo por ser el proyecto donde se concretan las concepciones ideológicas, socioantropológicas, epistemológicas, pedagógicas y psicológicas para determinar los objetivos de la educación escolar; es decir, los aspectos del desarrollo y de la incorporación de la cultura que la escuela trata de promover a través de un plan de acción adecuado para la consecución de estos objetivos. También abarca la dinámica de su realización: ¿Qué enseñar? ¿Cómo enseñar? ¿Cuándo enseñar? ¿Qué, cómo y cuándo evaluar? … Por tanto, cuando la acción se deja al albedrío de las partes, no habrá consenso, entre otras cosas porque se empodera de partida a quienes quieren que todo siga igual, para ejercer su veto. Y en esta tesitura llevamos décadas. Porque el cambio educativo no tiene que ver con la carga lectiva, el peso de las asignaturas o los estándares PISA. Eso son minucias, frente a lo trascendente: aprender otras cosas, de otra manera y con otro propósito. En este juego, sencillamente, nos están tomando el pelo.

4ª REALIDAD: La resignación histórica.

De este juego anacrónico y sin sentido se ha instalado en la política y en la sociedad un espíritu de resignación, como si toda batalla por un cambio educativo necesario –e imprescindible- estuviera perdida de antemano. Y como está instalada la idea de que no podemos cambiar el todo, solo nos queda entretenernos en parchear las ruinas del edificio.

No vale decir (aunque no les faltan ciertos argumentos a sus defensores) que el modelo educativo actual es histórico y sostenible. Es verdad, no conozco dos instituciones como la Iglesia y las instituciones educativas que se hayan mantenido casi intactas en los últimos siglos, con los mismos muebles, actores y liturgia.

Son necesarios nuevos métodos. LA TERCERA
Son necesarios nuevos métodos. LA TERCERA

No sé qué ocurrirá con la primera, pero la educación va a sufrir un cataclismo sin precedentes, y lo vamos a poder comprobar en los próximos años, porque la aberración histórica no tiene más recorrido, ha llegado a su última encrucijada, y no se puede sostener más en pie.

5ª REALIDAD: Los guardianes del establishment en la educación.

Es comprensible que cierta élite del academicismo se encuentre cómoda en su posición social, entre otras cosas porque la sociedad, en otro tiempo, le otorgó una autoridad que actualmente está en regresión. Lo que no es aceptable es que ciertas élites sociales y académicas estén atrincheradas en la defensa de sus privilegios porque ese inmovilismo nos lleva a un desastre sin paliativos.

¿Y QUÉ SE PUEDE HACER?

A).- Una rebelión general contra las grandes mentiras de la educación

El lenguaje delata a los guardianes del establishment, por eso hemos de identificar la forma de hablar y las expresiones que mantienen y fortalecen la resignación, júzguenlas ustedes mismos, todas son fáciles de desmontar:

* “Yo soy experto en educación y tú no”, dicen algunas personas que llevan toda la vida haciendo lo mismo. Cuando me dicen esto, respondo: ¿Y tiene usted un plan para deshacerse de esas viejas experiencias?

* “Es que yo tengo muchos conocimientos”. ¿Y qué sabe hacer con ellos?

* “Es que yo tengo muchos títulos”. ¿Me puede demostrar el valor que es capaz de crear con ellos?

* “Es que yo sé mucho de educación”. Pero no sabe nada de la vida.

* “Así se han hecho siempre las cosas, así se ha enseñado siempre, así son las cosas, así deben ser y así serán…”. Simplemente ¡Ver-gon-zoso!

* “Yo soy académico, llevo la razón (cuando habla un académico, todos a callar, su opinión prevalece)”. Insostenible.

* “Estudia mucho y saca buenas notas, tendrás tu futuro garantizado (total para cuando me pidas cuentas habrán pasado muchos años)”.

* “Cambiar la educación es muy difícil, eso es imposible, mejor dejemos las cosas como están, otros ya lo intentaron y fracasaron…”.

Y así podríamos realizar un relato interminable de mentiras mil veces repetidas.

Me suena todo eso a la célebre frase de un viejo dictador canalla, que decía a sus subordinados: “tú haz como yo, no te metas en política”. Y es que nos tienen anestesiados, pero los efectos de la morfina están pasando ¡Veremos!

B).- Un cambio contra nadie y a favor de la sociedad

La demanda de un cambio radical en la educación no es contra nadie, es a favor del conjunto de la sociedad, la libertad y la autonomía en la educación. Los centros, las universidades no pueden sostenerse como subterfugio para que nada se mueva, para mantener privilegios, para esquivar ser evaluado… ¿Qué ocurriría si nuestro sistema de salud estuviera tratando de curarnos con medicinas, técnicas y conocimientos de hace dos siglos? ¿Si nuestros ingenieros, agricultores, mecánicos, constructores… siguieran haciendo las mismas cosas, de la misma manera y con el mismo propósito?

C).- No a la resignación y a la desidia

No podemos resignarnos ni un día más a la desidia de nuestro sistema educativo, a la inacción cómplice de los gobernantes y a la pusilanimidad de una sociedad que asiste al triste espectáculo de un barco que hace aguas por su línea de flotación.

Muchos países en el mundo occidental están resignados y, por tanto, instalados en la inacción. Desde este posicionamiento no se puede avanzar, porque los problemas y las respuestas están desenfocados (autoridad del profesor, falta de recursos…).

D).- Alianzas imprescindibles

Por eso tenemos que construir alianzas con gobiernos y organizaciones mundiales que están en una actitud proactiva y comprometida con los desafíos de la educación.

Pero tú y yo no nos resignamos, tenemos claro el reto que enfrentamos y estamos dispuestos a trabajar duro, seguir construyendo propuestas, poniendo en marcha iniciativas, uniéndonos a personas, organizaciones e instituciones de otros países y continentes para poner los cimientos de la educación del futuro, y con ella nuevos espacios para la creatividad, la innovación, el emprendimiento, el empleo, el liderazgo, la economía…

LO QUE DICEN MIS HIJAS

Mis hijas, que actualmente están en el corazón del sistema (en el bachillerato y la Universidad), cada día me dicen: papá, no aguanto más, no podemos seguir estudiando de esta manera, en este sinsentido… Mi respuesta es: vosotras tenéis también responsabilidad, es vuestro futuro, plantad cara, decid ¡Basta ya! Organizaos y luchad por el cambio, y si es necesario, abandonad las aulas y construid vuestra educación por otros itinerarios. Resignación, no. Otra educación es posible.

No hay tiempo que perder. Adelante!!!

(Juan Carlos Casco es un experto y consultor en Educación y Emprendimiento de prestigio internacional y actividad en diferentes partes del mundo).

MÁS SOBRE EL AUTOR Y SUS ACTIVIDADES Y OBRAS

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