Fuerzas Armadas: apoyo a la paz

Ejemplar contribución de nuestros militares en estos momentos difíciles para España, como hacen tantas otras veces y en tantas misiones de paz en el mundo

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Miembros de la UME, desplegados en apoyo de la población contra le epidemia del coronavirus. RTVE
Miembros de la UME, desplegados en apoyo de la población contra le epidemia del coronavirus. RTVE

Las Fuerzas Armadas, obedeciendo el mandato del Gobierno, están colaborando eficaz y ejemplarmente en el apoyo a la ciudadanía española en estos momentos difíciles a causa de la pandemia de coronavirus. Labores sanitarias, de vigilancia y seguridad, de apoyo a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, de protección a la ciudadanía y otras, son algunas de las funciones que se les han encomendado estos días a nuestros militares que, una vez más, amplían sus labores y se sacrifican por todos nosotros en todo el territorio español. Es su contribución a la salud de todos y a la paz de la que gozamos en nuestro país y que es preciso preservar aquí y en el mundo, como hacen en las esforzadas y arriesgadas misiones que llevan a cabo en tantos países. A todos ellos, el reconocimiento y la gratitud de cuantos hacemos este periódico, y entre ellos, al autor de este artículo, militar de profesión.

Francisco Bautista Gutierrez
Francisco Bautista Gutierrez

Mucho se habla, se escribe y se comenta de la frase “Apoyo a la paz”, y se hace porque casi todos estamos implicados de una u otra manera en la misma, bien porque nos sentimos solidarios e incluso porque podemos tener a alguien cercano dentro del grupo profesional que la hace posible.

Pero, ¿qué es apoyo a la paz? La Real Academia Española define la PAZ como la tranquilidad de los Estados, en contraposición a la guerra o a la turbulencia. También la define como tratado o convenio que se acuerda entre las partes beligerantes para poner fin a una guerra; así, apoyo a la paz es, en definitiva, la herramienta más eficaz a disposición de las Naciones Unidas para ayudar a los países no solo a recorrer el tramo que existe entre la guerra y la paz, sino también a hacer frente en tiempos de paz a crisis como la sanitaria que actualmente padecemos.


Esta técnica innovadora del mantenimiento de la paz acuñada por Naciones Unidas, se basa en el concepto de que “un soldado es un catalizador de la paz, no un instrumento de guerra”.


Y es que cuando, por razones múltiples, la paz deja de existir en unos territorios indeterminados, la Organización de las Naciones Unidas media en el conflicto con el fin de alcanzar la paz, llegando al extremo de coordinar la actuación de tropas de diferentes países que, actuando como fuerza de interposición, tratan de obligar a los países beligerantes a conseguirla.

El personal que integra dichas unidades, aportando el apoyo para consolidar la paz, está formado por fuerzas internacionales bajo el mando de Naciones Unidas y contribuyen a apoyar la vigilancia y resolver conflictos entre países o entre comunidades enfrentadas dentro de un mismo país. Esta técnica innovadora del mantenimiento de la paz acuñada por Naciones Unidas, se basa en el concepto de que “un soldado es un catalizador de la paz, no un instrumento de guerra”.

Militares españoles en la misión de la UE en Mali. RTVE
Militares españoles en la misión de la UE en Mali. RTVE

El mandato primordial encomendado a Naciones Unidas desde su creación, tras la II Guerra Mundial, es precisamente el de velar por el desarrollo de la paz y la seguridad en el mundo, ampliándose a promover los derechos humanos. Los principios pues, que inspiran esta situación son los de imparcialidad, consentimiento y uso de la fuerza solo en defensa propia, consiguiendo así que las ventajas sean enormes.

CASCOS AZULES

Hay que tener presente que las Naciones Unidas no cuentan con un ejército permanente; los artífices de estas operaciones de mantenimiento de paz son los popularmente conocidos como “Cascos azules”. Los servicios que estos prestan en favor de la paz han sido oficialmente reconocidos en 1988, cuando las Fuerzas de Paz de la ONU recibieron el premio Nobel de la Paz. Asimismo, en 1998, con motivo de sus 50 años de existencia (1948-1998), los Cascos azules fueron objeto de un homenaje por parte de la Asamblea General de la ONU y de los Estados Miembros, que celebraron esta onomástica como un reconocimiento universal a la labor diaria y a la contribución en el pasado de este cuerpo. Igualmente, en 2001, la ONU y su entonces secretario general Kofi Annan ganaron el Premio Nobel de la Paz.

La primera operación de mantenimiento se remonta a mayo de 1948. Tan sólo tres años después de la creación de la ONU, el Consejo de Seguridad decidió enviar una misión de paz para supervisar una tregua en el conflicto árabe-israelí. Esta misión en Oriente Medio determinó una forma de actuar que caracterizó las intervenciones de la ONU durante la Guerra Fría: observadores militares desarmados, que actúan a petición de las partes en conflicto, supervisan un alto el fuego y patrullan una zona en litigio.


Rigiéndose por el principio de imparcialidad, las operaciones de mantenimiento de la paz han salvado millones de vidas y han creado las condiciones propicias para el arreglo pacífico de numerosas controversias.


El mantenimiento de la paz, concebido inicialmente como una forma de ayudar en la solución de conflictos entre Estados, ha tenido que hacer frente a crisis locales, guerras civiles y desastres humanitarios. Con ello, las Naciones Unidas han visto cómo sus funciones se multiplicaban: además de mediar entre las partes, muchas veces sin consentimiento de las mismas, han tenido que actuar como policía, realizar y facilitar labores humanitarias, y sentar las bases para reconstruir una sociedad, etc. Un entramado de funciones en la que, además de militares, han trabajado conjuntamente policías, observadores civiles y miembros de organizaciones humanitarias. Es decir, la concepción clásica de mediar para salvaguardar la paz ha dado paso a un nuevo concepto de misión, en el que se hace necesario imponer la paz y crear las condiciones para mantenerla.

Por otra parte, hay que dejar constancia de que las operaciones de mantenimiento de la paz de Naciones Unidas no se basan en el principio de enviar fuerzas que luchen para poner fin a un conflicto, sino que, más bien, se parte de la premisa básica de que una presencia imparcial de efectivos de fuerzas de paz de Naciones Unidas en la región donde se desarrolla un conflicto hace que las partes implicadas procuren arreglar pacífica y negociadamente sus controversias.

DIPLOMACIA SOBRE COMBATE

Las operaciones y actividades que desarrollan los integrantes de las operaciones de mantenimiento de paz de Naciones Unidas pueden ser muy distintas de las actividades propias de los soldados, ya que aquellos precisan de más diplomacia que habilidad para el combate. De hecho, el arma más potente de un integrante de las fuerzas de paz radica en su imparcialidad.

Eurofighter del Ejército del Aire participan en misiones en Estonia. J.M. PAGADOR
Eurofighter del Ejército del Aire participan en misiones en Estonia. J.M. PAGADOR

Rigiéndose por este principio de imparcialidad, las operaciones de mantenimiento de la paz han salvado millones de vidas y han servido para crear las condiciones propicias para el arreglo pacífico de controversias y para vigilar y respetar los acuerdos suscritos entre las partes enfrentadas.

Para que una operación de mantenimiento de la paz culmine exitosamente, se necesita de un mandato claro y factible, un mandato eficaz en la sede y sobre el terreno, un permanente apoyo político y financiero por parte de los Estados Miembros, y, lo que es más importante, la continua cooperación de las partes en el conflicto. Asimismo, la misión debe contar con el consentimiento del gobierno del país en el que se despliega y, a ser posible, con el beneplácito de los demás países implicados. La misión de paz no debe utilizarse, en modo alguno, para favorecer a una parte en detrimento de la otra. La propuesta debe contar con el explícito consentimiento del país o países interesados.

Fragatas de la Armada. Los buques españoles participan en numerosas misiones de paz. J.M. PAGADOR
Fragatas de la Armada. Los buques españoles participan en numerosas misiones de paz. J.M. PAGADOR

Antes de la Guerra Fría, las misiones de mantenimiento de la paz tenían un plazo para desplegarse en el terreno de tres a seis meses, debido a un complejo sistema de financiación compensatorio entre los Países Miembros. Hoy en día, tras la desaparición de la amenaza de la Guerra Fría y con la demanda imperiosa por responder con rapidez a situaciones de confrontación cada vez más numerosas, complejas e inmediatas, el Secretario General y la propia Asamblea General, están estudiando fórmulas novedosas para agilizar los procedimientos y reducir el tiempo de despliegue.

A lo largo de estos más de 70 años, se han acumulado muchas experiencias de operaciones de paz, a veces exitosas, otras fallidas, pero de todas ellas se analizan y sacan conclusiones de los casos prácticos en materia de operaciones sobre el terreno, y extraer lecciones para mejor planificar, manejar y ejecutar las actuales y futuras operaciones de paz de la ONU.

(En la actualidad, las Fuerzas Armadas españolas están presentes en 17 misiones en el exterior con 2.800 militares y guardias civiles desplegados en cuatro continentes. Los contingentes más numerosos se encuentran en el Líbano, con 620 cascos azules, y en Irak, con 575 efectivos. En el marco de la OTAN participan en la misión Presencia Avanzada Reforzada (Letonia) y en Turquía, y asesoran a las fuerzas de seguridad en Afganistán.

España también está presente en todas las misiones militares que la Unión Europea desarrolla en el continente africano, con despliegues en Malí, República Centroafricana, Somalia, Senegal y Gabón, así como en las operaciones que tratan de impedir el tráfico ilegal de personas frente a las costas de Libia y la piratería en el océano Índico.

Igualmente, con motivo de la crisis sanitaria del coronavirus, cerca de 3.000 efectivos de la Unidad Militar de Emergencias, el Ejército de Tierra, el del Aire y la Armada, desarrollan labores de vigilancia y seguridad, apoyo a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, apoyo logístico al despliegue sanitario, limpieza y desinfección de instalaciones sensibles, apoyo médico y farmacológico, etc. A ellos hay que sumar la totalidad de las fuerzas de la Policía Nacional, la Guardia Civil, los Mossos de´Esquadra, la Ertzaintza y las policías locales y municipales. Todos ellos están desarrollando un trabajo eficaz y muy sacrificado, corriendo riesgos que ya se han traducido en la muerte de algún efectivo, multiplicando las horas de trabajo y ayudando a la normalidad y tranquilidad que, pese al confinamiento, se respira en toda España.

A todos ellos, nuestro más sincero reconocimiento y agradecimiento).

(Francisco Bautista Gutiérrez, marino militar, ha sido Mayor de la Flota y profesor, y es hidrógrafo, oceanógrafo y escritor).

SOBRE EL AUTOR

Francisco Bautista Gutiérrez, exMayor de la Flota, hidrógrafo, oceanógrafo y escritor, nuevo colaborador de PROPRONews

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