Corea del Norte: alucinante desfile de autómatas

Kim Jong-Un celebra el 75º aniversario del Partido de los Trabajadores de Corea con un robótico espectáculo militar que puede verse íntegro en esta información

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Imagen del desfile de ayer. RTVE
Imagen del desfile de ayer. RTVE

El 75º aniversario de la fundación del Partido de los Trabajadores de Corea del Norte, celebrado ayer en el país, tuvo su plato fuerte en un megalómano desfile militar nocturno en la arteria y la plaza principales de Pionyang, la capital. Las decenas de miles de soldados participantes ejecutaron como autómatas, sin un fallo, una compacta y complicada coreografía. Todo el show, tanto el de los militares como el del propio público formado por masivos cuadros afectos al régimen, rebosó artificio y estuvo carente de naturalidad, esa virtud que distingue lo humano de lo que no lo es. El vídeo íntegro de los fastos, de enorme interés, puede verse en esta información.

Berlín.-

En Alemania, como en el resto del mundo occidental, se vio ayer, 10 de octubre, con curiosidad y preocupación, el desfile conmemorativo del 75º aniversario de la fundación del Partido de los Trabajadores de Corea del Norte, creado en 1945 por antepasados de Kim Jong-un, cuya dinastía comunista se mantiene en el poder desde entonces, en una de las naciones más cerradas y pobres del mundo, pero con un gran poderío militar, que incluye decenas de armas atómicas y misiles balísticos que pueden alcanzar ya cualquier punto del planeta.


Los cazabombarderos que desfilaron simulaban ser las naves galácticas de Star Wars.


La efeméride no tendría nada que comentar como tal, de no ser por varias cuestiones de interés para los ciudadanos occidentales. La KCTV, la televisión oficial del régimen, retransmitió durante dos horas y media un acto que tiene tres aspectos muy interesantes para nuestros lectores. En primer lugar, el programa -que reproducimos íntegro en esta información- ofrece numerosas imágenes terrestres y aéreas del nuevo Pionyang y esto es una curiosidad para los observadores occidentales, dado que es muy difícil visitar ese país, entre otras cosas, por las trabas burocráticas existentes para hacerlo. Las imágenes previas al desfile, durante el transcurso de este y también al final, muestran avenidas relucientes flanqueadas de rascacielos de factura bastante uniforme, lo que indica que no son fruto de la creatividad de arquitectos diferentes, sino consecuencia de planes urbanísticos centralizados cuyos resultados forman parte de la propaganda del régimen, que quiere hacer creer que la capital es una ciudad moderna y desarrollada, cuando la realidad es, como decimos en Alemania, ich will aber ich kann nicht, o como dirían los británicos, I want to but I can not, es decir, un quiero y no puedo. Pero las imágenes son interesantes y será una ocasión para que el lector puede hacer un recorrido visual por tan hermética ciudad.

UN KIM GRIS PERLA

En segundo lugar, es muy significativo el atrezzo que acompaña al líder Kim Jong-un, la puesta en escena de su aparición pública, su paseo previo por colosales dependencias marmóreas que evocaban un inmenso mausoleo, su figura obesa embutida en un traje gris perla que parece brillar en la noche entre tanto uniformado cargado de medallas, la ceremonia de una veintena de niños y niñas que le reciben “saltando de alegría” frenéticamente y le entregan flores. Y su llegada triunfal a la faraónica tribuna en la inmensa fachada del palacio ceremonial toda de mármol blanco, y los aplausos “enfervorizados” del público asistente, que parece moverse a la orden de unas pautas prefijadas para un acontecimiento más que ensayado.

UN DESFILE ALUCINANTE

Y, por último, el sobrecogedor despliegue militar, que incluía lo último en misiles balísticos de largo alcance del régimen, cuya continuidad se basa en esta arriesgada disuasión nuclear que no sabemos dónde conducirá. Un desfile integrado por decenas de millares de soldados -más de 30.000- de los diferentes ejércitos y fuerzas del país, con una variedad nunca vista de uniformes, con unos efectivos, hombres y mujeres, idénticos en estatura, en complexión física y casi en rasgos fisonómicos, que ejecutaron unas maniobras y unos cuadros estáticos y en movimiento, componiendo diferentes figuras y emblemas, todo ello al ritmo de numerosas fanfarrias militares que sonaban al unísono como si las melodías las ejecutara un solo intérprete. Aderezado estuvo el espectáculo con una alucinante orquesta toda vestida de blanco, bajo la batuta de un diligente director ataviado con un muy burgués y occidental chaqué blanco, y junto a una tropa de caballería dotada con corceles todos ellos blancos también, color preferido de Kim Jong-un para el suyo, con el que se ha mostrado tantas veces.

El desfile milimétrico, sin un fallo ni defecto, de tantos efectivos de ambos sexos humanos armados, estuvo acompañado por numeroso material pesado, carros de combate, lanzaderas de misiles, y los grandes misiles citados, mientras escuadrones de cazabombarderos sobrevolaban la parada. Pero tales aviones no eran los de ordinario, sino que habían sido decorados también, en sus alas y siluetas, con luces led de diferentes colores, que evocaban las naves de Star Wars. Y aderezado todo ello con fuegos artificiales y otros efectos visuales.

Todo eso compone, sin duda, un espectáculo singular imposible de ver en ninguna otra parte del mundo e ilustra acerca de la realidad urbana, civil, social y militar de un país cerrado al mundo, al que podemos asomarnos a través de esta ventana que la KCTV ha tenido a bien ofrecernos a través de las redes sociales y que, pese a todo, no deja de sorprender, que es lo que Kim Jong-un quería.

(Reginald Lubistz Acedo es un periodista y comentarista político alemán de ascendencia española).

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