Retrato triste de la Argentina

Tierra baldía es la expresión que mejor le cuadra a esta gran nación desbaratada por políticos

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Casa Rosada, sede oficial del poder ejecutivo. RTVE
Casa Rosada, sede oficial del poder ejecutivo. RTVE

La Argentina vive otra vez momentos políticos convulsos. La lucha entre los dos Fernández, el presidente y la vicepresidenta, después de la derrota del peronismo en las recientes elecciones primarias, ha sido calificada por algunos analistas como una “guerra fratricida”. Entretanto, el país se debate entre una de las crisis económicas y sociales peores de su historia, con un 40% de la población en situación de pobreza, una enorme deuda pública imposible de pagar, una inflación galopante y una clase política más atenta a sus intereses partidistas que a los del país. En este artículo el autor realiza un estremecedor retrato de esta gran nación, desde la vivencia personal de un niño convertido en desengañado ciudadano.

Carlos Penelas
Carlos Penelas

Buenos Aires, Argentina.-

La calamidad, la grosería, la improvisación, la falta de decoro, lo irracional, la hipocresía, el desvarío, la corrupción, los gestos de casta y de barbarie, lo turbio de cada acto no debería sorprender. Aún no había cumplido los diez años y mi padre, en la esquina de Suipacha y Cangallo me dijo: “Tu no vas a ver un país, tal vez tus hijos. Esto fue un proyecto de país.”

Por esos tiempos, en la escuela primaria debía escribir: “Evita me ama, mi mamá me ama”. Las provincias del Chaco y de La Pampa pasaron a llamarse Eva Perón y Presidente Perón. La capital de la provincia de Buenos Aires, La Plata, fue Eva Perón. Los clubes de fútbol Gimnasia y Esgrima de la Plata y Estudiantes de la Plata se llamaron Gimnasia y Esgrima de Eva Perón y Estudiantes de Eva Perón. La universidad, por supuesto, también cambió de nombre. Y así se inauguraban plazas, edificios, calles y escuelas.


Estamos en una tierra decadente y desorientada en la que vivimos y estamos aprendiendo a sobrellevar.


En Argentina y en América Latina surgieron caudillos, dictadores, populismos y demagogos. Todos amigos, todos hermanados. Con sus variantes, claro está. Y los caballeros que escapaban de la Segunda Guerra Mundial. Hablamos de los nazis, de los fascistas, de lo peor de la derecha. Muchos vinieron a nuestra tierra. La sombra de Mussolini era parte del General Perón. Lo estudió en Italia: sindicatos, fuerzas de choque, metamorfosis ideológica. La picaresca argentina creció, se hizo de un discurso donde el desprecio y el resentimiento fueron haciendo de los suyo. Picardías tramposas, felonías.

Paul Samuelson manifestó hace décadas que los países podían ser clasificados en cinco categorías: “Los capitalistas, los socialistas y los del Tercer Mundo; pero además están Japón y la Argentina; no se entiende por qué a Japón le va bien y a la Argentina le va tan mal.”

UN SISTEMA SESGADO

Los hechos son conocidos por todos. Bibliografías, libros, documentales. Parodia, destinos manifiestos, jirones, sobrefacturación. Una nación donde todos –cada uno con sus libretos, incluyendo golpes militares y poder sindical– fueron generando un sistema sesgado; convocando a líderes, barras bravas, retóricas reaccionarias, medallas lustrosas. Se quemaron iglesias, partidos políticos, hubo exilios de actores, intelectuales y políticos. La policía implementaba la tortura sin pudor. Años después, Perón arma Montoneros para regresar al país generando un caos y luego las Tres A, formación paramilitar, para perseguir a los “muchachos imberbes” que decían dar la vida por él. Aparecen brujos, personajes inimaginables, corbateros, jugadores de truco. Luego se hacen los distraídos, cambian la historia, generan relatos. Suburbios, aliados y enemigos, monólogos y gritería. Entonces la pobreza, la desigualdad y lo marginal se expande. La incultura comienza a dar sus frutos: sectas, irracionalidad, fanatismo, mentiras premeditadas, deslizamientos. Todo a contrapelo, aspectos saludables y marihuana. La malicia va tomando nuevas formas, nuevos ismos, con nombres cambiantes y balcones que difaman. Del otro lado el vacío, la dejadez; también la cobardía. Genealogías de rufianes, decoraciones, señoras aseñoradas y tangas.

El hombre es producto de una compleja tradición cultural, de ahí se desencadena su problemática. No es difícil reconstruir la confusa complejidad cultural de la que todos, de un modo consciente o no, somos deudores. En este espacio yermo se reconstruye la experiencia: una desoladora búsqueda del sentido de la existencia. Estamos en una tierra decadente y desorientada en la que vivimos y estamos aprendiendo a sobrellevar.

¿Cuáles son las raíces que agarran, qué ramas crecen / en esta basura pétrea?/ Hijo del hombre, / no puedes saberlo ni imaginarlo, pues conoces solo / un montón de imágenes rotas”, escribió del dolor, desde la contención, T.S. Eliot.

(Carlos Penelas es un reconocido poeta, escritor y periodista argentino).

SOBRE EL AUTOR

Carlos Penelas, nuevo colaborador de PROPRONews desde el otro lado del Atlántico

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