Países Bajos, sentido común y responsabilidad ciudadana

Sin estado de alarma ni prohibiciones generales, los holandeses afrontan la epidemia desde una calma inteligente

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Responsabilidad de la gente que sale a la calle. CHEMA BUENECHEA
Responsabilidad de la gente que sale a la calle. CHEMA BUENECHEA

El coronavirus ha afectado ya prácticamente a todo el planeta, pero la respuesta de unos y otros países es bien diferente, desde la alarma y el confinamiento total de España o Italia a causa del elevado número de contagios y fallecimientos, hasta la práctica ausencia de prohibiciones y la apelación al sentido común y a la responsabilidad de Holanda, que ha adoptado una “cuarentena inteligente”, como la ha llamado su primer ministro. Nuestro corresponsal en Ámsterdam ha recorrido y fotografiado la ciudad para contar lo que pasa allí y mostrarlo a nuestros lectores.

Ámsterdam.-

En Holanda no hay estado de alarma ni se ha prohibido a la ciudadanía salir a la calle. Tampoco hay restricciones para viajar dentro del país. Pero han cerrado escuelas, bares y restaurantes, así como teatros y salas de espectáculos; es decir, cualquier lugar que pueda facilitar una propagación masiva del virus. Todo se fía aquí al civismo y a la responsabilidad de la gente. Eso sí, se ha prohibido la entrada de extranjeros al país.


No hay restricciones para viajar dentro del país, pero se ha prohibido la entrada de extranjeros.


Mark Rutte, el primer ministro, lo tiene claro. Esto solo se arregla apelando al sentido común, al sentir de una sociedad que quiere volver cuanto antes a sus negocios y que sus hijos vuelvan a sus clases. Rutte no es una figura simpática para el sur de Europa. Sus declaraciones iniciales sobre Italia y España levantaron ampollas en ambos países. Él mismo lo ha reconocido después. “Nos faltó empatía”, ha dicho.

Lo cierto es que aquí tampoco se hicieron las cosas bien al principio y hubo un incremento muy rápido de infecciones, que pusieron al sistema sanitario holandés, muy bien valorado a nivel internacional, contra las cuerdas y a punto de colapsar, con el resultado de casi 32.000 contagios confirmados y 3.601 muertes hasta la fecha, para una población de 17,3 millones de habitantes.

Tiendas y bares vacíos en calles desiertas. CHEMA BUENECHEA
Tiendas y bares vacíos en calles desiertas. CHEMA BUENECHEA

Afortunadamente, las autoridades holandesas parecen haber reaccionado a tiempo, aunque todavía se les achaca el bajo número de tests que están realizando. Ahora se han puesto el objetivo de llegar a 29.000 pruebas por día.

LIBERTAD Y RESPONSABILIDAD

Pero los holandeses lo tienen claro. Les han dado libertad para que demuestren que son responsables y ellos están respondiendo al reto, aunque, por supuesto, siguen siendo humanos: el papel higiénico y los productos no perecederos desaparecieron de las estanterías durante un par de semanas y algunos comportamientos individuales fueron cuestionados al principio. Sin embargo, la respuesta como comunidad está siendo extremadamente cívica.


Aquí tampoco se hicieron las cosas bien al principio y hubo un incremento muy rápido de infecciones.


Esto es Ámsterdam el sábado 18 de abril al mediodía, con un tiempo agradable que invita a salir a pasear. La temperatura es buena y el sol se alterna con algunas nubes. En condiciones normales no se podría dar ni un paso por el centro de la ciudad, habitualmente llena de vecinos y turistas. Y los canales están igualmente desiertos. La alcaldesa, Femke Halsema, ha prohibido la navegación por ellos de los barcos de recreo y los botes privados. Se trata de evitar las habituales aglomeraciones de tales embarcaciones. De modo que en los canales podemos verlas amarradas sin excepción. Asimismo, la regidora de la ciudad ha anunciado que también se cerrarán los parques si se produce una afluencia masiva. Pero eso no ha ocurrido.

El Mercado de las Flores, cerrado. CHEMA BUENECHEA
El Mercado de las Flores, cerrado. CHEMA BUENECHEA

Para ilustrar gráficamente la situación, hemos realizado fotografías de lugares emblemáticos de la ciudad, como Damm Square, la Estación Central, el Mercado de las Flores, así como de las principales arterias que las comunican. También de Musseumplein, Leidseplein y el Rijks Musseum, lugares todos ellos que los frecuentes visitantes españoles recordarán abarrotados en cualquier época del año y que ahora están vacíos, sin vida. Como las tiendas y tantos otros establecimientos de la ciudad.

En la estación hay tantos viajeros como indigentes. ¿Es posible sentirse solo en Central Station? Pues sí. Solo hay que ver las imágenes que acompañan esta información.

Los barcos turísticos y los botes privados no pueden circular por los canales. CHEMA BUENECHEA
Los barcos turísticos y los botes privados no pueden circular por los canales. CHEMA BUENECHEA

En los parques, las personas siguen hablando unas con otras, pero siempre guardando la distancia de seguridad, como puede observarse en las fotos. Y como hay plena libertad de movimientos y solo recomendaciones de actuación, eso demuestra la responsabilidad de los ciudadanos de Ámsterdam y de toda Holanda.

Del mismo modo, el transporte público, los trenes, los tranvías, los autobuses, siguen operativos. Solo una artista callejera, que hoy trabaja por amor al arte, atrae rápidamente a un grupo de gente y demuestra que la ilusión puede más que el miedo.

(Chema Buenechea Oñate es consultor internacional y escritor. Reportaje fotográfico del autor.)

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Chema Buenechea Oñate

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