La seguridad ciudadana, en manos de irresponsables y aficionados

Los dirigentes políticos no están a la altura de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado ni de la ciudadanía

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El trío de las Azores. Su irresponsabilidad es el origen de todo lo que está pasando.
El trío de las Azores. Su irresponsabilidad es el origen de todo lo que está pasando.

Los atentados de Cataluña han puesto de manifiesto una vez más que los dirigentes políticos encargados de la seguridad en el ámbito nacional y de dicha comunidad autónoma, no están a la altura de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, cuya buena labor se estrella en ocasiones con la incapacidad, la falta de perspectiva y preparación, y la nula disposición a colaborar entre sí de los responsables políticos. Asistimos estupefactos al espectáculo de unos dirigentes que, desde hace décadas, vienen actuando de manera irresponsable o como aficionados en un asunto tan delicado como la seguridad ciudadana, que requiere la mayor visión, talento, capacidad y cooperación en los gobernantes que tienen a su cargo los servicios de inteligencia y las fuerzas del orden.

El problema no es, ni mucho menos, de ahora. Podemos remontarnos al franquismo, cuando ETA empieza a campar a sus anchas hasta el punto de que, con el dictador vivo y en plena capital de España, en un atentado preparado durante meses con una logística muy arriesgada, la banda terrorista mata nada menos que al almirante Carrero Blanco, presidente del Gobierno de Franco, dos años antes de la muerte del dictador. Y podemos recordar la creación de los GAL en los primeros años de gobierno de Felipe González. Aquella fue una iniciativa ilícita para combatir a ETA al margen de la ley; una iniciativa que, además, resultó ser absolutamente cutre y chapucera, como ideada y ejecutada por aficionados irresponsables; una iniciativa execrable que contribuyó a agravar el problema y a teñir de barro el prestigio de las instituciones democráticas.

ORIGEN DEL TERRORISMO YIHADISTA EN ESPAÑA

El terrorismo yihadista que hoy sufrimos en nuestro suelo tiene, igualmente, una raíz de irresponsabilidad y un tratamiento de aficionados por parte de la dirigencia política de la seguridad nacional y ciudadana desde el origen. El primer gran irresponsable en relación con el terrorismo islamista en nuestro país es José María Aznar, que, en una decisión unipersonal propia de un dictador y no de un dirigente democrático, metió a España en la guerra de Irak, con toda la opinión pública en contra y la renuencia de alguno de sus ministros y jefes militares, sin que el ridículo dirigente que pretendía codearse con las grandes potencias mundiales –con EEUU y Gran Bretaña a la cabeza-, y que todavía no ha pedido perdón –como sí ha hecho ya Tony Blair-, hiciera caso de ninguna opinión contraria, ni siquiera de las que tibiamente le fueron formuladas dentro de su propio equipo.


Como ahora la Generalitat en Barcelona, Aznar no hizo caso en 2004 a los informes del CNI que anticipaban el 11-M.


No me cabe la menor duda de que los atentados yihadistas que han ocurrido en España desde entonces -el del 11-M (2004) que mató a 192 personas e hirió a otras 2.057; los recientes de Barcelona y Cambrils, y todos los que las fuerzas de seguridad han evitado o neutralizado entre medias-, están relacionados, en una evidente mecánica de causa efecto, con aquella repugnante decisión de Aznar.

Carles Puigdemont actúa irresponsablemente. VIR
Carles Puigdemont actúa irresponsablemente. VIR

Se puede argüir en contrario que el primer atentado islamista en nuestro país tuvo lugar en 1985 en el restaurante El Descanso (18 muertos y 82 heridos). Pero este ocurrió en las vísperas de la visita del presidente Reagan a España y, además, dicho establecimiento era frecuentado por militares norteamericanos de la cercana base conjunta de Torrejón de Ardoz, por lo que cabe entender que la acción terrorista tenía una clara significación antinorteamericana –aunque todos las víctimas fueron españolas-. Pero también precisamente por esto, porque ya existía el precedente de este aviso, Aznar debió pensárselo dos veces antes de meter a nuestro país en una guerra injusta, basada en una colosal mentira, inspirada por los lobbys petroleros norteamericanos y ejecutada –como todo lo que hacen los gobernantes irresponsables y aficionados- burda y chapuceramente.


El conseller de Interior ignoró los avisos de la CIA sobre un posible atentado en Las Ramblas de Barcelona.


No lo pensó y de aquellos polvos, estos lodos, con la consumación de estos dos atentados yihadistas en España (11-M y 17-A), que tan parecidos son en tantas cosas, como se observa en el desarrollo de los hechos y como han puesto de manifiesto diferentes observadores y analistas.

AVISOS DESATENDIDOS

En su fatua irresponsabilidad y en su peligrosa condición de gobernante aficionado, Aznar ni siquiera llegó a imaginar que la decisión que tomó pudiera tener consecuencia alguna en nuestro país, temeridad que le coloca en un plano casi de enajenación, por no decir otra cosa peor. Pero es que tampoco hizo caso –como en Barcelona no lo han hecho de las advertencias de la CIA- de los detallados y certeros avisos que le hizo llegar nada menos que el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), ni, por tanto, tomó medida preventiva alguna.

Zoido y López Iglesias, a los lados de la imagen, carecen de la preparación necesaria. RED MARRUECOS
Zoido y López Iglesias, a los lados de la imagen, carecen de la preparación necesaria. RED MARRUECOS

En noviembre de 2003 –nada menos que cuatro meses antes del 11-M- el CNI hizo llegar al Gobierno de Aznar un informe avisando de la posible comisión inmediata de un atentado yihadista en España. Pero no solo eso. Es que, además, el servicio de inteligencia, en las notas secretas de aviso, identificó con precisión al que iba a ser el jefe del comando terrorista de Atocha e incluso adjuntó su fotografía. El primero de estos certeros avisos secretos –desclasificados el 17 de septiembre de 2005 y remitidos al juez de la Audiencia Nacional Juan del Olmo como pruebas en el juicio del 11-M- se titula: Nota informativa sobre Allekema Lamari, sus actividades, su peligrosidad, sus intenciones y su foto; y termina diciendo: Se comunica esta información por la gravedad que pueden suponer la actitud y las actividades de Allekema. Pero, además, el CNI remitió otros informes –unos y otros enviados a la Secretaría de Estado de Seguridad, de la que era titular Ignacio Astarloa, un hombre carente por completo de experiencia en estos asuntos; al ministro del Interior, otro irresponsable aficionado llamado Ángel Acebes; y al propio Gobierno de José María Aznar- informando de que los extremistas islámicos habían incluido a España en la lista de países enemigos por su participación en la guerra de Irak, lo cual incrementaba el riesgo de atentados en nuestro suelo.

Todo esto ocurrió durante meses antes del 11-M, hasta los últimos avisos de noviembre de 2003 en los que el CNI ya señala con exactitud al futuro cabecilla de los terroristas. ¿Y qué hicieron Aznar y su Gobierno, aplastados bajo la mala conciencia de la desastrosa guerra de Irak? Absolutamente nada. La irresponsabilidad de Aznar y de sus (ir)responsables de seguridad llegó a tal punto que ni siquiera los cargos políticos de Interior se reunieron ni una sola vez con los profesionales del CNI para tratar de estos asuntos.


El 11-M y el 17-A son idénticos en muchos aspectos.


El desenlace lo conocemos todos. Las bombas de los yihadistas de Atocha, comandados por el mismo Allekema Lamari que había señalado el CNI, mataron a casi doscientas personas e hirieron a más de dos mil, pero ni aun así el Gobierno de Aznar admitió su error y, aplastado de nuevo por la culpabilidad, durante 48 horas trató de engañar a los españoles, achacando a ETA los atentados y manteniendo meses y años después la perturbada teoría de la conspiración, hasta el punto de que, el 7 de noviembre de 2007 –tres años después de la masacre- un incalificable Aznar (por decirlo suavemente) se atrevió a decir, en la comisión parlamentaria de investigación de los atentados, aquello de “los que idearon el 11-M no están ni en desiertos remotos ni en montañas lejanas”, con la soberbia y la ridiculez que le caracterizan.

EL 17-A COMO EL 11-M

No sé si la irresponsabilidad y la bisoñez de los dirigentes políticos de la seguridad son contagiosas o responden a una genética endogámica que perturba el juicio de tantos sin importar en qué nivel se encuentran o a qué administración sirven. En Barcelona, donde tantos detalles de la preparación y ejecución de los atentados coinciden con los del 11-M, hubiera bastado la adopción de unas sencillas medidas de prevención (los célebres bolardos) y una mayor colaboración de las fuerzas autonómicas con las estatales, para que posiblemente los terroristas no hubiesen tenido éxito.

Allekema Lamari, autor del 11-M, en la foto que el CNI envió a Aznar cuatro meses antes del atentado. CNI
Allekema Lamari, autor del 11-M, en la foto que el CNI envió a Aznar cuatro meses antes del atentado. CNI

Como en el 11-M, los responsables políticos de la seguridad en Cataluña recibieron con meses de antelación el aviso de un servicio secreto sobre la posible comisión de un atentado terrorista en Barcelona y concretamente en Las Ramblas. Como en el 11-M, la célula terrorista de Barcelona estaba integrada por un numeroso grupo de individuos fuertemente unidos incluso por lazos directos de sangre y contaban con un ideólogo y jefe. Como en el 11-M, los terroristas de Barcelona dispusieron durante meses de un cuartel general donde se reunían a diario sin ser detectados en ningún momento. Como en el 11-M, los terroristas de Barcelona acopiaron gran cantidad de explosivos durante meses sin ser detectados.


El ministro del Interior ha expulsado del organigrama al alto mando de la Policía y al general de la Guardia Civil.


Por todo ello, cabe preguntarse ¿cómo es posible que con unos servicios secretos que son capaces de avisar de la comisión de atentados con meses de antelación; y contando con aliados cuyos servicios secretos también avisan con precisión de lo mismo; y disponiendo de unos servicios de inteligencia y de unos cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado tan eficaces y profesionales, tanto a nivel nacional como autonómico, los resultados sean tan nefastos cuando llega el momento de actuar en la lógica de esos avisos y de esas perspectivas? La respuesta es evidente. Porque los dirigentes políticos, en unos y otros niveles –la alcaldesa de Barcelona, el presidente de la Generalitat, el conseller de Interior, el ministro del Interior y sus directores generales de la Policía y de la Guardia Civil- carecen de la menor experiencia y preparación en asuntos de seguridad, no tienen la visión necesaria para idear una estrategia creativa que potencie al máximo las capacidades de los diferentes cuerpos, y en ocasiones actúan con la mayor irresponsabilidad, como lo prueba el hecho de la falta de cooperación, colaboración y coordinación entre las diferentes administraciones, y la desviación torticera de los intereses políticos hacia escenarios de confrontación o de aventurerismo que dificultan, si no impiden, incluso la comunicación entre ellos. Las últimas denuncias de los sindicatos policiales estatales mayoritarios desvelan además una supuesta mala fe por parte de las autoridades de la Generalitat catalana, que parecen haber dado la orden a los Mossos de no colaborar con los cuerpos de seguridad estatales, iniciando en este campo tan sensible y peligroso la proclamada “desconexión” del Estado, lo que constituye una temeridad que raya casi en lo delictivo.

Joaquim Forn, conseller de Interior de la Genefralitat de Cataluña, otro aficionado. TWITTER
Joaquim Forn, conseller de Interior de la Generalitat de Cataluña, otro aficionado. TWITTER

Y las cosas no parecen que vayan a mejorar. Al contrario. Como muestra, dos botones. El primero, la deriva soberanista, que hace cada vez más difícil la labor ordinaria de los Mossos d´Esquadra –que a pesar de los errores y fallos iniciales, han puesto fin al problema de los atentados de Cataluña de manera rápida y eficaz, capturando o poniendo fuera de combate a los terroristas en un tiempo récord, y a los que ya se les exige desde la Generalitat la adhesión ciega y la defensa a ultranza de esa ilegal “legalidad” que quieren implantar los independentistas, lo cual les distrae y aleja de sus verdaderas responsabilidades y funciones-, y que hace imposible la cooperación con las fuerzas de seguridad estatales, pues parece evidente que la Generalitat ya ha empezado la desconexión del Estado y por un asunto de tanta trascendencia como la seguridad. Y el segundo, la reciente e irresponsable decisión del muy inexperto ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, de expulsar del organigrama de las Direcciones Generales de la Policía y de la Guardia Civil –hoy en manos de Germán López Iglesias y José Manuel Holgado Merino, dos políticos tan inexpertos y faltos de preparación en estas materias como él- a los dos mandos profesionales que hasta ahora ocupaban el segundo escalón en ambas Direcciones Generales, un alto mando del Cuerpo Nacional de Policía y un general de la Guardia Civil, como es lo lógico. ¡Que Dios nos coja confesados!

(PRÓXIMO CAPÍTULO: “LECCIONES DE BARCELONA – 3. LA TRIFULCA POLÌTICA AGRAVA EL PELIGRO DEL TERRORISMO”).