Cataluña y las Españas

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¿Vamos hacia un punto de no retorno? RTVE
¿Vamos hacia un punto de no retorno? RTVE

Uno de octubre. Ocho y media de la mañana. Día D. D de decidir. D de disenso. D de disloque. D de disparate. Pongo la radio, enciendo la televisión, busco noticias en la tablet. Escribo. Para hablar de una tierra que adoro, de unas gentes que admiro y de unas personas, muchas, a las quiero, pero con las que no me atrevo a comentar el tema por temor a quebrar lazos que pudieran abrir una brecha en nuestra fraternal relación.

Pilar Gómez Casero
Pilar Gómez Casero

He optado por no dar mi opinión. No decir lo que pienso me evita discusiones estériles.

Vivo en Sevilla. Ayer se llenó la Plaza Nueva de banderas, de pescadores esperando sacar ganancias del río revuelto, a la misma hora que en Barcelona ondeaban las senyeras animando a avivar este fuego sin sentido en que se ha convertido la cuestión catalana.

Yo no soy de enseñas ni de patrias. Mi patria es el mundo, como dice Serrat. Yo no entiendo de naciones, ni de nacionalismos, que a lo largo de la historia no han traído más que confrontación y sufrimiento. Creo que la mayoría queremos convivencia y respeto, y que estamos de acuerdo en que la diversidad nos enriquece y los objetivos comunes y convergentes nos hacen progresar y nos dan estabilidad y paz.


Si no convocan elecciones y se van los dirigentes de allí y de aquí, estaremos en un punto de no retorno.


Tampoco me atrevo a vaticinar nada, porque no sé si esto es el principio o el final de algo que no sé qué es.

Sí estoy plenamente convencida de que lo han provocado intencionadamente gobernantes que no querían ser juzgados por sus tropelías y por el saqueo de las arcas públicas en Cataluña, y que eso le ha venido muy bien a gentes de gobierno en Madrid, para desviar la atención de los medios y la opinión general del mismo delito que ellos habían cometido en su territorio.

Como ya no hay etarras perfectamente localizados y controlados desde tiempo atrás, a los que se detiene cuando hace falta sustituir la portada de un periódico, se abandera el independentismo desde Cataluña y se echa mano de la unidad de España desde Madrid, creando un estado de opinión que relega cuestiones que atañen directamente a partidos o individuos que ven debilitada su posición de poder o su integridad jurídica.

En este punto, esa estrategia tiene un riesgo. Enardecer a las multitudes implica el peligro de que se supere la capacidad de contención y que el asunto se te vaya de las manos. Ser el padre de una idea no significa que sea de tu propiedad.

LÍNEA ROJA

Y una vez traspasada la línea roja por parte de los políticos, la gente se convierte en protagonista, toma sus propias decisiones y avanza por su cuenta. Reacción inmediata: represión. Excusa: garantía de las libertades. Ejecutor: las fuerzas de orden público. Destinatario: el pueblo del que se sirvieron para amparar su argumentario. Objetivo: seguir detentando el poder. Y utilizo este término deliberadamente.

Ahora mismo, mientras escribo esto, la policía está repartiendo palos a las puertas de algunos colegios en Cataluña y en la ventana de enfrente de casa hay colgada una bandera rojigualda fabricada en China. Mi teléfono guarda varios mensajes conminándome a no volver a probar el fuet catalán o una copa de un buen Penedés.

Y finalmente, por una sola vez, pero públicamente, me apresto a dar mi opinión y a tomar partido. Por la democracia; por las libertades, por el derecho de la gente a decidir; porque lo haga al amparo de las leyes y con la garantía de unas leyes que le permitan hacerlo; por la convivencia pacífica, el diálogo y el entendimiento entre los pueblos; por los rasgos identitarios y la identidad común; y, sobre todo, por unos gobernantes honestos, sensatos, preocupados por los intereses colectivos y no individualistas o partidarios. Como los que hay no lo son ni han tenido esa altura de miras, ni en Cataluña ni en Madrid, hemos llegado a donde hemos llegado. Si no dimiten, se van, y convocan elecciones, todos ellos, entonces sí que estaremos en un punto de no retorno.

(Pilar Gómez Casero es licenciada en Filología Anglogermánica, profesora titular de Instituto, ex-directora general de Comercio de la Junta de Andalucía y ex-diputada en el Parlamento Andaluz por el PSOE).