Barcelona: lo que tanto temíamos ha sucedido

El terrorismo islamista se ceba con la capital catalana

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Desoladora imagen de las Ramblas tras el atentado. INFOBAE
Desoladora imagen de las Ramblas tras el atentado. INFOBAE

Eran muchos años, concretamente trece, sin atentados yihadistas en España. Desde 2004 no se había producido ninguno en suelo español gracias a la extraordinaria labor de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, que en ese tiempo han arrestado a centenares de yihadistas y disuelto numerosas células y comandos terroristas. Pero un país tan poblado y tan turístico, y considerado como objetivo prioritario por los grupos islamistas desde la guerra de Irak, no iba a estar exento de este peligro. Lo sorprendente es que hayan tardado tanto, cosa que únicamente se explica por la eficacia de la acción policial, en la que seguimos confiando plenamente.

Desde el atentado del 11 de marzo de 2004 en Madrid, que dejó casi doscientos muertos y un millar de heridos, no había vuelto a haber un atentado yihadista en España, y no porque los terroristas no lo intentasen una y otra vez, sino por la extraordinaria labor realizada por la inteligencia y las fuerzas de seguridad españolas. De cualquier manera, todos cruzábamos los dedos ante la posibilidad de un ataque en cualquier momento y, como se podía temer y prever, este ha ocurrido en una de las ciudades más turísticas y concurridas de España, Barcelona, en su vía más transitada, Las Ramblas, y en el mes turístico por excelencia.


El atentado pone fin a una racha de trece años sin atentados yihadistas en España.


El atentado pone de manifiesto, además de todo lo que lleva aparejado un suceso de este tipo, en primer lugar, la importancia de que la autoridad se dedique a gestionar los asuntos que verdaderamente preocupan y afectan a la ciudadanía, en unos momentos en que el soberanismo detrae recursos públicos esenciales para el buen funcionamiento de las instituciones y los dedica a los fuegos de artificio independentistas. En ocasiones como esta se comprueba lo imprescindible que es dedicar toda la atención a lo que verdaderamente importa y a trabajar unidos, fuerzas policiales, fuerzas políticas y ciudadanía. Y en segundo lugar, los errores cometidos por el ministro del Interior, por haber expulsado de la cúpula del departamento a los mandos operativos profesionales de la Policía Nacional y la Guardia Civil, que eran dos altos funcionarios de dichos cuerpos muy expertos, así como de haber mantenido este verano la alerta terrorista en nivel 4, a pesar de los numerosos atentados que se han ido produciendo en los países de nuestro entorno.

¿POR QUÉ BARCELONA?

No sabemos si los terroristas han escogido Barcelona por alguna razón especial, aparte de la gran afluencia que en estos meses veraniegos registra la ciudad, dado que, por ejemplo, Madrid está prácticamente vacío. Pero hay otras ciudades españolas tan concurridas o más, pero donde, sin embargo, la seguridad ciudadana están en manos de cuerpos más experimentados por décadas de lucha antiterrorista, como la Policía Nacional y la Guardia Civil. La coexistencia de tres cuerpos en la capital catalana, con los Mossos d´Esquadra encargados de la seguridad ciudadana –aunque el Cuerpo Nacional de Policía y la Guardia Civil siguen teniendo atribuidas allí tareas de inteligencia y prevención del terrorismo a nivel nacional e internacional- es un factor que hay que tener en cuenta. Lógicamente, son los mossos, junto con la policía local, los que tras el atentado se han hecho cargo del operativo de protección ciudadana y de detención del terrorista o terroristas. Pero fuentes bien informadas señalan a nuestro periódico que los cuerpos nacionales participan también activamente, en el marco de sus competencias, en la aclaración y resolución del suceso.

Aunque al principio parecía que el número de fallecidos en el atentado iba a ser menor, a medida que transcurrían las horas se iba sabiendo que el saldo es terrible. Trece muertos, al menos, y numerosos heridos, en el ataque perpetrado por una furgoneta que atropellaba indiscriminadamente a los viandantes, mientras otro vehículo similar, al parecer participante también en el atentado, huía y era localizado en Vic. El conductor del primer vehículo, armado y atrincherado en un bar, se teme que se pueda inmolar tratando de acabar con la vida de cuantos agentes y civiles pueda llevarse por delante en el momento de su detención. De todos modos, cabe esperar de la veteranía y eficacia de nuestros cuerpos de seguridad que se identifique y detenga a todos los terroristas y sus cómplices.

INQUIETUD TRAS LOS BALCONES